Moisés Domínguez, Valencia

«Todas tenemos en la cabeza quién puede ser la mejor como fallera mayor para nosotras. Ojalá lo que tenga que pasar se asuma: tanto por las que no salgan como por la que lo consiga. Presiento que nos va a ir bien, aunque venimos de un padre y una madre diferentes». Lo dice Carolina Barranco, una de las trece jóvenes que, desde hace dos semanas, son reinas sin trono: la corte de honor de 2006. Ellas lo tienen claro, pero la ciudadanía tendrá que esperar un poco todavía, pues la elección de la fallera mayor de Valencia todavía está lejana en el tiempo. Gueguel Massmanian y sus falleras apuran los últimos días de lucimiento antes de ceder el testigo a unas sucesoras que habrán tenido que esperar a conciencia. Ni siquiera se sabe a ciencia cierta cuando será elegida la fallera mayor.

Ángela Garín ya ha vivido la experiencia de la corte y no mucho: en la de 2002 con su hermana Merche. Se presentó ocupando el lugar de Irene Villa, fallera mayor de Nou Campanar. «Nos seguimos mandando mensajes, me llamó cuando fui elegida para felicitarme. Seguimos teniendo mucho contacto». Es la primera fallera de esta nueva comisión que alcanza el cargo. «En algún momento acabaría por presentarme, pero esto llegó casi de imprevisto y no ha podido salir mejor». Visto lo visto en casa, ya cuenta los días que faltan «para poder vivirlo todo: lo que se ve y lo que no se ve».

Dos años antes, en casa de los Górriz Lecea también vivieron el trajín. Primero, con Arantxa. Hoy, con Judith. «Tenía 16 años. Te queda la excusa de decir: "bueno, si no salgo, en casa ya lo hemos pasado", pero ¡claro que quieres salir elegida!». Es la voz de la orquesta del Alameda Palace además de haber sido finalista en el festival F.U.M. «he actuado en una Gala de la Solidaridad de la JCF, en la Feria de Julio, en presentaciones..., este año la orquesta se queda aparcada». Curiosamente, tanto Ángela como Judith han alcanzado el puesto en fallas diferentes a sus hermanas.

Para muchas, la corte de honor no les cae como algo nuevo y lejano. Si no es por familia, es por afinidad. Berta Manzano lo vio pasar a una amiga del grupo de la falla, Miriam Sánchez , en la corte de Noelia Soria. «Y dicen que nos parecemos físicamente». El aire, cuanto menos lo tienen. Ahora, elegida, nota nuevas sensaciones «hasta en la escalera de casa. Con la gente que te, normalmente, te cruzas e intercambias un "Buenos días", ahora se paran y hablan contigo: "Oye, te ví en la tele, ¡felicidades!" y te preguntan esto o lo otro. Es una sensación rara para alguien como yo que acaba de llegar. Me pregunto qué esperarán de mi. Vivimos en una intriga diaria».

Un caso parecido al de Carolina Barranco. Su falla, Virgen de la Cabeza, no tenía corte desde 1989, en que ella fue fallera mayor infantil y salió su fallera mayor y vecina de escalera: Begoña Marco. «Ella vivía en el tercer piso y yo en el séptimo». Begoña fue la más mayor de aquella quinta con 23 años y Carolina, con 29, lo es en el presente. «Cuando nos presentamos ante los directivos de Junta Central Fallera, lo dije sin mas: "buena, y yo soy Carolina y soy la mayor" porque a Jair ya la habían bautizado como "la pequeña"». ¿Qué hace una técnica de edificios y obras en la corte de honor?. «Tener ilusión. Firmé mi primer contrato laboral en Córdoba una noche de plantà. Estaba contenta por un lado y lo más triste del mundo por otro».

Depuradoras y microorganismos

Qué hace una técnica de obras y qué hace una ingeniera que está diseñando una planta depuradora como proyecto de fin de carrera. Ella es Virginia Vela, antigua componente de un grupo de jotas, de un equipo de baloncesto, de los Pequeños Cantores de Valencia, bailarina, gimnasta rítmica y delegada de infantiles de La Bicicleta. «Me considero afortunada y lo que me ha pasado ahora me hace sentirme más . Es el final a unos días con el jurado que nos gustaron a todas. Y no lo digo de forma ventajista porque yo he salido. Pregunta a muchas de las que no fueron elegidas». Ahora les toca ser objeto de dotoreo «y de comentarios, que son inevitables porque a todos nos gusta hablar. En otros años yo he ojeado las fotos de las elegidas y he dicho un "me gusta ésta", pero no he contado trece, no he señalado "las siete fijas" ni "la sorpresa"... y tampoco lo voy a hacer con las que estamos dentro».

Curioso que la ingeniería agrónoma tiene dos representantes este año. Laura Dols está en quinto del grado superior y fue elegida mientras desentrañaba los microorganismos en la industria agroalimentaria. «Cuando los ves al microscopio... hay cosas que te lo pensarías dos veces a la hora de comértelo». No se comerá ella todas las asignaturas, sino «las que se puedan. Al principio ves tan inalcanzable la corte que no te planteas el no acabar la carrera. Ahora... veremos». Con dos componentes de la corte recientes en su comisión de Berni Catalá (Raquel Amo y Gloria Barberá) ha contado con una «ayuda enorme: me han ayudado con la ropa, diciéndome qué me podrían preguntar... me han echado todas las manos que tienen».

La «deseada»

«Jair es un nombre árabe que significa "Deseada". Pero no tengo familia árabe ni nada parecido. No me pasa como a Gueguel con su nombre. A mi me lo pusieron porque era el nombre de una azafata que salía en un programa de TV3. A mi madre le gustó y aqui está». Y se pronuncia con jota, no como y griega, como ocurre cuando el Jair es brasileño. «¡Que además, entonces es nombre masculino!». El caso es que la fallera del Mercado de Castilla es la más joven, recién iniciada la carrera de magisterio. Y le ha tocado lo tópico: «que si me van a ayudar, que si yo me voy a sentir como una más. Claro que me veo con los mismos derechos y obligaciones». Y entre las obligaciones, cambiar conceptos: «Mi tía Sonia Crujera llegó hace unos años a la final y recordarás que se decía incluso que si iba para fallera mayor de Valencia. No llegó ni a la corte y ¿cómo no voy a pensar que las elecciones pueden estar arregladas. Como lo piensan miles y miles de personas, no nos engañemos. Ahora me he presentado yo, sigo sin tener ningún tipo de relación con nadie ni de la JCF, ni del jurado... y me toca pensar lo contrario».

Apellidos y apellidos

Amparo Benedito llega a la corte con más vivencias «porque ser de una falla de sección especial te permite ir a más actos, viajes... pero ahí se acaba todo, porque las garantías de salir en la corte no las hay». Es verdad que la Federación tiene este año tres componentes en la corte mayor «pero nunca nos acordamos de cuando no sale ninguna, o sólo una. En mi comisión soy la tercera de toda su historia». Una auténtica pluriempleada de la comisión de L´Antiga, donde hoy te es delegada de festejos y mañana te escribe las poesías a las falleras mayores. No tiene relación con ninguna cortesana pretérita «pero en los foros ya me habían colgado la relación: ser familia de Vicente Fayos... porque coincidimos en el apellido Benedito».

Igual que Rosa María Barrachina. «Si, yo he salido porque soy familia de Jesús Barrachina. Dicen, porque sé quien es ese señor, pero no le he visto en mi vida. si en la falla me lo decían: "Ya verás como dicen que eres su sobrina"». Delegada del play back infantil de su falla durante 7 años, se presentó hace dos. A la segunda fue la vencida.

Sabido y conocido es que las falleras de las poblaciones no tienen prácticamente ninguna posibilidad de ser fallera mayor de Valencia. Por la regla no escrita. Y Rosa pide igualdad en la tierra de las oportunidades: «Sé que a las fallas de los pueblos nos interesa estar en Valencia, tanto por los asistir actos como por poder aspirar a la corte y por muchas otras cosas. Pero si estamos dentro, estamos dentro, ¿no?. Y deberíamos tener las mismas posibilidades. Como las tenemos cuando participamos en todo tipo de concursos, en los que lo hacemos bastante bien».

Rosa se presentó dos veces y Vanessa Romero tres. «Y si no hubiese salido, todavía lo habría intentado hasta los 26 ó 27. Tres o cuatro veces más. ¡Cómo no lo voy a intentar, si esto es lo más alto!. Llegué a la final en 2001 -curiosamente, coincidió en el jurado con Santiago Cerviño, como en esta ocasión- y en 2003 no pasé el sector». Es familia de Ana Belén Ferrer, fallera mayor infantil de 1995: primas de segundo grado. Y este año aprovechó la oportunidad que le cedió su fallera mayor, una chica con Síndrome de Down que cautivó al barrio. «La propia madre de Maribel es quien me dijo si me quería presentar. Vale que yo traté de ayudarla en todo lo que pude, incluso yendo a ver las telas, pero se lo debo a ellas estar aquí».

Bundchen, Klein... y Valero

Sandra Valero es una ex combatiente de la corte infantil de 1994 y regresa este año al segundo intento y después de la polémica del cambio de jurado que dio color al julio electoral: aquella sustitución de la fallera mayor de 2003, Vanessa Lerma, por la posible animadversión mutua. Ella es la única que no había hablado todavía. «Lo único que puedo decir es que yo estaba en mi casa y me encontré con el lío. Ahora ya ni siquiera soy de una falla del mismo barrio y he dejado vivir. No quiero remover algo que no era mi problema, pero me queda la satisfacción de que si he salido en la corte, puedo ir con la cabeza muy alta de que no me han regalado nada. Ahora, que se me deje vivir a mi». Es una cara conocida en las pasarelas, tanto en Cibeles como en el Carmen, que se ha dejado ver en Londres y que ha podido tener frente a frente «a Giselle Bundchen, y a Martina Klein. O desfilar ante Nicole Kidman. No me ha hecho falta la corte de honor para llegar a eso. Y este año lo aparco porque no procede». Con 1,84 de estatura, salta a la vista que es la alta, altísima, de la corte. «Estamos pensando cómo hacer la foto para no descompensar. De valenciana se nota menor. Además, Rebeca también es alta».

Rebeca Sanchis, por cierto, no sale en las fotos porque ha pasado toda la semana trabajando en Barcelona. En lógica, la última concesión antes de entregarse en cuerpo, alma y peineta al cargo.

El cartel rojo

Lucía Gil Raga es un nombre que aparece en los listados de la corte de honor y en un llamativo cartel rojo en la Gran Vía Marqués del Turia, anunciando su clínica odontológica. Pertenece a una estirpe de galenos y su relación con las peinetas era precisamente con Gueguel Massmanian, otra hija de médico. Ahora está solucionando la cuestión laboral. «Tengo una colaboradora. No habrá problemas para arreglar los horarios». Con la vida encauzada, ¿que se le ha perdido en la corte?. «Vivir una experiencia, que no me va a descentrar laboralmente, pero que va a ser la prioridad este año. Pero sin buscarle nada más alla de cumplir el papel». Y eso que se lo pensó dos veces. «Tuve algunas dudas de su seguir adelante o no, pero vi que había solución». Y no. A pesar de ser de Ciscar-Burriana, no tiene un familiar pez gordo de Junta Central Fallera. «No. Miguel Gil es una persona extraordinaria, le quiero muchísimo, pero no es familia mía. Ni de cerca ni de lejos».

A partir de un día de estos, tendrán una familia mucho mayor y mucho más exigente: cien mil almas que las mirarán de arriba a abajo.