23 de diciembre de 2013
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Hallazgo

La raíz de los árboles escultura

Las placas fotográficas originales del primer libro ilustrado de plantas monumentales son halladas un siglo después

23.12.2013 | 23:38
Olivo de Casinos.

Las imágenes más antiguas de los árboles monumentales valencianos acaban de salir a la luz. La Diputación de Valencia ha rescatado 23 fotografías publicadas en un libro de 1914 sobre árboles viejos. Fue la primera obra que dio protagonismo visual a los gigantes del paisaje.

Aquel 1914 en que la Gran Guerra estallaba en Europa, un nuevo Papa subía al trono vaticano, el Canal de Panamá empezaba a conectar el océano Pacífico con el mar Caribe y en Estados Unidos se estrenaba la primera aerolínea comercial para personas, un Quijote valenciano enamorado de los árboles monumentales publicaba el libro ilustrado Algunos árboles y arbustos viejos de la provincia de Valencia tras cabalgar por el territorio valenciano en busca de estos pacíficos y entrañables gigantes verdes. Se llamaba Rafael Janini, era ingeniero agrónomo honorario de la Diputación de Valencia y su obra fue revolucionaria: dicen los expertos que fue el primer tratado publicado en España —y uno de los primeros del mundo— en recoger una muestra ilustrada de árboles monumentales, antiguos o simbólicos. Olmos de 7,85 metros de perímetro de tronco, carrascas de circunferencia de fuste con 8,48 metros, pinos piñoneros de 23 metros de altura, olivos milenarios, esbeltas palmeras datileras cuasi centenarias o superdotados de la naturaleza como un naranjo que en 1912 dio 107 arrobas de naranjas —más de 1.300 kilos—, un algarrobo que producía 76 arrobas de fruto, y un olivo que en los años de buena cosecha llegó a parir más de 70 litros de aceite.

Son los datos que aportaba Janini. Pero lo más importante eran las fotos. Ceder el protagonismo a los árboles, convertirlos en modelos, darles rango de esculturas de la naturaleza, otorgarles carácter de patrimonio. Tal vez ahora exista una conciencia en ese sentido. Entonces no la había. Y Janini lo lamentaba y veía claramente la razón: «No será posible conseguir una repoblación forestal intensa y duradera, todos los esfuerzos de los amigos del árbol quedarán reducidos a buenas intenciones, chispazos y lirismos mientras no dé un gran avance la repoblación intelectual media de nuestra patria». Sin educación, aventuraba, no habría conciencia arbórea. Y por eso él quiso divulgar la riqueza que se erguía en la huerta, el secano, la montaña o el paisaje urbano valenciano en forma de árboles viejos, como los llamaba Janini.

Su libro contaba con 46 fotografías captadas con la colaboración del ayudante de laboratorio, perito químico y fotógrafo Saturnino Muñoz Latorre. Siempre con alguna persona presente en la imagen —para reflejar la proporción y el contexto—, el opúsculo de Janini retrataba ejemplares de veintitrés municipios valencianos: Alcublas, Alfafar, Alzira, Aras de los Olmos, Barxeta, Buñol, Burjassot, Carcaixent, Carlet, Casinos, Chelva, Cullera, Higueruelas, Llíria, Pedralva, Requena, Ribarroja, Sagunt, Serra, Valencia, Vallanca, Vinalesa y Yátova.

Aquellas fotografías captadas hace un siglo se daban por desaparecidas. Pero de forma inesperada, y tras años de ardua investigación, el Departamento de Árboles Monumentales de Imelsa de la Diputación de Valencia ha logrado localizar 23 de las placas fotográficas positivas monocromas sobre vidrio fijadas con sales de plata en emulsión de gelatina. Es la recuperación de un legado de incuestionable valor por su relevancia para el patrimonio identitario de la historia, la naturaleza y la cultura valenciana.

Eso cree Bernabé Moya, director del departamento de Árboles Monumentales y otro Quijote como Janini de la causa de los árboles viejos. Él expresa otro lamento actualizado a los tiempos. «Desde la edición de este original tratado ha pasado un siglo. Y durante este lapso de tiempo, una parte muy significativa de estos árboles emblemáticos, y también de otros muchos, han desaparecido. Sólo quedan cuatro árboles vivos de los 23 árboles retratados en las fotografías recuperadas. El ataque de plagas y enfermedades, las transformaciones agrícolas, urbanísticas y viarias, la tala indiscriminada, el expolio o el abandono son algunas de las causas. Muchos de ellos, casi sin darnos cuenta, fueron cayendo en el olvido y, con ello, se fue una parte importante de nuestra historia e identidad. Desdichadamente, esta situación no es exclusiva de nuestra provincia ni de España», reflexiona este botánico.

Hoy, en la Comunitat Valenciana hay catalogados 880 árboles monumentales con más de 350 años o 30 metros de altura. Además del trabajo de las Administraciones, es crucial para su futuro el apego de la población. Janini lo sabía. Por eso recogía en su libro numerosas historias y leyendas populares ligadas a los árboles. Como la olivera del espardenyer en Sagunt, cuyo colosal tronco sirvió de hogar y lugar de trabajo a un vecino que desempeñaba el oficio de zapatero en su interior. O la olivera de Sant Vicent Ferrer de Llíria, desde la que el 30 de agosto de 1410 el santo dominico anunció que la fuente no se secaría. O la presencia central del Olmo de la plaza del Olmo de Aras de los Olmos, cuya instantánea también se ha recuperado para poder admirar un ejemplar ya desaparecido.

Otros árboles desfilan por el libro de Janini, como el Pino del Pobre en el Rebollar, el Pino de Fulfa en Yátova, el Olivo de La Juana de Casinos, el Olmo Negro de la Fuente Blanca de Carlet, un almez de Alfafar, un enebro de Riba-roja de Túria, un pino carrasco de Requena, una encina de Higueruelas, una sabina de Alcublas? Los cuatro supervivientes que ya eran gigantes en 1914 y que permanecen en pie cien años después son el Pi de la Bassa en Serra, la Yucca y el Árbol de la Lana en el Jardí Botànic de Valencia, y el Chopo de la Fuente del Canalón en Negrón, aldea de Vallanca, un pequeño pueblo del Rincón de Ademuz.

Los tres viudos de Negrón
Este último árbol monumental tiene una historia de soledad barnizada de esperanza. El chopo está enclavado en la aldea de Negrón, que en invierno cobija a sólo tres personas. Son tres hombres viudos: Fausto, Felipe —con su burra— y otro hombre en cuya casa se sirven comidas a modo de bar improvisado. El bucolismo se pelea con el anacronismo en peligro de extinción en estas casas que aún esconden cantareras, lumbres de fuego y alacenas. Sólo quedan tres personas fijas en un territorio repleto de pueblos abandonados. El chopo los ha visto marchar o morir a todos. Él ya está viejo. Pero tiene recambio: un hijo suyo situado a diez metros. Tal vez la aldea de Negrón no tenga tanta suerte y esté condenada. Un siglo después, resuenan las palabras de Janini pero ligadas al freno de la despoblación rural, que quedará reducido «a buenas intenciones, chispazos y lirismos mientras no dé un gran avance la repoblación intelectual media».

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