12 de septiembre de 2010
12.09.2010
Tonipep Rodríguez

"La SGAE es un sindicato vertical fascista; amos y obreros están en el mismo sitio"

12.09.2010 | 21:04
El multidisciplinar Tonipep en su visita al edificio de Levante-EMV. Foto de fernando bustamante

Promotor cultural. Con sesenta años su regreso a Valencia se antoja movido. Pieza clave de la Nova Cançó en nuestras tierras, analiza su vida profesional y el futuro de la eclosión de la música en valenciano. Cree en los derechos de los músicos y rechaza a la Sociedad General de Autores y Editores. Tonipep ha vuelto con ganas.

Parlotea con una vitalidad aplastante. La que permite tener a sus espaldas 40 años de relaciones con el mundo de la música, el espectáculo y la universidad. Tonipep Rodríguez montó de la nada en Valencia una promotora -La Taba- en 1975, en la que se involucraron dramaturgos, músicos, actores, poetas y periodistas. Figuras de la "Cançó Popular" como Lluís "el Sifoner", Els Pavesos, Al Tall o Cuixa, entre otros, crecieron artísticamente a su lado. Tras vivir en diferentes países de Europa ha regresado a Valencia y anuncia que vuelve con ganas de producir y abrir oficina. "Hay mucho talento ahora", afirma.

¿Qué ha hecho en treinta años, tras bajar la persiana de La Taba?

Con el cierre de la Taba seguí trabajando con la música en directo en el Cafè-Concert de Valencia. Después me fui a Madrid donde como productor colaboré con DRO y Moncho Alpuente (Pancoca). Ya en Barcelona trabajé con Rebeldes y Brighton 64. Importé a Valencia a grupos como Siniestro Total, Parálisis Permanente o Aviador Dro. Entré en crisis tras todo aquello y me fui a Brasil donde realicé un estudio sobre el carnaval. Después viajé a Milán para acabar mi carrera musical y allí -en el 83- me establecí. En Italia fundé el Laboratorio de Informática Musical en la Universidad de Milán donde fui profesor invitado y acabé dando clases hasta en cinco universidades diferentes. Luego estuve en Atari Computer Europe y Apple Computer Italia. Después vinieron las relaciones profesionales con varias discográficas como Virgin, programación para museos, música clásica... Fueron veinte años de trabajos en la industria cultural.

¿Y después de todo aquello?

Mi madre murió y regresé. Ingresé con el Laboratorio de Informática Musical en la Miguel Hernández. Ese proyecto no fue a más porque la universidad es un desastre. Me instalé en Berlín donde continué trabajando la programación informática y me gané el pan con producciones alternativas, en discos y exposiciones.

Ha sido una larga travesía. Pero, volviendo a sus inicios, ¿cómo se le ocurrió montar una promotora de música popular en la transición?

Yo era el que programaba en el teatro del "Micalet" y teníamos un grupo La Pasta que cantábamos en catalán haciendo rock sinfónico. Los músicos que hacían "Cançó" no sabían tocar -eran guitarreros de chicha y nabo- y se respaldaron en los componentes de La Pasta. Salvo Ximo, Pere i Cia, Miguel Blanco y Benavente, el resto no sabían mucho. Entendimos que era el momento histórico de reivindicar la música del País Valenciano, las formas y modos de nuestra tradición cantada y musicada. Nuestro eje giraba alrededor de Pavesos y el Sifoner. Sifoner era el "cantaire" más popular y querido, con una gracia especial para introducir la crítica política que no le gustaba a los "culturetas" de Valencia. Al Tall eran los puristas. Inicialmente mantuve una batalla contra uno de sus miembros porque quería hacer de todo musicalmente. Yo le dije que no. Los grupos hacen lo que hacen, deben tener unas señas de identidad. De hecho el nombre Al Tall me lo inventé yo. Había tal dispersión que un día dije "anem al gra, anem al tall" y ese nombre se quedó. Afortunadamente triunfó la línea de Vicent Torrent, que él sí que sabía lo que quería, y Miquel Gil, que era una maravilla, y se ha demostrado después que tras Al Tall ha salido con una fuerza, una calidad y un gusto por la fusión fuera de toda duda. Como intérprete e investigados es posible que sea el mejor autor que hay en el estado español. Y no lo digo yo. En Cataluña Miquel Gil es punto y aparte para críticos y programadores.

Pero el catálogo de artistas era amplio y variado.

Sí. Veníamos de una cooperativa de teatro. Había bandas que cantaban en castellano como "Humo" o "Doble cero". Pero claro, el padre de la criatura siempre marca las cosas.

¿Cuál era el grupo o artista más excéntrico?

Pavesos. Ver los bailes de Joan Monleón y su capacidad histriónica era divertidísimo. Después en Valencia hubo otros proyectos como Inhumanos pero -con todo el respeto al señor Aguado- me parecía una payasada, muy rentable pero no de mi gusto.

¿Qué opinión le merecen los grupos actuales y el COM (Col.lectiu Ovidi Montllor de cantants i músics en valencià)?

Hay muy buena gente. El COM ha hecho un gran trabajo. No quiero dar nombres pero hay grupos de calidad impresionante. Cantantes que ponen los pelos de punta pero que no tienen canales de comunicación para expresarse. Hay buenas producciones, sentido del humor y variedad. Y hablo tanto de los que cantan en valenciano, inglés o castellano. Esos jóvenes precisan de un circuito. La SGAE no puede cobrarles un impuesto revolucionario. El impuesto tiene que ser obligar a la gente a que tenga en sus negocios música en directo. Si La Sociedad de Autores quiere ganar su dinero a costa de una peluquera, pues que la peluquera ponga a un "Dj" a pinchar en el local o contrate a un cantautor mientras la gente se hace el pelo. Y que le pague la Seguridad Social un día a la semana y en vez de cobrarle 80 euros a la peluquera, que la peluquera se los pague al pinchadiscos o al cantautor. Y mira, ya se ha pagado el canon. La SGAE es un sindicato vertical fascista. Los amos y los obreros están en el mismo sitio. No es un sindicato de clase, ni de autores, es de editores. Los editores gestionan y son los patronos y los autores son el proletariado.

¿Para cuando otra Taba?

Estamos estudiando la viabilidad. Hago un llamamiento a la gente que quiera trabajar desde la seriedad para que aporte cosas. La idea es salir a la calle, si podemos, en dos meses. No me interesa la gente que espera subvenciones, a mi me preocupa desarrollar el mercado. La gente no cree en el mercado y así se pierde la independencia. No puedes depender de tu padre, porque tu padre ahora es el Opus Dei.

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