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Inmigración

En busca de los exiliados valencianos en Londres

Un viaje hacia el recuerdo de la emigración liberal de 1823 - Miles de familias huyeron del absolutismo fernandino

En busca de los exiliados valencianos en Londres

El domingo 31 de enero de 2015 asistíamos por la tarde a un concierto en Saint-Martin-in-the-Fields, en Trafalgar Square de la capital inglesa, el Dr. López Alemany y quien esto suscribe. Un recinto que bien merece ser visitado por sus sótanos donde una cafetería, que ofrece jazz en directo, convive con numerosas y espectaculares inscripciones funerarias en la antigua cripta. La pieza central de la velada era el Requiem de Mozart, en una sesión a la luz de las velas (Candlelight, le llaman ellos). Impresionante, emotivo, grandioso. Era una buena forma, decía el amigo Antonio, de concluir este periplo por la ciudad de Londres en busca de los restos mortales del dominico Fr. Jaime Villanueva, del diputado y abogado Melchor Marau y de otros valencianos que formaron parte de aquel gran exilio político del siglo XIX en 1823, precedido del de los afrancesados en 1813-1814. Mientras estos marcharon a Francia, aquellos lo hicieron a Inglaterra y, de forma especial, a Londres. Dos siglos después, dos valencianos hemos andado tras su pista, en pos de sus huellas en estas tierras.

De nuevo con el patrocinio de la Editorial Ulleye, que alienta sin descanso el profesor López Alemany, y siguiendo un plan que nos ha llevado a Dublín en busca de la tumba de Joaquín Lorenzo Villanueva y a Lisboa tras la del grabador y taquígrafo Martí, ahora le tocaba el turno a otro setabense ilustre, hermano del citado: el dominico Fr. Jaime Villanueva. Nacido en Xàtiva en 1765, Jaime estudió Humanidades en Orihuela, tomó el hábito de la Orden de Santo Domingo en 1783, fue Lector de Teología en el Colegio de Santo Domingo de dicha ciudad y de Filosofía en el de San Onofre de Valencia. Desde 1802 colaboró con su hermano Joaquín Lorenzo en la recogida de documentos y visitó más de ciento cincuenta archivos conventuales y diocesanos de la antigua Corona de Aragón para su Viaje literario a las Iglesias de España, publicado en su mayor parte años después de su fallecimiento en Londres el 14 de noviembre de 1824. Fue miembro de la Real Academia de la Historia, prior del convento dominicano de Ontinyent (1808-1809), acompañó a su hermano Joaquín Lorenzo, elegido diputado por Valencia, a las Cortes de Cádiz en 1810, donde fue primer redactor del Diario de Sesiones. De Cádiz pasó a Sevilla, Menorca, Mallorca y Valencia, en cuyo convento de las Magdalenas ganó fama de buen predicador. A pesar de las contrariedades sufridas a lo largo de su vida, su ideario liberal se afirmó, por lo que hubo de exiliarse a Inglaterra junto a sus otros dos hermanos (Lorenzo Tadeo, magistrado, y Joaquín Lorenzo), donde murió al año escaso de llegar, no sin antes haber contribuido a la fundación y redacción del periódico más prestigioso del exilio liberal, Ocios de españoles emigrados.

Lugares de la memoria

Jaime llegó, pues, a Londres junto a otras mil familias de exiliados: diputados, militares, funcionarios, eclesiásticos, intelectuales. Todos ellos huían del absolutismo fernandino. La mayoría residió en el barrio de Somers Town, hoy conocido del mismo modo en el corazón de Camden Town al norte de la capital británica y donde décadas antes habían vivido emigrados franceses, sobre todo clérigos, huidos de la revolución. Dentro de ese millar hubo un nutrido grupo valenciano: Vicente Salvá, librero, editor y diputado; Ascensio Nebot «el Fraile», franciscano y guerrillero; Melchor Marau, jurista y diputado; el canónigo alicantino Antonio Bernabeu; los hermanos de Jaime, Joaquín y Lorenzo, magistrado de la Audiencia este último y diputados ambos; los hermanos Bertrán de Lis, activos hombres de negocio y de la política del momento; el franciscano Juan Rico, protagonista principal de los hechos de mayo de 1808 y diputado; los diputados y sacerdotes Bernardo Falcó y Jaime Gil de Orduña; el presbítero Joaquín Franco o el militar José Aparici, hijo del diputado Pedro Aparici; y otros que no eran valencianos pero vivieron en nuestra tierra como el médico catalán Mariano Batllés que llegó a ser rector de la Universitat de Valencia (1839 y 1854), el también médico vallisoletano Mateo Seoane, precursor del higienismo o el asturiano José Canga Argüelles, que había sido entre otras cosas miembro de la Junta de Valencia, luego diputado y ministro.

Algunos de ellos murieron en el exilio: Bernabeu (1825), Marau (1828), los hermanos Jaime (1824) y Joaquín Lorenzo Villanueva (1837). Joaquín falleció en Dublín y allí vimos su tumba hace ya años; pero de los enterrados en Londres nada se sabía hasta ahora. No pudieron volver a su tierra natal, a su patria. Hemos ido en busca de sus restos mortales. Hemos partido de la idea de que fueron enterrados en algunos de los antiguos cementerios ubicados en aquella zona del norte de Londres y que hoy son parques, aunque conservan sus lápidas y túmulos funerarios: St. James Gardens, St Martin´s Gardens o Highgate Cemetery, pero pronto nos centramos en los St Pancras and St Giles Cemeteries, cuyos terrenos están ocupados hoy en buena parte por la estación de ferrocarril St Pancras International, lugar de partida y destino de los trenes que atraviesan el canal de la Mancha.

Allí nos dirigimos en la mañana del 29 de enero, donde estaba el oratorio de St Giles y donde se encuentra la antigua parroquia de St Pancras, en la calle del mismo nombre, la más antigua de Londres y cuna de la cristiandad en las Islas Británicas. La parroquia fue trasladada en 1822 a Euston Rd, junto a la estación del mismo nombre, en un templo nuevo, mientras el viejo quedó abandonado, sufrió numerosos actos vandálicos hasta su definitiva restauración y recuperación para el culto, iniciada en 1978 y finalizada en 2007.

Los paneles a la vista informan sobre el templo y el parque que lo rodea, tachonado de grandes lápidas apiladas y túmulos de muy diverso tamaño y forma con inscripciones funerarias, huella visible del antiguo cementerio. Por ellos supimos y luego vimos que allí descansan los restos de la primera feminista, Mary Wollestonecraft, o del insigne arquitecto John Soane, del compositor Johan Christian Bach (uno de los hijos del gran Bach) o que fue el escenario de infancia y de varias novelas de Charles Dickens, que vivía cerca.

Nos encontramos al salir, cuando ya no esperábamos más información, con el párroco Fr. James Elton, un joven sacerdote de unos 35 años que amablemente nos explicó la historia de la parroquia, la destrucción de parte de los archivos parroquiales hoy depositados en los London Metropolitan Archives, así como las razones de la desaparición de la mayor parte del cementerio eclesiástico (churchyard cemetery).

Primero por el deterioro del entorno, poco habitable, denunciado ya en los años cuarenta del siglo XIX, más tarde por la construcción de la estación de ferrocarril de St Pancras (1866-1867) y por último a causa de la ampliación realizada en los años 2001-2007. Nos mostró y adquirimos un documentado estudio, publicado en 2011, sobre los trabajos arqueológicos, de excavación e identificación de las tumbas llevado a cabo por un extenso equipo de investigadores.

Su título, St Pancras burial ground. Excavations for St Pancras International, 2002-3, obra de Philipp A. Emery y Kevin Wooldridge. Lo mismo se está haciendo desde marzo de este año 2015 para construir el cruce de ferrocarriles en Liverpool Street, excavación (conocida como Crossrail Project) que ha sacado a la luz el Bedlam burial ground, con más de tres mil enterramientos que hasta ahora permanecían ocultos.

El estudio citado sobre St Pancras contiene un listado detallado de las tumbas identificadas, entre las cuales no aparece ninguna de los personajes que íbamos buscando. Pero el resultado era lógico. Figuran en ese listado centenares de no identificadas, otras fueron arrasadas por la primera construcción de la estación ferroviaria en 1866-67. El cementerio dejó de ser lugar de enterramientos en 1854, y durante los trescientos años que funcionó albergó, según se estima, unas 88.000 tumbas, de las cuales 32.000 en el periodo final (1831-1854).

Era el lugar donde reposaban los restos de los católicos junto a los de otras iglesias o creencias, así como de la Iglesia Reformada de Inglaterra. Así se explica también que con toda seguridad allí fueron enterrados nuestros paisanos, que acabaron sus días lejos de su tierra, pobres y en lugar desconocido. Ello se deduce del obelisco que hoy preside el parque-cementerio de St Pancras, levantado en 1879 por iniciativa de la baronesa Burdett-Coutts, una de las mujeres más ricas de la Inglaterra victoriana y gran filántropa, conocida como la "reina de los pobres", para recordar aquellos personajes que allí reposaban y cuyos restos fueron trasladados o destruidos por las obras de la estación.

En sus cuatro caras se muestran una oración en memoria de quienes allí reposaban, los nombres de ilustres emigrados franceses que huyeron de la revolución de 1789, junto a otros personajes ingleses, italianos, portugueses, norteamericanos, españoles, entre los cuales hemos encontrado el del cónsul general de España, José Alonso Ortiz, fallecido en 1813. En una de las caras del monumento, la frase con que comienza este listado es muy elocuente: «This Dial is howewer especially dedicated to the memory of those whose graves are now unseen, or the record or whose names may have been obliterated» (Esta inscripción, sin embargo, está especialmente dedicada a la memoria de aquellos cuyas tumbas son ahora invisibles [ilegibles], o el registro de cuyos nombres puede haber sido borrado). Entre ellos están, sin duda, nuestros paisanos. Tal vez no contaron con dinero para pagarse un ataúd digno como muchos de los que documentan los estudios de Emery y Wooldrige, menos aún un túmulo o una lápida como las que se amontonan en el conocido como The Hardy Tree, en el parque de St Pancras, una especie de monumento formado por numerosas lápidas en torno a un árbol en memoria de quienes allí reposaban hasta la construcción de la estación en el XIX. El escritor Thomas Hardy, ayudante del arquitecto Arthur Blomfield, le dio su nombre.

El enigma, en parte desvelado

La búsqueda en los archivos de Londres, cuyos registros parroquiales comienzan para el caso de St Pancras en 1837, tampoco nos resolvió el enigma, ni la prensa disponible en buena parte en Internet, previo pago.

Quedaba por ver el espacio físico donde vivieron aquellos años de exilio los liberales españoles de la década ominosa (1823-1833). Somers Town, aquel conjunto de calles encerrado hoy entre Eversholt St, Euston Rd, Pancras Rd y Midland Rd, y, especialmente, en torno a las calles Phoenix Rd, Polygon Rd y Chalton St, todas ellas dentro de Camden Town, el distrito urbano en el que se enmarcan, nos proporcionó abundante información sobre aquellos lugares que pisaron nuestros lejanos predecesores. Hoy es Somers Town un barrio relativamente moderno, de clase media y trabajadora, con casas de dos a tres plantas en su mayoría, típicas del urbanismo inglés de las new towns de la posguerra de 1945.

Lo interesante es que el bibliotecario nos indicó amablemente cómo llegar a St Aloysius Parish (San Luis Gonzaga), hoy parroquia en la esquina entre Phoenix Rd y Eversholt St, pero antes pequeño oratorio abierto al culto en 1808, fundado por religiosos franceses huidos de la revolución en su país en 1796. Justo al lado hay un Colegio Católico y el edificio moderno de la parroquia fue levantado en 1966-68, después de que la antigua capilla quedara en ruinas. Ese fue lugar de reunión y oración para los exiliados españoles, italianos o polacos, todos ellos católicos, en unos años en que la libertad de estos estaba muy limitada, por ser emigrados liberales que huían de su país bajo gobiernos absolutistas, y por ser católicos, ya que la emancipación de los católicos británicos, cuestión que afectaba especialmente a los irlandeses en el Reino Unido, no se alcanzó hasta 1829.

Vicente Salvá viajó al exilio en octubre de 1823 por razones políticas, huyendo de la persecución del absolutismo fernandino. A lo largo del Trienio Liberal fue elegido miembro del Ayuntamiento de Valencia (1820-1822), capitán de la Milicia Nacional de la ciudad, diputado a Cortes por Valencia en varias legislaturas (1820-1823) y Secretario del Congreso, donde defendió las prerrogativas parlamentarias y el principio de que la soberanía residía en las Cortes, figurando en el ala de los exaltados. En 1822 ingresó en la masonería de rito escocés con el nombre de Esquines. Acompañó a las Cortes a Sevilla y Cádiz al invadir la Península los «Cien Mil Hijos de San Luis», y votó por la suspensión de Fernando VII. Quienes votaron a favor de esa propuesta de incapacitar al monarca, fueron luego perseguidos y condenados a muerte. Solo la muerte del monarca permitió volver a la mayoría de ellos.

Salvá permaneció en Gibraltar algo más de un año, desde octubre de 1823 hasta fines de 1824, momento en que embarcó hacia Londres sin que sepamos la fecha exacta, junto a su esposa y tres hijos mayores. Ya en Londres, abrió en enero de 1825, tan solo dos meses después de su llegada, la Spanish and Classical Library. Era la primera librería española en capital británica y estaba situada en el nº 124 de la céntrica y renovada Regent St. Para ello contó con el apoyo del acaudalado e influyente librero y editor francés Martin Bossange, un pionero en el comercio internacional del libro. Ya en febrero de 1825 se anunciaba en la revista del exilio «Ocios de Españoles Emigrados».

En Londres publicó Salvá dos catálogos de los libros que vendía a un público ávido de cosas de España y a los americanos recién emancipados de España y Portugal. El primero fue editado en 1826 y el segundo en 1829, pero apenas desarrolló su faceta de editor, algo que llevó a cabo de forma más intensa en cuanto llegó a París. Precisamente este objetivo es lo que le hizo buscar una plataforma distinta de Londres, donde el editor alemán Rudolf Akerman, establecido en su Repository of Arts en el nº 96 del Strand, vía urbana de gran actividad, monopolizaba el comercio de libros en castellano al mercado hispanoamericano. Aun así, publicó en Londres las Obras de Moratín, padre e hijo, un Romancero y un Diccionario español-inglés.

Salvá: editor y literato

Marchó en 1830 a París donde fundó con Bossange la Librería Hispano-Americana. Mientras, dejó a su hijo Pedro a cargo de la librería de Londres que liquidó definitivamente en 1832. Editó numerosas obras de escritores españoles, y redactó una Gramática de la lengua castellana según ahora se habla (París, 1830), y un Nuevo diccionario de la lengua castellana (París, 1846), que mejoraba notablemente la última edición del Diccionario de la Real Academia. Como literato se le debe la poesía Lo somni (1831), escrita en valenciano y cuya versión sin errores esperamos publicar pronto, por lo que debe tenérsele por precursor de la Renaixença, pues se anticipó a las poesías de Aribau y Villarroya. Regresó a Valencia en 1834 y en 1836 fue nuevamente elegido diputado a Cortes y secretario de las mismas, militando en las filas progresistas.

Cuando Salvá llegó a Inglaterra fue pronto acogido por otros emigrados que habían llegado antes y se instaló con su familia en el barrio de Somers Town, en torno a la actual estación de King´s Cross al norte de la capital inglesa. Su vivienda estaba en Camden Street, donde vivió la familia hasta fines de 1830, en que se trasladó al nº 65 de Clarendon Street, bastante más al sur de la ciudad. En Somers Town se alojó, como ya hemos señalado, la mayor parte del exilio español y en este barrio compartieron tertulias, paseos, trabajos, anhelos y penas. La actividad de Vicente Salvá en los años de Londres, a los que aquí nos referimos, combina el interés por las cosas de España, la vida política, los negocios y la lectura y escritura como desafíos intelectuales. Su hijo Pedro, que tan sólo contaba doce años de edad cuando llegó a Inglaterra, se hizo cargo con tan solo veinte años de la librería de Londres, tras la marcha de su padre a París a fines de abril de 1830.

El olvido de aquellos emigrantes

Mantuvo estrecha relación comercial con los mejores libreros del Londres de aquellos años: Evans, Bohn (que compró parte de los fondos de la librería cuando marchó Salvá a París), Quaritch, etc. o bibliófilos como Lord Fitzroy, Sir Thomas Grenville, del cual conserva la British Library el ejemplar de la Gramática dedicado al aristócrata inglés por el propio autor y editor. También fue la propia British Library cliente del librero Salvá.

Fue miembro del Ateneo Español en Londres, donde se educaba a hijos de exiliados españoles; mantuvo estrecha relación con John Bowring, un hispanista promotor del Comité de Ayuda a los emigrados españoles, en el que actuaron como asesores el sacerdote y exdiputado valenciano Joaquín Lorenzo Villanueva y el también exdiputado Antonio Alcalá Galiano, y cuyas reuniones tenían en lugar en la British Coffee House, en Cockspur Street, muy cerca de Trafalgar Square.

Mientras se han buscado y sacralizado los restos de Cervantes, se analizan los despojos de Prim para averiguar las causas de su muerte, se disputan los huesos de Colón o se bucea en los tesoros escondidos bajo el mar, quedan en el más absoluto de los olvidos los de aquellos que emigraron hace casi dos siglos para no sufrir persecución y nunca pudieron volver a su patria. A ellos dedico estas líneas, como la «reina de los pobres», aquella aristócrata inglesa del siglo XIX, hizo en su dedicatoria del monolito que preside el cementerio, hoy parque, de St Pancras.

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