19 de diciembre de 2013
19.12.2013
Informe

La pobreza energética mata tres veces más que la carretera

Unos 380.000 valencianos no pueden mantener su hogar con la temperatura adecuada en invierno

18.12.2013 | 22:39

Calentar la vivienda en lo más crudo del invierno hasta que alcance una temperatura de confort entre 21 y 18 º C según la Organización Mundial de la Salud (OMS) es un lujo inasumible para el 7,4 % de la población de la C. Valenciana, unas 380.000 personas repartidas en cerca de 144.000 hogares, según el estudio «Pobreza energética en España» realizado de la Asociación de Ciencias Ambientales (ACA). Este informe, coordinado por el ambientólogo José Luís López, señala que en 2010 «en torno al 10 % de los hogares españoles, unos cuatro millones de españoles, no podían asumir la factura energética para mantener la vivienda cálida en los meses fríos».

López destaca que en la pobreza energética influyen tres factores clave: «el nivel de renta familiar, el precio de la energía y la eficiencia energética de la vivienda». En el caso español, el estudio habla de dos tipos de pobreza energética, una más convencional que sufren los hogares de pocos ingresos de las zonas más frías de España (centro y norte peninsular), que deben dedicar más del 10 % de su renta (el doble de la media nacional) para mantener la vivienda caldeada, y otra típica de las regiones templadas como la valenciana, donde familias que habitan en viviendas mal aisladas y sin sistema de calefacción adecuado «son incapaces de afrontar el elevado coste que supone asegurar el confort térmico en las semanas frías del invierno».

La crisis ha disparado el impacto de la pobreza energética debido la caída de la renta familiar las altas tasas de paro, la reducción de salarios y la congelación de pensionesasí como por el aumento de la factura energética. López estima que el coste de la electricidad «se ha disparado desde 2007 hasta ahora un 50 %». La incidencia de este aumento es mayor en las regiones menos frías, donde la electricidad tiene más peso en los sistemas de calefacción (aire acondicionado, radiadores, calefactores...).

Para López, la pobreza energética «afecta a un espectro de la población mucho más amplio que aquella que está en riesgo de exclusión, pues alcanza también a familias de clase media que, ante la caída de su nivel de renta y el incremento de los costes energéticos, renuncian a horas de calefacción para poder afrontar otros gastos».

Sin embargo, el ahorro en calefacción o su sustitución por mantas tiene «un gran impacto sobre la salud», alerta López. La principal evidencia de las consecuencias de la pobreza energética se refleja en la tasa de mortalidad añadida de invierno (Tmai) que en España es una de las más altas de Europa con un 20,5% más de defunciones en invierno que en verano durante el período 1997-2010. La C. Valenciana, con una Tmai del 23 %, es la cuarta autonomía con una mayor sobremortalidad invernal tras Extremadura, Andalucía y Murcia.

Los expertos europeos atribuyen a la pobreza energética entre el 10 y el 40 % de la mortalidad adicional en invierno, lo que según el estudio de ACA supone entre 2.300 y 9.300 muertes prematuras al año en España, la práctica totalidad de ellas personas de edad avanzada. Para el intervalo 1996-2010 el promedio de víctimas mortales de accidentes de tráfico en España fue de 3.269 al año. Es decir, que en la horquilla máxima la pobreza energética mata casi tres veces más que la carretera.

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