10 de octubre de 2010
10.10.2010

La primera batalla de Valencia

Un estudio repasa la "guerra fratricida" en los años 40 entre los "viejos" valencianistas de Lo Rat Penat y el grupo Torre de Casp y Adlert El trabajo resitúa el papel del poeta en la primera postguerra como líder de la opción renovadora y catalanista

10.10.2010 | 13:00
Reunión del grupo Torre. De pie, Fuster (tercero por la izda.), Casp y Adlert (sexto y séptimo).

Ataques en prensa, marginación en actos, iniciativas editoriales enfrentadas y hasta denuncias ante el gobernador civil. Es el resumen de la "guerra fratricida" que a finales de los años cuarenta y principios de los cincuenta enfrentó a los dos grupos que luchaban por mantener vivo un cierto valencianismo cultural (el político era impensable, dada la coyuntura). Mucha tinta ha generado la batalla de la Transición democrática, pero mucho más oculta ha quedado aquella otra guerra de Valencia.
El episodio lo rescata ahora el filólogo y técnico lingüístico de la Universidad de Alicante Faust Ripoll en Valencianistes de la postguerra (1939-1951) (Editorial Afers), un libro realizado a partir de los estudios para su tesis doctoral. El trabajo sirve además para ofrecer un nuevo rostro -diferente o, al menos, con más matices- de los viejos protagonistas del valencianismo. Dígase Carles Salvador, Francesc Almela i Vives, Ricard Santmartí, entre otros, por un lado (el del "viejo" valencianismo tradicionalista), y Xavier Casp y Miquel Adlert por otro (el de la editorial Torre, como foco renovador y cultista).
Esa es una de las sugerentes aportaciones de Ripoll. Ante la visión de personajes como Casp y Adlert "contaminada" por su actuación en la batalla de los años 70 en contra de la unidad de la lengua, que generó un enfrentamiento social que derivó incluso en agresiones físicas, ofrece aspectos que matizan esa imagen e incluso pueden servir para explicar esa acción posterior.
No es que la pareja de Torre pueda verse ahora como la de dos revolucionarios antifranquistas. Basta con leer las consideraciones de Joan Fuster para darse cuenta de que no: "Derechista histérico", llama a Adlert en alguna de sus cartas de aquellos años. Pero el estudio de Ripoll sí que plasma que en aquella polémica quienes optaban por un valencianimso menos tradicionalista y más renovador, más culto y más abierto a Cataluña eran los editores de Torre.
Casp marca distancias entre unos y otros de la siguiente manera en una carta a Manuel Sanchis Guarner -desterrado en Mallorca- en 1951 (año de explosión del conflicto): "Hay que empezar a no llamar valencianistas a unos y otros: si a nosotros se nos llama valencianistas,a ellos habrá que llamarles ratpenatistas o regionalistas bien entendidos o lo que sea, y si es a ellos a los que se les dice valencianistas, a nosotros se nos debe llamar catalanistas, nacionalistas o como quieras, pero nunca igual a unos y otros"
La investigación de Ripoll concluye que la disputa no sólo era de egos o de dejar protagonismo a los jóvenes. "También estaba en juego el modelo de valencianismo que, en definitiva, el régimen franquista estaba dispuesto a permitir y a explotar en beneficio propio", afirma.
Por ello, no puede sorprender que la victoria fuera de los tradicionalistas, los Salvador, Almela i Vives que aún -no por mucho tiempo- controlaban Lo Rat Penat. "La derrota de los editores de Torre frente al régimen fue la primera de una serie de derrotas políticas que el valencianismo abierto con perspectiva pancatalanista sufrió durante la segunda mitad del siglo XX", sentencia el autor. El resultado fue el silencio de los de Torre (Silenci se llama el libro de Casp de 1969) durante esta etapa. Su evolución posterior Ripoll la interpreta como la alianza de los antiguos grupos enfrentados contra el nuevo enemigo: Fuster y los jóvenes de la izquierda.
Porque para el filólogo, la pretensión de Adlert y Casp en los 50 fue el intento de una derecha autóctona de llevar adelante un programa valencianista. "Topó con sus límites (la resistencia de la derecha mayoritaria) y tuvo que ser superado por la izquierda".

Fuster, el hombre que estaba en el medio

La correspondencia muestra cómo Manuel Sanchis Guarner y Joan Fuster intentaron quedar al margen. El de Sueca, sin embargo, también vivió las consecuencias de aquel conflicto, ya que tras darse a conocer en la tertulia de Torre optó en 1951 por alejarse de Casp y Adlert. "Son más intolerantes de lo que a primera vista parece", escribió. Y Casp: "La actitud de Fuster es descorazonadora". a. g. valencia

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