Una concentración recordó ayer el primer aniversario del cierre de Radio Televisión Valenciana (RTVV) con un minuto de silencio, el recuerdo de las primeras y últimas emisiones del ente y la intervención de la presidenta del comité de empresa, Salut Alcover, que destacó el «gran error» que supuso la decisión del Consell de liquidar la empresa y animó a los presentes a «quitarse el duelo» porque «estamos sin señal, pero tenemos futuro». «Querían enterrarnos, pero somos su tumba», agregó.

El acto, celebrado en la plaza de Manises de Valencia, junto al Palau de la Generalitat, congregó a centenares de personas, que reclamaron la dimisión del presidente de la Generalitat, Alberto Fabra, y reivindicaron medios públicos en valenciano y de calidad. También contó con la presencia de miembros de los tres grupos de la oposición, así como de los principales sindicatos.

Alcover señalóo que este año ha sido «un año de paro» en el que «ha emergido a la superficie la auténtica realidad de esta RTVV, que son 16 directivos imputados, 220 millones de coste del cierre, 1.200 millones de deuda, 1.600 trabajadores en la calle y un sector audiovisual devastado» mientras hay «cero responsables».

Dos televisiones en el aire

Este primer aniversario «en negro» de RTVV se desarrolla en un contexto en el que están en el aire dos nuevas televisiones públicas, una anunciada por el presidente de la Diputación de Valencia, Alfonso Rus, que se prevé que arranque el 1 de enero, y una futurible que no descarta el jefe del Consell, según las condiciones económicas.

Nou „antigua Canal 9„ y Nou Ràdio dejaron de emitir el 29 de noviembre de 2013, apenas 24 días después de que Fabra anunciara su intención de poner fin a este servicio, tras escasas horas de conocer la sentencia del Tribunal Superior de Justicia de la Comunitat Valenciana (TSJCV) que anulaba el Expediente de Regulación de Empleo (ERE) que afectó a un millar de trabajadores. Las reacciones no tardaron en llegar. La oposición en bloque pidió la dimisión de Alberto Fabra y las protestas de los trabajadores desde entonces han sido continuas.

«No cerraré un colegio o un hospital por tener una televisión autonómica», dijo Fabra, para justificar la decisión. Ya desde el primer momento aseveró que el cierre era «innegociable» porque no había «más remedio» por el coste que tenía mantener la televisión.