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Nómada tras el trasplante de médula

«Es un sueño hecho realidad»

Margarita de la Torre Vique, junto a la autocaravana que ya es su casa. | A. P. F.

Margarita de la Torre Vique, junto a la autocaravana que ya es su casa. | A. P. F.

La vida es un viaje. Y tanto. Margarita de la Torre, una vecina de Xàbia de 54 años, ya está en la carretera. Le diagnosticaron hace cuatro años mieloma múltiple, un cáncer de cédulas plasmáticas o de médula ósea. «Inicié una vida muy dolorosa, de mucho sufrimiento, pero estoy agradecida. Perdí los miedos. Lloré mucho y mi corazón y mi alma se llenaron de luz», afirma. El pasado mes de julio le realizaron un trasplante de médula. La recuperación fue durísima, pero Margarita ya empezó a vislumbrar que podía curarse.

Surgieron dificultades de otra índole. Margarita, que llegó a Xàbia hace 33 años (es de Baena, Córdoba), siempre ha sido una curranta. Con la enfermedad no podía trabajar. Tenía que sobrevivir con una pensión de poco más de 400 euros que no le llegaba ni para pagar el alquiler.

Entonces empezó a acariciar un sueño: comprarse una autocaravana de segunda mano y hacer de su vida un viaje. Ya pertenece a esa nueva tribu de los nómadas, retratada tan bien en «Nomadland», la película de Chloé Zhao. Inició una campaña de micromecenazgo para comprarse su casa sobre ruedas. Y lo ha conseguido. El lunes ya cogió el volante y puso rumbo a Baena, su pueblo. Volverá a Xàbia, visitará a sus hijos y viajará, viajará mucho.

«Estoy superorgullosa conmigo misma y agradecida de todo corazón a quienes me han ayudado. Hoy estoy repleta de amor, gratitud, emoción y felicidad», dijo esta mujer antes de arrancar su estupenda autocaravana. Es de segunda mano, pero está muy bien cuidada. Poco a poco la va decorando a su gusto. La cama es amplia y hay armarios por todo. Resulta sorprendente lo bien aprovechado que está el espacio en esta pequeña casa sobre ruedas.

«Ahora hace justo una año que me dijeron que me iban a hacer el trasplante de médula. Los médicos afirman que es de lo más complejo que hay en medicina. No perdí nunca la esperanza. Una de las limpiadoras del hospital me decía que desprendía una luz especial», recuerda Margarita, que, tras la dolorosa convalecencia, empezó a «visualizar que podía curarme y tener una vida feliz». Y fue entonces cuando decidió soltar amarras y «soñar» con vivir en una autocaravana y hacer de su vida un viaje.

«Me han ayudado muchos amigos e incluso familiares por parte de mi padre a los que ni conocía. Le estoy muy agradecida a mi hermana Sara, que me donó sus cédulas para hacer frente al citomegalovirus que me ha machacado y que también ha trabajado mucho para que pudiera dejar la casa en la que he estado viviendo de alquiler».

A estas horas, Margarita estará en su pueblo natal, Baeza. Viajará con la casa sobre ruedas a ver a sus hijos y regresará, claro está, a Xàbia, el pueblo del que se enamoró hace 33 años. «Espero ayudar algún día a todas las personas que han hecho posible que mi sueño se convierta en realidad».

Ella es ya una nómada. Dice que no necesita más. Nunca perdió la sonrisa durante la dura enfermedad. Ahora quiere exprimir la vida y hacerle muchos kilómetros.

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