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Historia

Cien años en pie y su alquería natal en ruina

Amparo nació en 1915 en l'Alqueria de Burgos, en Tauladella, uno de los edificios más valiosos de la huerta de Valencia, que hoy en día está vacío y abandonado

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voro contreras | valencia

Como la Rebeca de Hitchcock y de Maurier, Amparo todavía sueña con l'Alqueria de Burgos, su Manderley particular, un edificio de la huerta de Valencia que „como aquella mansión victoriana en la que Joan Fontaine pasaba las mil perrerías por culpa de una ama de llaves chiflada y el fantasma de una primera esposa„ hoy apenas es un viejo recuerdo materializado en ruinas. Hace 99 años y 364 semanas que Amparo Burgos Cerezo vino al mundo en esta alquería de la pedanía de Tauladella, al borde del Camí de Meliana, un aún imponente edificio que su padre compró a los «senyorets» que una generación antes habían contratado a su familia para cultivar la tierra. «Los amos vivían en la parte de arriba y mi familia en la de abajo. Un día le dijeron a mi abuelo que se iban a vivir a Valencia, que sus hijos preferían vivir en la ciudad, así que mi abuelo les arrendó la casa y después mi padre la compró con las tierras».

L'Alqueria de Burgos perteneció pues a la familia de Amparo desde finales del siglo XIX o principios del XX. De hecho, aún pertenece a los hijos de su hermano mayor Joaquín, pero los últimos que vivieron en ella fueron sus padres y desde entonces el deterioro ha sido imparable. Pero es bastante más antigua. Los expertos le dan un valor equiparable a l'Alqueria del Pi, y con sus elementos del siglo XVI y XVII y por su disposición, aseguran que tuvo carácter señorial y que incluso contó con una torre (como la Casa de la Serena de Alfara) hoy casi imperceptible. Su último uso fue como taller y para cortar y almacenar cañas de uso agrícola.

Germán Belmonte, el hijo de Amparo, desconoce si existen imágenes de la alquería en su esplendor. «Mi prima (una de las actuales propietarias) me ha dicho que ella no encuentra ninguna foto», asegura. Así que a sus casi cien años de edad, su madre, Amparo, es la única que puede ofrecer un retrato fiel de un paisaje y una forma de vida ya desaparecidos. «Mis padres murieron hace años y soy la única de mis seis hermanos (tres hombre y tres mujeres) que sigue viva». Con su siglo a cuestas, Amparo aún puede presumir de memoria y orden de ideas. «Era toda blanca, y limpia. Usted entraba y tenía el comedor. A un lado estaba la habitación de mis padres, que parecía de casa rica. Y al otro una habitación tan grande que dormíamos en ella los tres hermanos, separados los niños de las niñas por una barandilla. También estaba allí la cocina. Y en la parte de arriba había tres grandes salas y otra cocina desde la que se podía coger agua del pozo de abajo. Después tenía una terraza desde la que se veía el mar y otra que miraba hacia Sagunt, una pequeña ermita, el corral y la cuadra. Si hubiera usted visto los tres caballos que tenía mi padre y la baieta que tenía para tirar de la berlina...».

Ella no lo dice explícitamente pero Joaquín, el padre de Amparo, tuvo que hacer bastante dinero con la agricultura. «Teníamos dos o tres criados y las niñas también teníamos una fadrina que nos cuidaba. Venía mucha gente a trabajar en los campos y mi madre siempre estaba haciendo comida para todos y tenía la mesa preparada para cualquiera que pidiera algo de comer».

Amparo pasó allí la Guerra Civil y las penurias de la posguerra. «La casa era tan grande que instalaron una oficina de transmisiones, pero también tuvimos escondidos a una monjita, a un capellán y a una familia de Sagunt. Recuerdo que vino un chico de Puçol que conocía a mi padre y que había estado tres días escondiéndose por las acequias. Mi padre tenía cien cerdos, pero estaban tan flacos que no se los querían incautar. Cuando al final le dieron la orden de entregarlos, una semana después se terminó la guerra».

Amparo tenía 26 años cuando se casó y se fue a vivir a Meliana con su marido. La última vez que volvió a su alquería no pudo evitar llorar al ver su ruina. «A veces aún sueño con ella. Tan blanca, y tan limpia».

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