12 de junio de 2012
12.06.2012
Caso de cooperación

Rafael Blasco, las siete vidas del político

13.06.2012 | 10:46

De Rafael Blasco, exconseller tanto con socialistas como populares en el Gobierno valenciano, portavoz del PP en Les Corts e implicado en el caso de la cooperación, "dicen que es como los gatos, que tiene siete vidas, pero esta ya era la última que tenía".

Así de gráficamente lo exponía la diputada de Compromís Mireia Mollà para referirse a un hombre que ha hecho de la política su carrera, durante la cual ha afrontado diversos obstáculos y ante los que se ha sabido reinventar, si bien la supuesta malversación de fondos públicos de la cooperación, por la que podría acabar imputado, le ha relevado ya hoy a un segundo plano en el grupo parlamentario popular.

El hombre que tiene a gala haber sido conseller con todos los presidents de la Generalitat y a quien los investigadores policiales atribuyeron el seudónimo de 'Roger Rabbit' nació en Alzira (Valencia) hace 67 años, y aunque es doctor en Derecho, diplomado en urbanismo y experto en Programación económico financiera, desde joven su vida ha estado marcada por la política.

Militó en el PCE y el Frente Revolucionario Antifascista y Patriótico (FRAP) cuando era estudiante e incluso llegó a estar encarcelado, tras lo cual ingresó en las filas del PSPV-PSOE para finalmente desembocar en el Partido Popular.

Conocedor como pocos de los entresijos de la Generalitat y de la vida interna tanto de socialistas como de populares, Blasco ha desempeñado en veintiséis años, y con cuatro presidents de dos partidos distintos, siete carteras tan dispares como Presidencia, Obras Públicas, Sanidad, Bienestar Social o Solidaridad, si bien la gestión de esta última ha sido la causa de su momentánea retirada.

El primer president que apostó por él fue el socialista Joan Lerma, con quien ocupó dos carteras y quien en 1989 le destituyó al frente de Obras Públicas, Urbanismo y Transportes por el llamado "caso Blasco", originado por la denuncia de una directora general sobre presuntas irregularidades de funcionarios de su departamento en la reclasificación y subasta de unos terrenos.

Aunque Blasco fue absuelto por el Tribunal Superior de Justicia valenciano en 1991 y por el Supremo en 1993, estuvo apartado de la política activa unos años, etapa en la que intentó promover una plataforma de partidos nacionalistas que no cuajó, tras lo cual se arrimó al PP.

El nuevo president de la Generalitat, Eduardo Zaplana, le rescató como ideólogo y posibilitó que diez años después de su salida por la puerta de atrás de la Generalitat, Blasco volviera a ocupar una Conselleria, en esta ocasión de Empleo.

Hasta 2011, se mantuvo de forma ininterrumpida como conseller con los presidents que sucedieron a Zaplana -José Luis Olivas y Francisco Camps-, y estuvo al frente de cinco carteras, la última de las cuales fue la de Solidaridad y Ciudadanía.

Dice la oposición que durante ese tiempo se dedicó a ganarse el apoyo de la sociedad civil para la causa del PP, para lo cual las subvenciones de la Conselleria eran una buena ayuda.

Desde esa cartera, con escaso presupuesto, supo proyectarse con iniciativas como el "compromiso de integración", consistente en el ofrecimiento por parte de la Generalitat de un Programa voluntario de comprensión de la sociedad valenciana y en la manifestación del inmigrante de seguirlo "con aprovechamiento".

En plena crisis por el "caso Gürtel", Camps recurrió a Blasco para gestionar el grupo parlamentario además de la Conselleria de Solidaridad, e incluso cuando en 2011 acometió un profundo cambio de consellerias dejándole fuera, modificó la ley de Gobierno para permitirle acudir a las sesiones del pleno del Consell.

Como portavoz parlamentario, han llamado la atención sus métodos, como exhibir a sus diputados películas como "Invictus" o "Sopa de ganso", y hacerles firmar un contrato programa para evaluar su trabajo.

Cuando surgieron las denuncias sobre la trama de cooperación, su estrategia fue negarlo todo y llevar a los juzgados a las diputadas que le habían denunciado, e incluso tras las primeras detenciones de altos cargos de la Generalitat auguró que no tendrían consecuencias.

Hoy, la instructora ha pedido oficialmente que se le acredite como diputado al ver en él indicios para imputarle "hechos de naturaleza delictiva".

Con la decisión de Alberto Fabra de que ceda al viceportavoz su protagonismo parlamentario hasta que sea efectiva su imputación y tenga entonces que dejar el cargo, el hombre con más vidas políticas que un gato parece volver a quedar apartado de la primera línea. Habrá que ver si para siempre.

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