En agosto de 1999, una comitiva del Ayuntamiento de Torrevieja -liderada por Pedro Hernández Mateo, entonces alcalde del municipio- se trasladó hasta la localidad inglesa de Bristol para comprar el pailebote "Pascual Flores". El característico velero, construido en un astillero ubicado en la desaparecida Playa del Arenal en 1917, fue adquirido por un total de 468.000 euros a una entidad benéfica inglesa.

El precio fijado, cercano a 78 millones de pesetas, era un poco alto para los estándares del mercado, pero la escasa existencia de buques de ese tiempo con vida útil y su valor histórico parecían amortiguar el gasto.

Sin embargo, las condiciones con las que llegó hasta aguas alicantinas condenaron la inversión. La goleta se había pasado cerca de ocho años varada en el puerto de Milford bajo escasas supervisiones y tuvo que ser trasladada a lomos del buque de mercancías Cheyenne, especializado en el transporte de yates en malas condiciones. A su vez, de forma paralela se acometió la construcción de una estructura especial de hormigón para acogerlo, que costó cerca de 102.000 euros.

Una vez en Torrevieja (septiembre de 1999) recibe las primeras inspecciones serias y espera cerca de un año atracado en el puerto. Al comenzar a presentar problemas de filtraciones de agua -la estructura de madera no aguantaba más-, el "Pascual Flores" es arbolado -sacado del mar y montado en una esqueleto exterior- y estudiado minuciosamente. Nos encontramos en el año 2000 y el velero cae temporalmente en el olvido. Los gastos -adquisición, estudios iniciales, traslado desde Inglaterra- ya superan el millón de euros.

Durante cinco años nada se sabe de la embarcación, pero en 2005 el ayuntamiento recupera el proyecto y anuncia el encargo de su "restauración" a la UTE formada por la empresa Jost S. L. y los astilleros Vatasa de Santa Pola por un importe cercano a los 3,5 millones de euros. Un año después (2006) parte de los restos del bajel son hallados en un desguace de Bigastro. Las dudas ya ensombrecen una iniciativa gestionada a través de cuentas opacas y cuya estimación de desembolso municipal alcanza los 4,5 millones de euros. En abril de 2007, la adjudicataria pide una modificación del plan inicial y, por primera vez, el ayuntamiento abre las puertas para conocer el estado de la nave.

A finales de 2007, el "Pascual Flores" es botado en alta mar. El alcalde llega a declarar que "será el castillo que Torrevieja no tiene". Las dudas, sin embargo, arrecian desde todos los frentes. Se confirma que se trata de una réplica -no una restauración- del buque construido en 1918 y se habla de un desembolso de seis millones de euros. En 2009, el expresidente de la Generalitat Francisco Camps visita la ciudad y anuncia junto al regidor la firma de un convenio por el que el "Pascual Flores" será el eje angular de la futura escuela de Vela de la Generalitat, en lo que parece ser la versión valenciana del buque-escuela "Juan Sebastián El Cano". Se publicita que el velero realizará rutas de nueve meses, para descansar durante el verano y ser utilizado como atracción turística en el museo marítimo.

Dos años después (febrero de 2011) recibe a su primera tripulación: cinco alumnos del Instituto Politécnico Marítimo del Mediterráneo de Alicante. Aún no ha podido ser visitado por el público.

Tras un gasto de seis millones de euros y doce años de espera, el "Pascual Flores" comienza a dar sus primeros -y escasos- réditos.

"Santa Eulàlia"

La situación del barco atracado en Torrevieja choca con la vivida por su hermano "Carmen Flores", que actualmente recibe el nombre de "Santa Eulàlia". En junio de este año fue declarado "bien cultural de interés nacional" por el gobierno autonómico catalán.

El velero fue adquirido por el Museo Marítimo de Barcelona en 1997 a través de una subasta pública y los trabajos de restauración no se hicieron esperar. En la actualidad puede ser visitado como parte de la oferta del recinto naval. Ambos barcos fueron construidos en el mismo año y en el mismo astillero. El destino, sin embargo, los ha tratado de forma desigual.