16 de diciembre de 2012
16.12.2012

El periodismo en vena del "jefe Sanchis"

El reportero de "El Mercantil Valenciano" Joaquín Sanchis Nadal se convirtió en una leyenda de la prensa escrita en México tras exiliarse en el país azteca después de la Guerra Civil

18.12.2012 | 03:10
Joaquín en una foto fechada en Barcelona el 9 de mayo de 1938 que envía a su hermano Lorenzo y a la esposa de éste, Amparo Sinisterra.

«Dentro de unos días salgo de nuevo de gira, esta vez por los estados de Oaxaca y de Chiapas. Llegaremos hasta la frontera con Guatemala. Es un viaje de locura desde el punto de vista periodístico: Zonas inexploradas, indios semisalvajes, mosquitos que parecen trimotores, insectos y fieras de todas clases y un mosquito que inocula la ceguera con el tiempo ¡En fin una delicia! Tengo materia para escribir unas 20 o 30 crónicas que van a ser de lo mejor que he hecho en mi vida». Así, con esta pasión de puro periodismo en vena, narraba el valenciano Joaquín Sanchis Nadal (l´Alcúdia, 1906-México DF, 1972) sus vicisitudes como reportero del diario mejicano Novedades en los años cuarenta del pasado siglo.

La cita es de una carta del cuatro de marzo de 1940 remitida a su hermano Lorenzo, que residía en Valencia. El «jefe Sanchis», como le llamaban sus colegas de la prensa mejicana, llegó al país azteca en junio de 1939 como uno más de los 30.000 exiliados políticos de la República a los que dio refugio el presidente Lázaro Cárdenas.

El reportero de l´Alcúdia ha pasado a la historia como una leyenda del periodismo mejicano del siglo XX. «Don Joaquín (...) formó parte del brillante grupo de reporteros que colocaron al diarismo nacional a la altura del periodismo mundial», resalta Novedades en el obituario que le dedicó, donde dice que «nació para periodista».

Sanchis Nadal, así firmaba sus crónicas, se forjó como reportero en la redacción de El Mercantil Valenciano, la cabecera histórica de Levante-EMV que acaba de celebrar su 140 aniversario, donde entró a trabajar con apenas 20 años como corresponsal del Marítimo.

Iba para abogado. Al menos ese era el destino que había escrito su padre, Andrés Sanchis Castaño, maestro nacional del Colegio San Pedro del Cabanyal, para el segundo de sus cuatro hijos, pero su pasión por el periodismo le llevó a abandonar sus estudios de Derecho.

Francesc Martínez Gallego, historiador de los medios de comunicación y profesor de la Universitat de València, y Cecilio Alonso, profesor del centro que la Universidad Nacional de Educación a Distancia (UNED) tiene en Alzira, han reconstruido la historia de Joaquín Sanchis Nadal en sendos artículos.

La crónica del exilio de este periodista, que fue corresponsal de guerra de El Mercantil Valenciano en la frustrada «reconquista» republicana de las Baleares que lanzaron dos columnas de milicianos valencianos y catalanes en agosto de 1936, se basa en la correspondencia familiar que envió desde México a su hermano Lorenzo, químico y profesor de instituto depurado por republicano que codirigía en Valencia la Academia Cid.

Tío de José Sanchis Sinisterra
Se trata de 115 cartas que guardan como oro en paño los hijos de Lorenzo Sanchis Nadal, los hermanos Lorenzo y José Sanchis Sinisterra. Éste último, uno de los dramaturgos vivos más importantes de España es autor, entre otras obras, de ¡Ay, Carmela!. Lorenzo Sanchis Sinisterra, químico como su progenitor, explica que el texto que le valió a su hermano el segundo Premio Nacional de Teatro (2004), Terror y miseria en el primer franquismo, está «inspirado en la historia de mi tío y mi padre».

Martínez Gallego escribe que Sanchis Nadal es «el periodista que no puede huir ante la noticia, que sabe que su forma de implicarse con la realidad es contarla y si lo hace a pie de obra, mejor». Apunta que, a parte de sus crónicas y reportajes, Sanchis Nadal, «asumió uno de los grandes retos que se propuso El Mercantil para convertirse en un periódico de masas: un suplemento dirigido a los más jóvenes, con el título de Los chicos».

El «extraordinario éxito» de esta separata juvenil dirigida por Sanchis Nadal, junto a la «calidad noticiosa del diario», convirtió a El Mercantil Valenciano «en la publicación de mayor tirada en la Valencia de los años 30 y en uno de los líderes de la prensa regional española». En Los Chicos, Sanchis Nadal era el guionista del popular cómic Aventuras de Colilla y su pato Banderilla que dibujaba Juan P. Muro, y además publicó por entregas dos novelas de aventuras: El cubil de los piratas y El hijo del bosque. La guerra acabó con Los Chicos y la derrota de la República se llevó la brillante carrera de Sanchis Nadal al otro lado del Atlántico.

Apenas un mes después de desembarcar en Méjico, junto a su mujer, la valenciana Pepita Mañez Alós, y su hija, Pepita Sanchis Mañez, Pimpe, ya estaba trabajando para el periódico Novedades con el encargo de hacer un reportaje diario, con fotos, de temas de la calle.

El olfato periodístico de Sanchis Nadal no tardaría en reportarle sus primeros éxitos. «El que más le enorgullecía», relata Cecilio Alonso, fue el haber conseguido, tras el asesinato de León Trotski el 21 agosto de 1940, «una entrevista exclusiva con Ramón Mercader en la cárcel que produjo gran impacto, porque extendió la sospecha, a partir de su acento, de que en realidad Jacques Mornand o Frank Jackson —la documentación falsa bajo la que se escondía el sicario de Stalin— era español». Tendrían que pasar ocho años para que otro valenciano, Julián Gómez García, «Gorkin», el principal teórico del trotskista Partido Obrero Unificado Marxista (POUM), revelara al mundo la verdadera identidad del asesino del líder de la revolución permanente.

Sanchis Nadal, que llegó a ser redactor jefe de Novedades, aprovecharía incluso las cartas que le remitía su padre para escribir un reportaje sobre la Riuà de Valencia de 1957. Así, en una de las epístolas a su hermano le explica: «Recibí una carta de papá en la cual me ofrecía detalles pormenorizados de lo ocurrido, y fue tan interesante la información que no pude resistir la tentación de copiar lo escrito y darlo a la imprenta (...) A la crónica, pues eso era la carta de papá, sólo le añadí un párrafo final, relativo a las verdaderas causas de la catástrofe, según han publicado los diarios de EE UU: la rotura de la presa del Generalísimo».

El periodismo fue su vida, pues siguió al pie del cañón en diferentes rotativos y agencias después de jubilarse. En todas las redacciones que piso fue maestro de periodistas: «Quienes servimos bajo sus órdenes sabíamos que lo que el ´jefe Sanchis´ mandaba en cuanto a reportajes y entrevistas, sería al día siguiente primera plana», se destaca en su necrológica.

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