30 de noviembre de 2013
30.11.2013

Doce horas de epitafio televisivo

30.11.2013 | 01:52

«Esto es como el 23-F, parece como si hubieran dado un golpe de estado», aseguraban los trabajadores a las puertas del centro de Burjassot

El cierre de RTVV se perpetró con nocturnidad y alevosía. Buscando la complicidad de la fría medianoche del 28 al 29 de diciembre, que no superó los 3 grados en Valencia, y confiando en un fundido a negro sigiloso y discreto. Pero los liquidadores de Ràdio Televisión Valenciana (RTVV) no debían contar con la determinación de los trabajadores de la casa que, de tanto que han perdido, han perdido hasta el miedo. A las 23.55 horas se apagaba la voz de Nou Ràdio. Y a las 00.25 horas ya se concentraba una docena de trabajadores en la puerta lateral del centro de producción de Burjassot, que permanecía cerrado a cal y canto, tanto para los que querían entrar o salir.

El periodista Frederic Ferri emitía el último informativo del día. El equipo de Societat Anònima acababa de llegar a Burjassot, tras recibir el premio de La Cartelera de Levante-EMV al mejor programa de televisión. Nou Ràdio continuaba emitiendo a través de la web y de Si Radio. Y, ante lo que parecía un inminente fundido en negro todos decidieron hacer lo que mejor saben hacer: periodismo. Y comenzar a retransmitir en directo las últimas doce horas de vida de Canal 9 y Ràdio 9. Su crónica más amarga. Durante los primeros compases de la madrugada del 29, los trabajadores se concentraron en la puerta lateral, por donde iniciaban cada día su jornada laboral. Mientas coreaban «¡Fabra dimissió!» y «¡RTVV no es tanca!», varios coches de la policía nacional acordonaban las vías de acceso. Un cámara (encaramado a una escalera) y el periodista Genar Martí iniciaron desde el interior la ronda de entrevistas a los compañeros concentrados al otro lado de la verja, que ya eran más de un centenar a la una de la madrugada. También al miembro del consejo de administración, Rafa Xambó, quien intentaba en vano que la policía autonómica le franquearan la puerta. «¡Soc membre del consell d´administració i reclame el meu dret a entrar al centre!», gritaba a través de la verja, que permanecía inmóvil y que algún periodista de la casa llegó a saltar. A las dos de la madrugada la concentración, cada vez más numerosa, se trasladó a la puerta principal del centro de Burjassot. «¡Fabra Pinochet!», coreaban los trabajadores. La policía autonómica custodiaba la puerta de acceso al edificio del centro de producciones y programas. «Esto es como el 23-F. Parece como si hubieran dado un golpe de estado: y mandan la policía a custodiar la televisión», comentaban los más veteranos, con edad suficiente para recordar el «Tejerazo». De repente, la verja se abrió. Y un nutrido grupo de trabajadores y manifestantes accedió hasta la misma puerta de acceso al edificio, en el que muy pocas personas pudieron entrar. Cinco policías ejercían de muro. Sólo la mediación de Vicent Mifsud, presidente del comité de empresa de RTVV, franqueó la entrada a varios de sus compañeros, después de vivir algunos momentos de tensión, sin mayores consecuencias, por el civismo de los manifestantes. Y mientras, en los dos platós desde donde se retransmitía en directo las últimas doce horas se sucedieron los periodistas al frente del programa: a Frederic Ferri (quien llegó a despedirse a las 3 de la madrugada pensando que no volvería a salir en antena), le cogieron el testigo Amalia Garrigós y Joan Espinosa. Garrigós no desaprovechó la ocasión para recordar que el canal de noticias 3/24 de la televisión autonómica catalana retransmitía la señal de Nou en directo durante toda la madrugada. «Hemos conseguido la reciprocidad con TV3, lo que no que no ha sido posible por el multiplex lo han conseguido estas circunstancias: que nos vean en Cataluña, con quien compartimos la lengua que nosotros llamamos valenciano», aseguró en presencia de Leonardo Ramón, que fue presidente del consejo de administración de RTVV, y destacado miembro de Unión Valenciana, quien ni se inmutó por las palabras de Garrigós y arremetió contra la decisión del PP de cerrar RTVV.

También pasaron por el plató los periodistas Anna Galbis, Maria Josep Poquet, Vicent Juan, Xelo Miralles y Clara Castelló, para conducir el programa y apoyar en las entrevistas, que realizó durante toda la noche a la intemperie el periodista Rafa Morés, a los trabajadores concentrados en la puerta: desde las señoras de la limpieza (a las que al principio ni siquiera salir, aunque con el día fueron autorizadas pero sin sus vehículos particulares), al actor de «L´Alqueria Blanca» Ferran Gadea, o a los políticos que fueron acudiendo a la sede de Canal 9 y que acabaron sentados en el plató: Ignacio Blanco (EU) y Frederic Ferri (Compromís), de los primeros en llegar. Enric Morera (Compromís), Juan Soto, Miguel Soler y Josep Moreno (PSPV), Marga Sanz (EU) y Mónica Oltra (Compromís).

Aunque el momento más emotivo de la jornada fue el de la entrevista a la presidenta de la Asociación de Víctimas del Metro, Beatriz Garrote, que entró por primera vez en siete años en un plató de RTVV. Garrote iba a ser entrevistada el viernes en «La Tertulia» de Nou y se decidió mantener su presencia, aunque su entrada fue rocambolesca. Fue introducida deprisa y corriendo por una puerta secundaria (la principal estaba bloqueada por la policía) y recibida con un aplauso de 15 segundos y todos los presentes del plató en pie, antes de ser entrevistada por Frederic Ferri y Victoria Maso, por primera vez desde el 3 de julio de 2006, el día en que murieron 43 valencianos en el metro de Valencia. «Es importante traspasar estas puertas, aunque sea el último día», aseguró Beatriz Garrote, quien por fin pudo denunciar ante la audiencia de la televisión pública «las trabas a la investigación del accidente del metro por parte de la Generalitat y las mentiras y ocultaciones de documentación de Ferrocarrils de la Generalitat Valenciana (FGV)», además de la «farsa que fue la comisión de investigación del accidente del metro». La presidenta de las víctimas del metro también aprovechó para denunciar que, al día siguiente del accidente «el mensaje repetido por esta casa durante siete años ha sido que la Línea 1 era segura y que el accidente era imprevisible e inevitable. Y eso es peligroso porque los ciudadanos no estaban preparados para esta manipulación. Que no vuelva a pasar y que nunca más nos vuelvan a imponer la voz de su amo», reclamó. Dos horas después de su petición la televisión pública fundía en negro.

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