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El teletrabajo se estanca

Funcionarias más allá del espacio

La Generalitat paraliza la fórmula del teletrabajo después de haberla aplicado con éxito durante tres años a parte del colectivo de promoción lingüística

Funcionarias más allá del espacio

Funcionarias más allá del espacio

Corría el mes de marzo de 2011 cuando el entonces Ejecutivo de Francisco Camps puso en marcha un proyecto piloto para introducir el teletrabajo en la Administración valenciana. La experiencia convirtió a tres personas con plaza de traductores en el Diario Oficial de la Comunitat Valenciana (DOCV) en funcionarias a distancia. El personal que de forma voluntaria se apuntó al proyecto dejó de acudir físicamente a su puesto de trabajo durante tres días a la semana y a realizar sus tareas desde un ordenador, fundamentalmente desde casa. Pese a que la experiencia fue positiva para la Administración (en siguientes convocatorias se sumaron doce personas más), en enero de 2014 la Generalitat dejó en punto muerto la iniciativa por temor a que esta opción de trabajo, que en está en marcha en otras comunidades, se le volviera en contra. Se corría el riesgo, concluyeron en la conselleria, de que el hecho de ofrecer de forma más generalizada a los empleados públicos trabajar tres días a la semana en su domicilio (los otros dos debían seguir asistiendo a sus puestos de trabajo) fuera interpretado como una prerrogativa más.

Función Pública contaba ya con un borrador de decreto por el que se regulaba la prestación de servicios en régimen de teletrabajo del personal empleado público de la Administración de la Generalitat. El documento, que obtuvo el visto bueno de los sindicatos, afirmaba que la Administración Pública no podía ser ajena al cambio cultural que suponía las nuevas formas de gestión de personal y apostaba por introducir las nuevas tecnologías para mejorar la prestación de los servicios. «El trabajo desde el domicilio supone una forma de trabajar con la información, mediante herramientas informáticas y telemáticas y sin dependencia de un espacio concreto», añadía el preámbulo de un norma que lleva nueve meses en el cajón. Sin demasiadas explicaciones, el Consell puso fin a la experiencia y devolvió a las 15 personas teletrabajadoras a sus respectivos centros de trabajo, a su espacio de siempre.

Aunque también hubo hombres que se apuntaron a la iniciativa (cinco sobre diez mujeres), la mayoría fueron mujeres que vieron en el teletrabajo la oportunidad de conciliar su vida laboral y personal. La conciliación tiene nombre de mujer, también en la Generalitat. Sin embargo, en la era digital y mientras el Consell presume de caminar hacia una Administración sin papeles, el teletrabajo ha dejado de ser una realidad en la Generalitat.

Inma Navarro, Alicia Marqués, Susana Bosch son las técnicas en promoción lingüística con las que empezó el proyecto piloto. Y, pese a lo que puede parecer a primera vista, trabajar fuera del despacho no es necesariamente un camino de rosas. Las funcionarias, que se comprometieron a asumir la inversión, utilizaban su propio ordenador y su teléfono móvil con el que se conectaban con sus responsables para ejecutar su faena. Las mismas horas, en la misma franja horaria, el mismo trabajo, pero en distinto espacio. «Hicimos un gran esfuerzo y estábamos dispuestas a todo por demostrar que esta nueva forma de trabajar era posible. Se mejoró el control, la productividad y la eficacia», mantiene Inma Navarro, quien desde enero ha vuelto a desplazarse todos los días a la sede de la Conselleria de Educación para realizar el mismo trabajo que hace unos meses hacía desde su ordenador.

El trabajo es el mismo, aseguran, con la diferencia de que ahora invierten más tiempo en los desplazamientos y suponen más coste para la Administración. «Más consumo de luz», por ejemplo, apunta Alicia Marqués, quien lamenta la «oportunidad perdida» de la Generalitat ya que, además de como medida de conciliación, el trabajo debe verse también desde el punto de vista del ahorro y la eficacia, según mantiene la empleada pública. Las trabajadoras explican que la idea de descontrol es falsa, ya que despachaban on line todos los días con sus superiores. Existía, además, un órgano de control que de forma semestral revisaba su trabajo.

Lo cierto es que los informes de Función Pública dan la razón a estas funcionarias, ya que se constató que trabajar fuera del despacho era más productivo: El número de palabras traducidas fue superior a la media. Y es que trabajar a distancia, puede ser la clave para distraerse menos.

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