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De José y Carmen a Hugo y Lucía

Un siglo de nombres: del país católico a la "aldea global"

Las estrellas de la moda y el deporte sustituyen a los santos como elemento de inspiración para los padres

Un siglo de nombres: del país católico a la "aldea global"

Un siglo de nombres: del país católico a la "aldea global"

Hubo un tiempo en que la mayor excentricidad que podía cometer un padre era ponerle a su hijo el nombre de un viejo emperador romano como Constantino, alguno de origen griego como Teodoro o germánico como Gumersindo. No era un país para extravagancias. En Valencia, y en España, el santoral y la Biblia eran la hoja de ruta a la hora de escoger el nombre para la prole. José, Francisco, Antonio, Juan, Manuel, Rafael o Salvador formaban el simplificado abanico habitual, sin intromisiones durante décadas. Apenas un puñado de Hermenegildos, Rodrigos o Recaredos, de indudable genética goda, para los que se atrevían a desviarse de los caminos del nacionalcatolicismo antes y después de la guerra.

Hoy la onomástica valenciana ya no sólo sigue el ritmo de la tradición y la fe. Los nuevos dioses marcan tendencia sobre pasarelas y estudios de cine y celebran sus hazañas en los estadios, templos modernos. La cultural global que la televisión introduce en cada salón conforma hoy el santoral moderno.

Tanto ha cambiado la sociedad durante el siglo XX que un nombre de origen griego como el del rey macedonio Alejandro ha reinado en Valencia durante las últimas décadas. Solo recientemente, ha perdido el trono en favor de Pablo, un nombre romano convertido en protagonista principal del cristianismo. Hoy, las denominaciones más tradicionales han dejado paso a una onomástica en la que el valenciano se ha hecho al fin un hueco y proliferan sonoridades más potentes. Como la euskera (Iker, Aitor, Asier, Unai, Gorka figuran entre los cien primeros), germánica (Hugo, nombre de diseñador, fue el nombre más usado en la C. Valenciana en 2013), vikinga (Eric ya está el 32) o griega (Héctor, el 13). Aunque en la última década, dos evangelistas como Marcos o Lucas han escalado posiciones a grandes saltos y ya se encuentran entre los 15 primeros. Y Mateo es el 35. Un «revival» bíblico.

Más Dylan que Emilios

Capítulo aparte merecen los nombres de origen anglosajón, que amenazan con desalojar a los clásicos al dictado de la moda y el deporte en la era de la televisión. Izan (también está registrado «Ethan», incluso «Neizan»), que evoca a un actor de Hollywood, es el vigésimoprimer nombre más usado en lo que va de década con 421 niños. Ese nombre surgió en los primeros 2000 y se ha consolidado. Kevin ha perdido algo de fuelle, pero resiste (lugar 108), como Dylan, que desde los 90 al calor de un éxito televisivo juvenil es un clásico entre las rarezas y hoy es más habitual que Emilio en las guarderías. Los dioses del balón también inspiran a los padres. A beneficio de anecdotario, en Valencia provincia han nacido desde 2010 seis Lionel (como Messi). Leo hay muchos más, y están en el lugar 51. Y hay otros cinco Ever, como Banega, y cinco Neymar. Lo de Iker Casillas, conviene aclarar, es más que una moda pasajera y se encuentra en el lugar 22 de nombres más comunes de esta década, según los datos del INE. La C. Valenciana tiene 3.000 portadores de este nombre, con una media de edad de 12 años, tantos como temporadas de éxito lleva el futbolista.

Con la onomástica femenina se ha vivido un proceso similar. El españolísimo y tradicional Carmen (desde la Virgen del Carmen hasta la racial «Carmen» de Mérimée) ha sido el nombre más común casi todo el siglo hasta los 80, cuando fue sustituido por María. Junto al trono de Carmen, durante las décadas anteriores y posteriores a la Guerra dominaron los de evocación católica: Josefa, Josefina, Dolores, Concepción, Encarnación, Consuelo o Pilar, patrona de España. Ya desde los 80, aparecieron nuevas referencias, también de tradición judeocristiana: Marta, Ana, Raquel, Verónica, etc, junto a otros de sonoridad italiana como Sandra, o los latinos como Patricia, Beatriz. O Laura, de gran éxito entre las nacidas en los 80 y 90, y Lucía, que es el más común para los padres de esta década y el más impuesto en 2013.

Como en el caso de los hombres, el siglo XXI ha traído nuevas tendencias para ellas. Resisten el latino Paula y el hebreo Sara, pero Laura, Ana o Cristina van dejando paso a nombres que remiten a las pasarelas de alta costura y a las pistas de tenis: Daniela, Claudia, Martina, Adriana y Valeria se han establecido entre los 20 nombres más comunes en lo que va de década. O el reciente «boom» de Carla, germánico y ahora el cuarto más común. Las Carlas valencianas, más de 9.000, no superan los diez años como promedio. En Valencia, Castelló y Girona es donde mayor impacto ha tenido este nombre.

Iker y la emigración vasca

Además de Iker, en Valencia ha arraigado la moda de nombres euskeras para ellas: Nerea, Ainhoa, Leire, Ainara, Nayara o Aroa están entre los 60 más comunes para las recién nacidas.Pero no es solo un fenómeno del siglo XXI. Según los datos del INE, Valencia tiene una de las frecuencias más elevadas en nombres como Begoña o Arantxa, algo que los expertos atribuyen a la emigración vasca al Camp de Morvedre en las primeras décadas del siglo, vinculada a la industria metalúrgica y siderúrgica.

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