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Doblador

Las tres vidas del Geni Tortuga

De maestro de escuela a doblador en la mítica 'Bola de Drac', Francesc Fenollosa lleva 400 talleres 'amateur'

Fenollosa, con los aparatos de su taller de doblaje.

Fenollosa, con los aparatos de su taller de doblaje. José Aleixandre

Lo que para unos fue Heidi, para otros Mazinger Z o incluso Marco, La Abeja Maya o Vickie el vikingo, para una generación de valencianos que hoy se mueven entre los veintipocos y los treinta y muchos fue la serie animada Bola de Drac, con Son Goku, Krilin, Vegeta o Satanàs Cor Menut. Pero no se trata de cultivar la nostalgia emanada de esas infancias, sino de descubrir la evolución de quien ponía la voz valenciana a uno de los carismáticos personajes de la serie: el Geni Tortuga, aquel maestro de artes marciales inventor del kame hame ha y adicto a los culos de las jovencitas y sus braguitas. El doblador era Francesc Fenollosa. Y como si fuera un personaje de aquella serie japonesa inspirada en un relato chino del siglo XVI titulado Viaje al Oeste y conocido como La Leyenda del Rey Mono, su existencia ha tenido tres vidas.

La primera arranca en la Vall d'Uixó, donde nació el 25 de abril de 1955. Estudió Magisterio, se hizo profesor de valenciano y saltó de un colegio a otro con la tiza en la mano hasta que decidió reinventarse. Como le entusiasmaba el valenciano oral, Francesc abrazó una criatura que en ese momento estaba naciendo: el doblaje audiovisual al valenciano. Corría el año 1988 y empezaban las primeras pruebas para doblar en la Televisió Valenciana que se estaba gestando. Él se formó como doblador en Barcelona, en el estudio QT Lever. Luego regresó con billete directo a Xirivella, al estudio Pertegaz, para emprender su segunda vida como doblador profesional. En aquel estudio se dobló Bola de Drac, entre 1991 y 1992, a las órdenes de cuatro directores de doblaje: Montse Anfruns, Martí Pic, Aureli Delgado y el mismo Francesc Fenollosa.

Dos décadas después, el Geni Tortuga revela un secreto. «En ese momento no éramos conscientes del boom que estaba significando Bola de Drac. Estábamos encerrados en el estudio y no vimos lo que pasaba en la calle. Eso lo supimos después al constatar el enorme impacto que tuvo en una generación». Y pone un ejemplo: hay un grupo en Facebook que exige la vuelta de Bola de Drac. Está creado por gente del sur: una persona de Elx y otro de San Pedro del Pinatar, en Murcia, donde también llegaba la señal de TVV y veían la serie en valenciano. Como en Requena, como en Orihuela, como en Ademuz. Nadie lo ha resumido mejor que su amigo Vicente Molina, creador de animación. «Él cuenta que en Villena había problemas con el valenciano en la escuela hasta que llegó Bola de Drac. A partir de ahí se acabó el problema». Porque la serie diluía los prejuicios hacia la lengua que empezaba a sonar por televisión. Y Son Goku hizo más que Fuster o Estellés en aquellas áreas.

Después de un éxito brutal entre el público infantil y juvenil, algunas quejas de padres motivaron el final abrupto de la serie en el capítulo 213, a punto de que empezara el 25º Torneo de las Artes Marciales. Moría la serie, pero nacía el mito. «Mucha gente se hace fotos conmigo porque soy la voz del Geni Tortuga. Me piden autógrafos o grabaciones para regalar a amigos o familiares. Incluso me han hecho regalos en alguna tienda al entregar mi tarjeta de visita», cuenta.

Pero aquella vida acabó. Francesc se había enamorado del personaje desde el inicio. Tal vez porque ya entonces flirteaba con las filosofías orientales, en especial el hinduismo, el budismo y el taoísmo. Desde el 11 de septiembre de 1994 practica la meditación zen de forma sistemática y en los últimos años ha incorporado elementos del budismo tibetano. Al Geni Tortuga le deslumbra la personalidad del Dalai Lama. Conoce y admira Oriente, pero está en Occidente, donde, según cuenta, «el primer miedo es a la muerte y, el segundo, a hablar en público». ¿Por qué? «Tenemos miedo a ser juzgados, analizados y a saber qué dirán de nosotros. Y cuando hay conflictos de personalidad, se manifiestan en la voz. Mucha gente que se deprime pierde la voz», ejemplifica.

Del bache a la reinvención

Eso mismo le ocurrió a él. En 2010, Canal 9 anunció un recorte del 70 % en el doblaje al que se dedicaba Francesc Fenollosa en series, películas, etc. «El mundo profesional que yo había conocido se acababa». Francesc pasó 55 días de depresión. Pero salió de su caparazón y decidió volver a ser fénix para reinventarse con una tercera vida: impulsor de talleres didácticos de doblaje amateur para fomentar la comprensión lectora y la expresión oral de forma lúdica y participativa. Desde alumnos de primaria y secundaria a asociaciones de adultos, ya ha realizado más de 400 talleres de este tipo: de Elx a Girona y de Lleida a la Marina. Casi siempre en valenciano, pero también en otras 34 lenguas (hasta en chino, ruandés, urdú o esperanto). «Lo importante es divertirse, integrar y jugar a ser otra persona, como cuando éramos niños», indica.

Al escucharle ante su segundo descafeinado, si algún día reúne las siete bolas de drac y emerge el mágico dragón, uno intuye el deseo que pedirá: que vuelva aquel Canal 9 capaz de hacer jugar y cantar en valenciano de Vinaròs a Guardamar.

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