03 de octubre de 2010
03.10.2010
Conciencia valenciana

"Què vos passa valencians?"

03.10.2010 | 15:17
Toni Peix, Amadeu Fabregat, Conejero y Muñoz Peirats, en 1984.

El autor reflexiona sobre la necesidad de recuperar la capacidad de iniciativa de la sociedad valenciana y rememora el ambiente reivindicativo de las tertulias en los cafés de Valencia que reunían a intelectuales, políticos y artistas.

"Què vos passa valencians?", se preguntaba hace unos años el cantautor Paco Muñoz cuestionándose sobre la escasa memoria colectiva de nuestro pueblo. Qué nos ha pasado, planteaba recientemente, en un interesante artículo, Abelardo Muñoz, ante la evolución política que ha tenido el electorado valenciano, en las últimas convocatorias electorales. Qué ha sido de nosotros, los valencianos, que, por otro lado, tanto avanzamos, hace unos años, durante la transición, en la recuperación de nuestra memoria histórica.

Qué fue de aquel, "Nosaltres, els valencians", cincuenta años más tarde de su publicación. Acaso la advertencia de la señora a la criada, recogida por Joan Fuster citando a Guillem de Castro, "hable siempre en castellano", vuelve a estar de nuevo de actualidad.

Dónde fueron a parar, pues, los múltiples esfuerzos realizados, por valencianos de condición y convicción dispar, burguesa o alternativa, para el logro de una mayor conciencia colectiva valenciana, durante los años de la citada transición democrática.

Hace ya unos años, con motivo del libro publicado por Rafael Navarro, "Los nuevos burgueses valencianos", abordé el tema cuestionando la propia condición, de burgueses y/o valencianos, de algunos de ellos, haciéndome eco de la provocativa reflexión literaria que un grupo de notables valencianistas, Arnal, Bayarri, Dolç, Jardí, Mollà y Piera, acababan de publicar, "Nosaltres, ex valencians".

Pasado un cierto tiempo de aquellos hechos ?-y quizás ahora mejor que nunca, tras el verano- cabe volver a repensar el tema. Analizar la curiosa evolución del electorado progresista valenciano -aquello que fue y hoy no se encuentra- y sobre la misteriosa desaparición de aquella burguesía valenciana, con la que se compartían criterios democráticos, que llegaron a fructificar en iniciativas ciudadanas conjuntas, como, el Diario de Valencia, Qué y Dónde (donde semanalmente escribía Joan Fuster), La Marina, Noticias al Día, o Valencia-Semanal, por citar algunas de ellas.

Dónde quedó aquel empresariado dinámico que alentaba iniciativas financieras, como el Banco de la Exportación, Promobanc, la Corporación Financiera del País Valenciano, la Corporación Industrial del País Valenciano, y que competía por la adjudicación de importantes operaciones de infraestructuras, como, por ejemplo, la adjudicación de las obras para la explotación de la autopista del Mediterráneo, hoy AP-7. Dónde, aquella burguesía, que promovía iniciativas como la de la sociedad cultural Studio S.A. y asistía, con fruición, a las representaciones que esta sociedad llevaba a cabo en sus locales, o en los de "El Micalet", como en el caso de las funciones teatrales de Joan Sala, alias "Serrallonga", o, más tarde, en el Teatro Valencia, Quart 23, hasta su desaparición.

Y yendo más allá, donde quedó aquella progresía valenciana que, por entonces, alentaba los estrenos teatrales del grupo Els Joglars, asistía a los recitales de Viglietti, o coreaba las letras de Raimon cuando advertía, "qui perd els origens, perd identitat". Aquella generación de jóvenes, universitarios y no, de la que muchos formamos parte, que nos acercamos hasta Portugal para celebrar su revolución democrática, la de los claveles de abril del 74, y que hoy nos resistimos a admitir una sociedad valenciana cada vez más despersonalizada, menos consecuente y carente de aquellas reivindicaciones que la canción, "No és aixó, companys", se adelantó a denunciar.

La respuesta está en el viento, que dijera Dylan, y no sólo es imputable a la actuación más o menos desalentadora de unos políticos conservadores, que poco o nada hayan hecho para la regeneración democrática, sino que va intrínsecamente unida al deterioro en la evolución del conjunto de la sociedad valenciana que, aún recuperada sobremanera, a nivel lingüístico y cultural, económico y social, en las décadas de la transición democrática, vuelve a serle de aplicación el término, "coent", que nuestro paisano Eduard Escalante acuñara, en, "Tres forasters de Madrid" para referirse a la actuación de las clases dirigentes valencianas.

Conforme con que nunca salieran de los límites universitarios muchas de las ideas de Joan Fuster; ni que afloraran en demasía los ambientes "underground" que promovían, en Capsa y Christopher Lee, Rafa Ferrando y Lluis Fernández; ni que la falla King-Kong, alentada por entonces por unos jóvenes, Julio Tormo, Fernando Villalonga o Alfons López Tena, fuera una verdadera alternativa a las tradicionales; ni que surgieran intelectuales notables de las tertulias que proponían Tomás March y Salomé Cadenas en el Café Malva-rosa, ni políticos nacionalistas de éxito en las de Toni Peix del Café Lisboa; ni que la Galería Temple pasara de ser una hermosa iniciativa que permitió compartir deliciosos momentos artísticos con Carmen Alborch, Salvador Albiñana, Pascual Masià y Nico Sánchez, entre otros; ni tampoco que los cines Albatros, desde Manuel Ramírez a Toni Such, pudieran acabar resistiendo a la alternativa comercial de su cierre.

Pero también lo es que muchas de estas múltiples y valiosas iniciativas dieron lugar a otras que permitieron consolidar durante unos años unas verdaderas expectativas en Valencia, y también fuera de ella, que fueron abiertamente reconocidas desde el exterior.

Como la del propio IVAM, o las de los diseñadores del grupo de La Nave, que iniciaron una singladura que se consolidó con la obtención de diversos Premios Nacionales de Diseño, como los de Dani Nebot, Punt Mobles o Andreu World; o la de los Institutos Tecnológicos que fueron un intento pionero, y arraigado a nuestra realidad industrial, para potenciar unos "clusters" o distritos industriales, que se situaron entre los más importantes del panorama internacional: o también la del Parque Tecnológico, denostado inicialmente y alabado más tarde, como igualmente vino a suceder con la Ciudad de las Ciencias.

Hoy, con una situación financiera delicada en nuestras arcas autonómicas y municipales, y con mayor dificultad para acceder a las exiguas del Estado, y con cerca de uno de cada cuatro de los puestos de trabajo, de nuestra sociedad, en paro, hay que recuperar la capacidad de promover iniciativas, que, en un pasado reciente, como hemos visto, alentaron la recuperación de un país, que una guerra de símbolos se llevó por delante, recuperando los ideales de quienes las promovieron en lugar de aposentar las posiciones de quienes la propiciaron.

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