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Con Vicent J. Martínez en Sant Marcel·lí

"Un barrio batallador como este te daba espíritu de lucha"

El catedrático de astronomía y astrofísica de la Universitat de València destaca de Sant Marcel.lí su esencia transformadora

"Un barrio batallador como este te daba  espíritu de lucha"

"Un barrio batallador como este te daba espíritu de lucha"

Sobre las galaxias, el universo o la cosmología podría disertar largas horas Vicent J. Martínez. Lo haría, además, de forma apasionada y hasta convincente para el neófito en la materia. «Siempre me ha gustado mirar al cielo», apunta quien se confiesa un «enamorado» de las grandes preguntas que siguen inquietando al ser humano. Todo ello con una visión muy científica del mundo, como buen astrofísico, pero sin perder de vista la realidad social. Criado y formado en un barrio humilde y trabajador como históricamente lo ha sido Sant Marcel.lí, Vicent J. Martínez destaca el «dinamismo» de este enclave del distrito de Jesús. Algo que debió contagiársele ya de pequeño. «Esta zona de Valencia siempre se ha caracterizado por su gran lucha en favor del bienestar de sus habitantes, de hecho la asociación de vecinos, muy activa, fue de las primeras que se crearon», recuerda.

Habría que echar la vista atrás, a mediados del siglo pasado, cuando el entonces arzobispo de Valencia, Marcelino Olaechea, promovió la creación de la barriada para procurar viviendas a personas sin hogar. En abril de 1954 empezaba a ser habitado el primer bloque de pisos y en 1976 se fundaba la Asociación de Vecinas y Vecinos de San Marcelino, con un marcado cariz progresista y de defensa de la clase trabajadora. «La realidad que ves de la gente que te rodea te condiciona a tomar de adulto unas decisiones u otras. Este barrio, batallador, te daba eso, espíritu de lucha», señala. En ese punto, hace especial hincapié en la figura del sacerdote Julio Ciges y su «papel dinamizador» de la sociedad. «Estuvo muy implicado con la gente joven y progresista, con la asociación de vecinos, incluso con los no creyentes», incide. «Su puerta estaba siempre abierta para todo el mundo», recuerda con cariño. Otro nombre fundamental para entender la esencia transformadora de la barriada es el del también religioso Juan Ortolá. Fallecido en 2010, fomentó distintas asociaciones de carácter religioso. La primera de ellas, Cáritas, así como el Hogar Parroquial, para posteriormente convertir la antigua capilla o sala de actos en cine. En 1959 se inauguraban las escuelas parroquiales; en 1960, el nuevo templo y se mejoraban los accesos. En 1971, escribía al Ministerio de Educación denunciando «la situación deficitaria de escuelas en la zona para una población escolar que crece». En 1975 se construyeron los dos primeros colegios públicos, el Sara Fernández y el Fausto Martínez. En aquellos años anteriores al final del franquismo y en los que siguieron, el salón parroquial acogió asambleas y encierros de obreros que reclamaban sus derechos. Un enorme poso de lucha social.

Aunque Vicent Martínez vive ahora en Xirivella, con su mujer y sus tres hijos, acude casi a diario a Sant Marcel.lí, donde continúan morando sus padres. Es un tipo apreciado, pues en el transcurso de la entrevista varios conocidos se acercan a saludarlo, a preguntar cómo le va, qué hace, qué es de la familia... En todos se detecta ese punto de admiración hacia el vecino que se ha hecho un nombre, que sale en periódicos, que pertenece al mundo de la investigación. «Tuve que marcharme en su día porque aquí apenas se construía y por tanto era difícil poder vivir, pero echo mucho de menos este barrio», confiesa este licenciado en Matemáticas que no dudó en salir al extranjero para realizar su tesis en Copenhague. Director del Observatori Astronòmic de la Universitat durante 11 años, su actividad docente le valió el Premio a la Enseñanza y Divulgación de la Física 2011 de la RSEF y la Fundación BBVA. Autor de varios libros de divulgación, no hay duda cuando se le conoce que disfuta con su trabajo. Su concienciación, además, no sorprende viniendo de donde viene.

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