El pasado 15 de abril, a la salida de su segunda declaración como testigo en el caso Nóos, por escrito y en la sede del Consell Jurídic Consultiu (CJC), el expresidente Francisco Camps mostró claras señales de haber superado la etapa del silencio, la resaca de los dos años de convulsión por la causa de los trajes Gürtel, que coronó con el juicio con tribunal del jurado que lo absolvió. Aquel día hizo un alegato para reivindicar los grandes eventos y su gestión en la Generalitat, pese a la deuda y los escándalos de corrupción que la jalonan. Anteayer miércoles, al poco de hacerse pública la sentencia de condena a 8 años de prisión y 20 de inhabilitación al exconseller Rafael Blasco, Camps se plantó ante la prensa en pasillos de las Corts y durante 18 minutos proclamó su fe en la «inocencia de todo el mundo» y rechazó asumir ninguna responsabilidad pese a que los delitos de malversación, prevaricación y falsedad fueron cometidos por Blasco y la plana mayor de la Conselleria de Solidaridad siendo él presidente.

«¿Jamás sospechó nada?». «Jamás», sentenció. «Ni yo, ni Zaplana, ni Olivas, ni Lerma, ni nadie del PSPV ni del PP», agregó. Nadie desconfió, dijo. Se le recordó que Joan Lerma apartó a Blasco, cuestión que Camps no quiso abordar. El expresidente socialista declaró ayer a este periódico que no tenía ninguna intención de «entrar en polémicas», porque los hechos son «incontestables». Pero recordó que Blasco fue destituido de su gabinete en diciembre de 1989 y que finalmente los tribunales no lo declararon inocente sino que se «anularon las pruebas». «La sentencia de este caso Cooperación no es personal, es una sentencia contra el PP que lo fichó cuando sabía perfectamente todas las irregularidades que había cometido y por las que nosotros lo habíamos apartado», explicó ayer el expresidente socialista. «El PP sabía a quién estaba repescando», abundó Lerma, quien también subrayó que, del mismo modo, el Consell del PP del que ha formado parte ha estado al tanto de la trayectoria del hoy condenado.

Lerma destituyó a Blasco el 28 de diciembre de 1989 cuando la entonces directora general de Urbanismo, Blanca Blanquer, interpuso una denuncia en la Fiscalía contra dos funcionarios al tener fundadas sospechas de que se habían ofrecido a cambio de 500 millones de pesetas „el equivalente a tres millones de euros„ para una reclasificación urbanística en las Salinas de Calp. Este episodio motivó la intervención de los teléfonos de la Conselleria de Obras Públicas, Urbanismo y Transportes (Coput). A raíz de esos pinchazos se descubrieron conversaciones que apuntaban hacia un posible amaño en la venta de una parcela de la empresa pública Ivvsa en Paterna, junto a RTVV, que fue sacada a concurso a precio muy inferior al de mercado. El caso sentó en el banquillo a Blasco y a otros cinco acusados. El 18 de mayo de 1990, el magistrado instructor Juan Climent „uno de los firmantes de la condena por el caso Cooperación„ dio por válidas las grabaciones, que constituían una prueba inculpatoria. Pero en julio de 1991, el TSJ absolvió a los acusados al anular las grabaciones por entender que la forma en que un juez ordenó intervenir los teléfonos vulneraba los derechos ciudadanos.

Circunstancias parecidas se dieron, por cierto, con las cintas del caso Naseiro, el primer gran escándalo de presunta corrupción de la democracia valenciana. En julio de 1992, el mismo TSJ invalidó las cintas del caso de la presunta financiación ilegal del PP porque las grabaciones en las que aparecía el entonces concejal de Valencia Salvador Palop se consiguieron al pinchar el teléfono de su hermano, el abogado Rafael Palop cuando se perseguía un delito de narcotráfico y no de financiación del partido.

«No había que pincharle»

José Luis Olivas, que fue presidente de la Generalitat en la transición entre Eduardo Zaplana y Francisco Camps „desde julio de 2002 a julio de 2003„, evitó entrar en consideraciones sobre si «sospechó» o no de las actividades del exconseller Blasco, en palabras de Camps. «En el tiempo en el que estuve con él, que fue poco, siempre fue persona muy trabajadora y muy cumplidora». «No tenías que pincharle», subrayó de forma elocuente sobre la capacidad emprendedora de Blasco. «Todo lo que se le encargaba lo resolvía con eficacia y con rapidez», concluyó de forma elogiosa Olivas. Este periódico no pudo recabar ayer la opinión del expresidente Zaplana sobre las declaraciones de Camps y la sentencia.