A. G., Valencia

La atención a los enfermos mentales suele saltar a los periódicos cuando protagonizan algún suceso dramático, lo que -afirman los representantes de Feafes- no ayuda a eliminar el estigma social que aún acompaña a esta enfermedad. Uno de los últimos casos ocurrió en junio en la residencia de Rocafort del Instituto Valenciano de Atención a la Discapacidad (Ivadis), cuando un interno agredió violentamente a un compañero durante la comida, causándole daños importantes en el rostro. El agresor, según los datos de Bienestar Social, padece un trastorno mental y procedía de una residencia de ancianos, donde ya protagonizó algún altercado.

El incidente ya es pasado y no tendría más importancia si no porque evidencia la carencia de recursos específicos para enfermos mentales. Bienestar Social alegó que el joven en cuestión tiene evaluado un 68% de minusvalía y su ingreso en la residencia de discapacitados fue aconsejado por un médico.

Sin embargo, el sindicato FSP-UGT afirma que situaciones como la de este chico no son extrañas ni nuevas y han dado lugar a numerosas reclamaciones para que los usuarios con perfiles psicóticos tengan unas instalaciones adecuadas y se aumente el personal para atenderlos. Aporta datos: el 30% de los 1.100 atendidos en los centros del Instituto tiene diagnosticados «trastornos asociados», expresión que en realidad significa que sufren alguna enfermedad mental, explica.

Sin responsabilidad del Ivadis

Fuentes del sindicato exculparon, no obstante, al Ivadis. «No decide los ingresos. Es víctima de la situación general de falta de centros para enfermos mentales». El presidente de Feafes-CV coincidió ayer en que esta situación genera dificultades a los profesionales y reclamó equipos multidisciplinares.