A las 6.30 horas la campana Vicente comenzó a tañer acompañada por la «gran despertà» a cargo de la pirotecnia Peñaroja. La pólvora y la diana de la Colla de Dolçainers i Tabaleters de Castelló marcaban el aviso para acudir a la plaza Mayor a hacer cola y para adquirir una de las 25.000 cañas que se han repartido este año. Junto a la reina de las fiestas y los políticos, miles de personas camino del Castell Vell, lugar de asentamiento de los antepasados de la ciudad. Y tras la comida, la «tornà» desde el cerro hasta la ciudad. Cuando se levantó, siete siglos atrás, sobrevino la noche y una tempestad y las tierras, que eran pantanosas y fangosas, obligaron a portar un cayado y a iluminar el camino con un candil. Las cañas se utilizaban como pértiga para salvar el terreno pantanoso. De ahí viene la tradición.