Un accidente pirotécnico no es un plato de gusto para una falla, que sabe que se le viene encima un aluvión de denuncias reclamando indemnizaciones, cuando no demandas penales, como la que sufre el presidente de Azcárraga o de la que se libró en su día el de San Vicente-Marvá.

En Montortal-Torrefiel tuvieron varios heridos en un disparo y quedó tal respeto por la pólvora que ahora sólo disparan una traca a la fallera mayor. De hecho, a consecuencia del accidente de 1998 optaron por un disparo inocuo del que fueron pioneros: la globotà. El actual presidente, Manuel Ferrer, apunta que «tuvimos muchísimas demandas de indemnización y la verdad es que, en algún momento, los falleros tuvieron mucho miedo porque podía salir a una cantidad enorme. Sin embargo, se ganaron muchas y al final fue la comisión la que afrontó el gasto. Ese año se rebajó el monumento y algunas cosas más y pudimos superarlo. Pero el susto no nos lo quita nadie».

Miguel Aleixandre, expresidente de la Plaza Segovia, ha tenido dos accidentes en su demarcación. «No te creas que no he pensado más de una vez el problema en el que me meto siendo presidente. Ahora recuerdo las veces que he tenido que declarar y no es nada agradable. Los seguros vienen a cubrir unos 1,7 millones, pero a partir de ahí le toca a la falla. Deberíamos tener un seguro más grande.»

En algo coinciden: Cuando se produce un accidente, «aparecen desperfectos de todo tipo. De lo más insospechados». Los falleros de Azcárraga ya han subrayado que les sorprende la cantidad de televisores de alta gama aparentemente des­trozados en el vecindario.