Pedro Gallardo, de Oliva, lleva toda la vida fabricando sillas de boga y reparando las de rejilla. Los artesanos se tienen que buscar la vida ahora de pueblo en pueblo. A Gallardo le tocaba el sábado acudir a Sagra (suele ir una vez al mes). Hasta allí acarreó sus preciosas sillas. Los vecinos que tenían mecedoras o primorosas sillas con la rejilla rota se las llevaron para que las arreglara. Se da la maña del artesano que conoce perfectamente su paciente oficio. Los tiempos están difíciles. Hay que emular a los viejos buhoneros.