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Iniciativa

Guerra contra el piropo

La Universitat de València acoge una iniciativa contra el acoso sexual en la calle y en el trabajo que llevará a ayuntamientos e institutos - «Te hace sentir sexualizada, intimidada, humillada o insegura»

­Que la palabra piropo provenga de la raíz griega pyrós («fuego», como pirotecnia o pirómano) ya presagia la facilidad de salir quemado o escaldado de unos requiebros que Francisco de Quevedo ennobleció para el parnaso, al describir la sonrisa de mujer como «relámpago de nieve entre rubíes», y que la calle ha embrutecido y convertido en un arma de acoso sexual bastante más soez que amenaza, asedia, menosprecia o, simplemente, cabrea a la receptora. Ésa es la tesis que defiende un curso realizado en la Universitat de València bajo el título «"¡Guapa!". Cuando otros se toman nuestras libertades», que debate en torno al acoso sexual laboral y el acoso callejero a las mujeres.

La filosofía es sencilla: «Evidentemente, hay diferencia en cómo se recibe un "te metería de todo menos miedo" a "tienes una sonrisa preciosa". Pero, en ambos casos, si no estamos en un contexto de seducción o con alguien conocido o elegido, es inadecuado y no deseado», explica Isabel Lozano, consultora y experta en género y políticas de igualdad que imparte junto a Eva Madrid este curso iniciado en La Nau dels Estudiants de la Universitat de València y que desde este mismo momento va a ofrecerse a ayuntamientos e institutos. El objetivo es crear conciencia y extender la beligerancia contra una práctica que en absoluto resulta inocente al convertir en «objeto sexual» a la destinataria del halago.

Sin embargo, no sólo es el piropo, el exabrupto sexual o los comentarios lascivos. En el espacio público, según recalcan las directoras del curso, las mujeres se enfrentan a muchas otras muestras verbales y no verbales con connotaciones sexuales que proceden de personas desconocidas. «Eso te hace sentir sexualizada, intimidada, avergonzada, humillada, atacada o insegura», añaden. Y despliegan los ejemplos de dicho acoso callejero: gestos vulgares, miradas lascivas, silbidos, bocinazos desde el coche, ruidos de besuqueo o de animales al paso de una mujer, bloqueo del trayecto que ésta lleva, seguimientos o „en los casos más extremos„ rozamientos en el transporte público, tocamientos o pellizcos.

El piropo es, tal vez, la puerta de entrada a este acoso machista más o menos consentido o tolerado entre risas. Isabel Lozano advierte: no se trata de querer prohibir el piropo. No es lo mismo la relación con la pareja o con un conocido que con un desconocido. No es igual una discoteca por la noche que pasar por la calle a plena luz del día. Se trata, principalmente, de desterrar el piropo de ciertas situaciones que lo convierten en algo intimidante para la mujer que lo recibe. «Caminar tranquilas por la calle sin recibir los supuestos piropos por parte de algunos hombres es un derecho, y visibilizarlo como una práctica de violencia sexista es un deber», sostiene Isabel Lozano.

La iniciativa de este curso entronca con el llamamiento a erradicar los piropos que el pasado mes de enero realizó la presidenta del Observatorio de Violencia Doméstica y de Genero, Ángeles Carmona, al entender que son una «invasión en la intimidad de la mujer» y que «nadie tiene derecho a hacer un comentario sobre el aspecto físico de una mujer». Entonces, la polémica se cernió sobre esta reflexión en voz alta. Sin a veces llegar al fondo de la cuestión, como que el piropo sustenta un modelo patriarcal según el cual las mujeres se reconocen a partir de la mirada masculina y emergen como objeto sexual.

La mitad de empleadas, afectadas

Ésa es la primera batalla de este curso. La otra apunta al acoso sexual en el ámbito laboral. La tipología supera a los piropos y los comentarios sexuales disfrazados de broma. El acercamiento excesivo, los gestos y miradas insinuantes, los chistes de contenido sexual sobre la mujer, las preguntas sobre su vida sexual, abrazos y besos no deseados, tocamientos y pellizcos que no vienen a cuento, acorralamientos buscados, presiones más o menos veladas para obtener sexo a cambio de mejoras o amenazas?

Así es el catálogo de prácticas acosadoras en el trabajo que recoge el curso de igualdad. Sus efectos son la inseguridad, el estrés, el sentimiento de ser un objeto sexual en un entorno intimidatorio y a veces el injusto sentimiento de culpabilidad. Según ONU-Women, este trato intimidatorio y humillante, que incluye insinuaciones sexuales no deseadas, contacto físico o chantaje sexual, lo sufren entre un 40 y un 50 % de trabajadoras en los países de la UE. Por eso, las directoras del curso se niegan a resignarse. «Hay que reivindicar nuestro derecho al trabajo en entornos seguros y a transitar libres y seguras en el espacio público».

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