22 de agosto de 2010
22.08.2010
Historia de un partido

La última batalla del carlismo valenciano

La Comunitat Valenciana ha sido uno de los viveros carlistas más importantes de España. Hoy, los dos partidos que se proclaman herederos de esta ideología, el Partido Carlista y la Comunión Tradicionalista, viven un lento declive con apenas 300 miembros

22.08.2010 | 07:30
El presidente de la Comunión Tradicionalista Carlista (CTC) del Reino de Valencia, Jesús Blasco, junto a las banderas y la característica boina roja de los carlistas

El pasado miércoles falleció en Barcelona, a los 80 años, Carlos Hugo de Borbón-Parma. La muerte del hasta ahora jefe de la dinastía que los carlistas consideran como la legítima heredera de la Corona española ha situado en la primera línea de la actualidad al carlismo, un partido que con casi 177 años de historia se presenta como el más antiguo de España.
La Comunitat Valenciana, principalmente Castelló y Valencia, ha sido uno de los viveros carlistas más importante después del País Vasco y Navarra. Sin embargo, los dos partidos que se presentan como herederos de esta ideología, el Partit Carlista del País Valencia (PCV) y la Comunión Tradicionalista Carlista (CTC), apenas aglutinan actualmente a unos 300 miembros, la mayoría de ellos mayores de 60 años.
La escisión arrancó en los últimos años del franquismo, cuando Carlos Hugo quiso modernizar el ideario carlista impulsando el socialismo autogestionario y el federalismo. Aquello le enfrentó a su hermano Sixto Enrique, que ahora tiene 71 años. A su alrededor se aglutinaron los defensores del tradicionalismo carlista que aún mantienen vivo el histórico «¡Dios, Patria, Fueros y Rey!».
El punto sin retorno llegó el 9 de mayo de 1976 con los sangrientos enfrentamientos de Montejurra, en los que murieron dos seguidores de Carlos Hugo por disparos hechos por partidarios de su hermano, que tomaron el santuario carlista al grito de «¡Rojos, no!».
La renovación impulsada por Carlos Hugo arrastró a muchos jóvenes carlistas, uno de ellos el castellonense Santiago Albiol, quien a sus 59 años es uno de los dirigentes del PCV. Otros, como Jesús Blasco, desde el pasado marzo presidente regional de la CTC del Reino de Valencia, optaron por el tradicionalismo: «yo tenía 22 años y no podía entender que me quisieran dar clases de marxismo».
Blasco explica que en estos momentos la CTC cuenta con entre 200 y 300 miembros censados, agrupados básicamente entorno a los círculos católicos y culturales San Miguel de Llíria y Aparisi Guijarro de Valencia. Muchos de ellos superan los 60 años del actual líder tradicionalista: «Gente de mi edad hay muy poca, porque nos pilló el "tinglado" de don Carlos en la veintena, y aquello abrió una crisis generacional». Blasco, que apunta que la media de edad supera los 50 años, añade que también hay jóvenes en la CTC valenciana, «pero pocos».
Ambas formaciones carlistas viven de espaldas una a otra desde los hechos de Montejurra. Un suceso que, pese a las grandes diferencias que les separan, ambos partidos catalogan como «una trampa» del franquismo. «Aquello lo hizo el propio régimen para darle un golpe de mano al partido carlista, que siempre le molestó por poner el dedo en la llaga», apunta Albiol. «El régimen, que aunque tenía suficiente policía en Montejurra para evitar el enfrentamiento ordenó que no interviniera, aprovechó aquello para desacreditar al carlismo e impedir que nos presentáramos a las primeras elecciones», recalca Blasco.

Una carlista en «Els 10 d´Alaquàs»
«Legalizaron al Partido Comunista antes que a los carlistas, nos tenían miedo», relata Albiol. Aún así el PCV tuvo mucha presencia en la Transición valenciana al grito de «Volem l´Estatut!» . Con su líder, Laura Pastor, formó parte de la Taula Democrática del País Valencià, la primera plataforma unitaria de fuerzas antifranquistas que se forjó en agosto de 1973. De hecho, como destaca el historiador castellonense Josep Miralles, Pastor, sería la única mujer entre «Els 10 d´Alaquàs», la comisión de la Taula Democrática detenida el 24 de junio de 1975 en este municipio de l´Horta por la Brigada Político-Social franquista cuando se había reunido para redactar el primer proyecto de Estatuto valenciano.
Albiol relata que, pese a la ilegalización, consiguieron presentarse a las primeras elecciones como Electors Carlins del País Valencià. «Lo pagamos todo de nuestro bolsillo y no sólo nos obligaron a recoger cientos de firmas para legalizar la candidatura, sino que nos hicieron ir a la Junta Electoral con el DNI original de todos los que nos habían apoyado». El esfuerzo fue en vano. En 1977 sacaron 2.552 votos, apenas el 0,12% del total. En 1979, ya como Partido Carlista plenamente legalizado, reunieron 4.529 votos (0,24%) en la C. Valenciana. En las últimas elecciones que concurrieron, las Europeas de 2004, sólo se contaron 170 papeletas del Partido Carlista.
El declive del PCV se nota también en el número de militantes. Ahora cuenta con unos 50, «de los que sólo el 10 o el 15% tienen menos de 30 años, el resto son gente como yo o más mayores», lamenta Albiol. «Los jóvenes están escaldados con la política, que ven que es una merienda de negros, y encauzan sus inquietudes hacia las ONG. Ante la pregunta de si le ve futuro al carlismo, Albiol responde: «Si como futuro entendemos ganar elecciones u obtener representación parlamentaria, no. La raíz del carlismo es ayudar a solucionar los problemas de la sociedad, y creemos que eso lo podemos conseguir luchando por el socialismo autogestionario y el federalismo».
A la CTC, que también jugó un protagonismo destacado en la «Batalla de Valencia» durante la Transición entre los contrarios a la unidad lingüística, no le ha ido mucho mejor electoralmente. En las elecciones Europeas de 1994 obtuvieron 739 votos en las tres provincias valencianas (0,04%), 305 más que el Partido Carlista, pero en las Generales de 2008 sólo sacaron 70.

«Carlismo no es fascismo»
Pese a este retroceso, Blasco, reivindica «más que nunca los valores carlistas». «El carlismo, no es fascismo ni extrema derecha, nosotros también perdimos la Guerra Civil, pues no luchamos para instaurar la dictadura de Franco», aclara. «El carlismo es básicamente católico, ya que defendemos la justicia social y los valores cristianos», añade. Y, ¿tiene futuro el carlismo valenciano para el líder de la CTC? «Debe tenerlo, porque lo que falla ahora son los valores, y los carlistas apostamos por los grandes valores de la cultura cristiana, por ello luchamos contra el aborto», recalca.
Blasco explica que su objetivo al frente de la CTC es hacer más visible el carlismo en la sociedad valenciana. Así quiere organizar, entre otros actos, un homenaje anual al general Cabrera en Morella y recuperar la tradicional concentración que dejaron de hacer en los años 90 junto a la ermita del Crist de Bocairent. Allí, en este «Montejurra» regional, cada marzo se citaban los carlistas valencianos al pie de la cruz que recuerda a los 62 caídos en la Batalla de Camorra que el 22 de diciembre de 1873 puso fin la III Guerra Carlista.
Unos y otros, carlistas todos, tras muchas guerras perdidas, se resignan a pasar al olvido, por lo que afrontan con ganas esta quizás última batalla. «Esa es la idiosincrasia del carlista, siempre nos han pegado por todos los lados, pero logramos salir adelante. Siempre hemos sido valientes», concluye Albiol.


Disputas entre «reyes» sin reino
La cuestión dinástica abierta en los Borbón-Parma tras la muerte de Carlos Hugo, que antes de fallecer designo a su hijo Carlos Javier como «Jefe de la Dinastía», y su hermano, Sixto Enrique, que se presenta como «regente», no preocupa al Partido Carlista. «Desde 1977 abogamos por la república, que es la mejor forma de democracia», apunta Santiago Albiol. Mientras, en la Comunión Tradicionalista, apoyan a Sixto Enrique, que no tiene descendientes. ¿Qué pasara si no hay acuerdo entre las dos ramas de los Borbón-Parma? «Carlos VII —el tercer pretendiente carlista fallecido en 1909— ya previó que si no había sucesor, el partido carlista sería quien defendería sus ideas. Estaríamos descabezados sin rey, pero eso no nos va a impedir luchar por nuestra ideología», dice Jesús Blasco. R. m. valencia

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