05 de enero de 2014
05.01.2014
Investigación

Valencianos en el CERN

La crisis complica el futuro de 500 españoles en el principal centro de investigación europeo

05.01.2014 | 05:30

La Organización Europea para la Investigación Nuclear, el CERN, es el punto más importante del planeta en la persecución científica de la explicación al origen del Universo y a la física tal como la conocemos

A partir de las siete de la mañana, la vía principal que atraviesa las instalaciones de la Organización Europea para la Investigación Nuclear (CERN), a las afueras de Ginebra (Suiza), soporta un tráfico tan intenso como el de cualquier ciudad: camiones de reparto, vehículos de trabajadores y decenas de coches blancos con el anagrama del centro. El punto del planeta más importante en investigación de partículas amanece cubierto de hielo y la niebla ginebrina se congela causando una llovizna de nieve. Pero la actividad importante ocurre cien metros bajo tierra, donde se buscan las respuestas a los interrogantes del Universo: ¿De qué está compuesta íntimamente la materia que conocemos? ¿Qué es la misteriosa materia oscura que representa la cuarta parte del cosmos y que se intuye analizando la rotación de las galaxias? ¿Qué sucedió en los instantes inmediatamente posteriores al Big Bang para que la naturaleza se comporte del modo que percibimos?

Miles de físicos, ingenieros y técnicos de todo el mundo, entre los que se encuentran cerca de 500 españoles, algunos de ellos valencianos, trabajan en una institución que cumplirá en 2014 sesenta años de vida y que constituye todo un paradigma de lo que significa la ciencia: colaboración en paz entre países, persecución del conocimiento, rigor hasta el mínimo detalle y generación de tecnología abierta a la sociedad.

Allí, en un despacho del edifico número 2 del centro, nació la «world wide web», la triple w que permite que accedamos a cualquier página web de internet. También en sus instalaciones se desarrollan hoy aparatos más eficaces que ayudarán a mejorar la detección del cáncer.

Bajo el suelo del CERN, cruzando incluso la frontera con Francia, discurre el Gran Colisionador de Hadrones (LHC), un enorme conducto rodeado de electroimanes superconductores ultrafríos que dirigen protones a lo largo de una circunferencia de 27 kilómetros.

El tren que alteraba los datos
Se trata de un enorme trabajo de ingeniería y precisión milimétrica para lograr la colisión de estas partículas, presentes en el núcleo atómico. «Incluso se midió la leve influencia gravitatoria que la Luna ejerce sobre el suelo y que en el mar causa las mareas», cuenta José Miguel Jiménez, natural de Granada y responsable del departamento de vacío del CERN. Cualquier pequeña perturbación que afecte al vertiginoso recorrido que los paquetes de protones realizan por el acelerador debe ser estimado.

Una de las anécdotas que se cuentan en los pasillos de las intalaciones tiene que ver con el anterior acelerador, el LEP. Periódicamente, a cierta hora, el haz sufría una muy leve perturbación. Un técnico se percató de que la causa era un efecto eléctrico asociado al paso del tren de alta velocidad francés, a un kilómetro de distancia.

El actual acelerador de partículas permite que los protones colisionen en varios puntos del anillo, donde se encuentran cuatro enormes detectores que llevan los nombres de CMS, ATLAS, LHCb y ALICE. En todos ellos existe una relevante participación española, no sólo científica, sino también tecnológica. La ciencia española de partículas vive su momento dorado: «Nunca antes habíamos estado en un descubrimiento de la envergadura del bosón de Higgs», explica el valenciano Antonio Pich, catedrático de Física Teórica en el Instituto de Física Corpuscular de la Universitat de València. Está al frente del CPAN, un organismo que aglutina a todos los centros de investigación españoles en física de partículas, nuclear o astropartículas.

El programa que permitió constituir esta red está a punto de extinguirse y aunque el gobierno se ha comprometido a seguir financiando la investigación de partículas en España (ya se ha constituido una comisión específica) la incertidumbre financiera en un momento tan dulce causa inquietud.

«Cuesta mucho llegar a la posición que tenemos, y en física de partículas, si no estás aquí, mejor te dedicas a otra cosa», dice ante el imponente detector ATLAS, de 45 metros de largo y 25 de altura. Numerosos investigadores formados en universidades españolas optan por vincularse a instituciones de otros países para seguir trabajando en el CERN. Sus posibilidades de regresar a España se esfuman.
José Enrique García Navarro lleva en el CERN desde 2008. Hizo su tesis con la Universitat de València sobre el detector ATLAS y posteriormente realizó un postdoctorado en la Universidad de Ginebra donde ejerció como profesor asociado. Desde hace dos años cuenta con una beca Ramón y Cajal en el Instituto de Física Corpuscular de Valencia. «Estoy como coordinador de la producción de datos simulados en el detector ATLAS», explica.

Reconoce que su futuro es complicado: «Sin plazas las expectativas en España no son buenas». Para Jose Enrique, estar en el CERN significa «permanecer en contacto con las personas que directamente trabajan en los experimentos y también es una oportunidad para hacer cosas».

Sebastián Pedraza López, natural de Huelva, también forma parte del equipo del Instituto de Física Corpuscular. «Vine al CERN cuando se me ofreció la oportunidad de hacer el doctorado aquí, comencé con el alineamiento del detector interno de ATLAS y ahora estoy en la fase de análisis», explica. Su caso es muy similar al de Vicente Lacuesta.

Natural de Torrent, lleva años trabajando en el CERN y ahora intenta concluir su tesis que abunda en ciertos procesos que generan un único «quark top». También trabajó primero en el alineamiento del detector interior del experimento ATLAS y posteriormente pasó al análisis de datos. «Intentaré encontrar un postdoctorado, porque regresar a España es bastante complicado» apunta. «Estoy en el centro de partículas más importante del mundo, es muy relevante, pero los españoles tenemos cierta incertidumbre» reconoce.

La crisis y las restricciones presupuestarias también afectan a los científicos que se dedican a la física de partículas. «Estamos a punto de atravesar una línea roja», admite Pich.

Los científicos españoles resaltan la importancia de que el compromiso español en el centro europeo esté consolidado y no sujeto a vaivenes. «Las empresas españolas han construido piezas fundamentales del LHC. Esos contratos constituyen buena parte del retorno económico de la financiación aportada por los 20 estados miembro», señala Isidro González de la Universidad de Oviedo.

«Estar aquí requiere convencer a las instituciones y a los otros países de que puedes hacerlo bien y eso necesita una financiación constante, una presencia continuada, estabilidad y fiabilidad para que el CERN confíe en que vas a responder a los retos que te plantee», destaca González.

Compromiso español
Rolf Heuer, director del CERN, es un tipo cercano, alto, de cabello blanco y que habla un inglés que suena a alemán. Exhibe con orgullo el premio Príncipe de Asturias por el descubrimiento del bosón de Higgs junto a los teóricos que predijeron su existencia. El galardón español alivia la pequeña espina clavada que le queda al centro por no haber sido incluido en el premio Nobel, que sí se han llevado los físicos teóricos Peter Higgs y Francois Englert. «Todo el mundo sabe que el CERN estaba ahí» dice Heuer con una sonrisa.

En su visita a España coincidió con el ministro de Economía, Luis de Guindos. De aquella reunión salió un compromiso para que España abone los 77 millones de euros que debe a causa de retrasos en el pago de su contribución al CERN.

En total, España aportará este 2014 que comienza 110 millones de euros, 35 millones adicionales a los 75 que anualmente debe pagar el país como miembro de la institución. La asignación de cada estado miembro se determina en función de su producto interior bruto y España debe contribuir con el 8,5 por ciento del presupuesto anual del CERN. «No suelo ser optimista, pero a este respecto lo soy» señala el director del CERN. «Desde luego la crisis no ha afectado a sus cerebros», bromea.

Lo que está claro es que el CERN ha cumplido con su eslógan: «Acelerando la ciencia». Tras el bosón de Higgs, la física de partículas se lanza a la conquista de un espacio inexplorado, cargada de preguntas. Se trata de una aventura apasionante en la que España y sus científicos pueden seguir desempeñando un importante papel.

El reto a medio plazo ya está sobre la mesa: Rolf Heuer ha convocado a los expertos para sopesar la construcción de un acelerador aún mayor, que tendrá una circunferencia de hasta 100 kilómetros. Será el modo de acercarse más y más al origen de todo, al Universo ardiente y extraño que se produjo inmediatamente tras el Big Bang y que se convirtió en el actual siguiendo unas leyes que el ser humano comprende cada vez mejor pero a las que trata de encontrar un sentido.

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