03 de diciembre de 2012
03.12.2012
La transición valenciana

Los imprescindibles de la democracia

Las familias Montalbán Gámez y Moya Sánchez sufrieron torturas y cárcel por su compromiso con la lucha clandestina del PCE y CC OO contra Franco

04.12.2012 | 03:20
Antonio Montalbán y Antonio Moya, en la sede de EU.

Bertolt Brecht decía que aquellos que luchan toda la vida «son los imprescindibles». Y si hay alguien imprescindible para nuestra democracia, «ésas fueron las gentes sencillas y humildes, las familias obreras que desde talleres y fábricas lucharon contra la dictadura». Ésta es la opinión del doctor en Historia Mario Amorós (Novelda, 1973), autor del libro El hilo rojo, que acaba de publicar la Universitat de Valèn­cia y la fundación Institut d´Estudis Polítics. Esta obra teje la memoria democrática de dos familias obreras de emigrantes andaluces, los Montalbán Gámez y los Moya Sánchez, que en la Valencia de finales de los sesenta se unieron a la lucha clandestina del PCE y jugaron un papel clave en la creación de Comissions Obreres del País Valencià.

Amorós quería escribir la biogra­fía de Antonio Montalbán Gámez, quien fue el primer secretario general de CC OO PV (1976-1996) y miembro del Comité Central del PCE, pero el diputado de Esquerra Unida en las Corts Ignacio Blanco le recomendó que abordara «el compromiso de las familias Montalbán y Moya por traer la democracia a nuestro país», una reconquista de la libertad que les acarreó detenciones, torturas y cárcel.
Nacidos en la posguerra en la pedanía cordobesa de Alcolea, la infancia de los cinco hermanos Montalbán y los cuatro hijos mayores de los siete que tuvo el matrimonio Mo­ya Sánchez estuvo marcada por la brutal represión de la Guardia Civil contra sus padres, Antonio Montalbán Pérez y Antonio Moya Hernández, por su militancia comunista. Palizas y detenciones les lleva­ron a emigrar en los años 1963 y 1964 a Valencia.
Ambas familias, unidas por el comunismo, la amistad y el amor — dos hermanos Montalbán, Antonio y Paco, están casados con dos hermanas Moya, Encarna y Josefa— se implicaron en la clandestinidad va­lenciana rápidamente. El «bautismo de fuego» militante de los Montalbán y los Moya fue la manifestación del 1 de Mayo de 1967 en Valencia con la que el PCE sorpren­dió al régimen con un millar de personas —250 según la policía— recorriendo la calle de la Paz al grito de «Libertad sí». El mayor de los Montalbán, Juan, fue uno de los 22 detenidos. Tras ser torturado por la Brigada Político-Social (BPS) fue condenado en consejo de guerra a cuatro años de cárcel. Antonio se zafó al tirarse en marcha del jeep donde le llevaban preso.

En la noche del 9 de noviembre de 1968, la detención de Antonio Palomares y otros 36 dirigentes del PCE en Valencia puso en la primera línea de la lucha clandestina a los jóvenes del partido, como es el caso de Antonio Mon­talbán y Antonio Moya, quien recibió el encargo de reorganizar las Juventudes Comunistas.

«Cacerías» de la Político-Social
El lunes 24 de marzo de 1969, la última noche de los tres meses del estado de excepción que el Gobierno había decretado ante el auge de las movilizaciones obreras y estudiantiles, la BPS salió a «cazar» a los Montalbán y los Moya. «No se me irá mientras viva de la cabeza», cuenta Antonio Montalbán, «aquella escena de marzo del 69 cuando, casi a las dos de la mañana, la Brigada Político-Social vino a casa a detenernos a mi hermano Paco y a mí. Venían de casa de los Moya de intentar arrestar a Antonio y a su hermano Juan, pero se escaparon tirándose por el balcón de un primer piso».

«Me impresionó —continúa— ver como mi padre, que tenía ya a su hijo mayor en la cárcel desde hacía dos años, saca fuerzas de flaqueza y se pone a gritar a los siete policias: "¡Esto no son horas de venir a asaltar un hogar de gente honrada!" Y Benjamín Solsona y Ángel Acosta (dos de los miembros más temidos de la BPS junto al inspec­tor Manuel Ballesteros), que los recuerdo perfectamente, amenazán­dole: "A que se viene usted también con nosotro", y mi padre poniendo las manos por delante para que le pusieran las esposas. Su dignidad ha marcado mi vida.»

Antonio fue salvajemente torturado por la BPS, también su her­mano Paco y su primo Juan Montalbán Carmona. Antonio Moya, que se libraría de esta caída, sería detenido en septiembre de 1975. Tras ser torturado sin descanso durante seis días y seis noches, «ir a la cárcel, fue una libe­ración», dice en el documental con que Amorós y Javier Couso completan este libro que se presenta mañana en Valencia por partida doble (a las 11.30 horas en la Facultat de Geografia i Història y, a las 19 h., en la sede de CC OO).

Antonio Moya quiere que esta obra se lea como un homenaje a todos sus compañeros anónimos de lucha clandestina en el movimiento obrero «que sufrieron la represión y sacrificaron sus familias por la llegada de la democracia». Antonio Montalbán, después de tanto sufrimiento, señala que le duele oír que todos los políticos son iguales. «¡Todos no somos iguales! Nosotros nos metimos en política no para hacernos ricos, si­no para luchar por la libertad y la justicia social.»

Entrevista a Antonio Montalbán Gámez y a Antonio Moya Sánchez
Luchadores antifranquistas y militantes históricos de CC OO y del PCe en la clandestinidad.

­ A. Montalbán: Sí. Es verdad que nosotros somos dos familias que han pagado un precio muy alto por luchar para conseguir, primero, la libertad y mejores condiciones de vida y de trabajo. Si nuestros padres pudiesen ver que su lucha por la democracia la han continuado sus hijos, nietos y bisnietos, seguro que estarían orgullosos. Tanto como nosotros lo estamos de haber tenido como padres a seres de una valentía y dignidad apabullante .

­ A. Moya: Yo creo que sí que valió la pena toda aquella lucha por establecer un sistema político democrático en el que se respetasen los derechos humanos, las libertades y se permitiese organizar sindicatos para la defensa de los trabajadores.

­ A. Montalbán: Nosotros  desde pequeñitos habíamos vivido en el seno de una familia muy perseguida. Es que no teníamos otra opción. Eramos del bando de los vencidos y odiábamos todo lo que venía de la dictadura. No había  otro camino.

­ A. Moya: Nos criamos en el ambiente de losque perdieron la Guerra Civil. Nosotros, los chiquillos de los «rojos», considerábamos que aquella derrota no era el final, sino que había otras batallas que teníamos que dar, y una de ellas era la organización de la clase obrera en torno a un sindicato y un partido político que refrendara y apoyara los intereses del pueblo. Y ésa ha sido mi guía siempre.

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