02 de noviembre de 2014
02.11.2014
Formación

La otra mirada del arte

El trencadís de las charcuterías de Mercadona es la última creación de los alumnos del centro especial Koynos También imparten clases de yoga, baile y salidas por Valencia

01.11.2014 | 23:12
Los chicos realizan diariamente actividades artísticas en los talleres del centro ocupacional.

El centro de ocupación terapéutico Koynos lo fundaron en 1977 un grupo de padres de niños con síndrome de Down. A día de hoy los progenitores siguen marcando las pautas de la entidad. Los jóvenes realizan en el centro ocupacional talleres artesanales de bricolaje, cocina, pintura y manufacturas.

Suena una música clásica de fondo y los chicos atienden expectantes las indicaciones de Jaime, el monitor del taller de creación plástica. Aquí es donde ellos dejan volar su imaginación. «Decoramos piezas de cerámica, jarrones con la técnica del trencadís, maceteros de escayola, cuencos, zapatos, cuadros... Lo que más les gusta es pintar con colores muy vivos, tienen horror al vacío. Esta actividad les llena muchísimo», explica uno de los profesores de la Cooperativa Valenciana Koynos en Godella.

Este centro de ocupación terapéutica lo fundaron en el año 1977 un grupo de familias de personas con síndrome de Down con la idea de mejorar su calidad de vida a través de la creación de servicios y actividades que enriquecieran sus habilidades. «Las personas con síndrome de Down son más autónomas de lo que se cree. Nosotros llevamos 37 años en funcionamiento. Cuando lo inauguramos (un grupo de padres), no había tantos centros como ahora y esto era algo nuevo».

Actualmente, lo coordinan los padres. Ellos son los que en un consejo marcan el ideario, y la verdad es que están encantados», asegura el presidente del centro, Ernesto Lapiedra.

Koynos está situado en una zona residencial, lo que hace que su entorno sea más agradable. Los chicos pasean libremente por los alrededores, ayudan a mantener las instalaciones del centro en buen estado y conviven como una gran familia. «El recinto dispone de un área de colegio para alumnos de 3 a 21 años. Las aulas son reducidas (5-8 alumnos por tutor) porque son clases más especializadas. Tienen las ratios normales para un centro de educación especial y varía en función de las necesidades individuales de apoyo que necesiten», asegura Encarna Pozo, directora y coordinadora de la entidad. Y añade: «en la primera etapa se les enseña autonomía personal, habilidades sociales, técnicas de comunicación, conocimiento del medio además de aprendizaje académico, educación artística y desarrollo motriz».

Una de las actividades extraescolares con las que cuenta el centro es la del servicio de fisioterapia. «Tenemos alumnos que necesitan recibir una terapia diaria de fisioterapia para ayudarles en su actividad física, por eso, ofrecemos este servicio. El centro dispone en plantilla de 30 profesionales, entre profesores, monitores, logopedas, psicólogos...», explica Encarna.

Pero más allá de la vida escolar, Koynos ofrece un rendimiento ocupacional, para que cuando terminan su etapa de educativa puedan complementar su formación. « El centro ocupacional está dividido en talleres. Aquí es donde se centra la actividad diaria. Uno de nuestros objetivos es que consigan las habilidades necesarias para alcanzar el mayor grado de autonomía posible en la realización de sus tareas. Los hay de bricolaje y mantenimiento de exteriores, de trencadís, de reprografía, de cocina, de artesanía y de lavandería, los vamos cambiando según las necesidades», asegura Encarna.

El día a día de la entidad está abierto a las necesidades de los alumnos. Los más pequeños en el tiempo libre disfrutan del patio pero los adultos cuentan con aulas de descanso, informática y lectura «Cuando llegan los padres a inscribir a sus hijos lo que buscan es un lugar donde sus hijos sean felices, es decir que nosotros podamos cubrir sus necesidades emocionales, personales, educativas y de ocio. Y eso es lo que perseguimos», asegura la directora del centro.

Realizan artesanalmente una gran variedad de artículos. Desde piezas de porcelana (flores, jarrones), textiles (servilleteros, manoplas de cocina, delantales, salvamanteles, posavasos), pinturas en abanicos, libretas, tarjetones de boda, imanes para la nevera, pulseras entre muchas más. «Algunos tienen su propio estilo y se distingue un dibujo de otro. De año en año, vamos cambiando los talleres, porque no están trabajando todo el día. Hoy en día los centros ocupacionales están más centrados en la calidad de vida de las personas con discapacidad intelectual. Nos interesa más contribuir a que mantengan un estilo de vida saludable en lugar de dedicar la mayor parte de su jornada en el centro a la producción», explica Pozo.

Todas las piezas que tematizan y desarrollan en los talleres las venden en una pequeña tienda que tienen en el centro. Entre los pedidos destacan los encargos para eventos como bodas, comuniones incluso para regalos corporativos de empresa. «Los beneficios que se obtienen de las ventas de productos son mínimos y a día de hoy el centro se financia por las subvenciones anuales que recibe de la Consellería de Bienestar Social y de las cuotas que pagan mensualmente los padres. Los encargos realmente no sustentan aunque sí que ayudan como el encargos de los murales de trencadís de las pescaderías y charcuterías de Mercadona» concluye Encarna.

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