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Innovación en las aulas

Integración en clave de sol

Cuatro colegios de los Poblats Marítims se unen en una experiencia educativa de inclusión social a través de la música

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«El estereotipo se rompe cuando un niño toca música al lado del otro, en ese momento no miras si uno es payo o es gitano». Este espacio mágico, «en el que todos los niños se miran en igualdad de condiciones», es el que se le abre ante los ojos a Vicente Sierra, profesor de música del colegio diocesano Santiago Apóstol del Cabanyal, cuando levanta la batuta para dirigir a los 120 alumnos de 10 a 12 años de cuatro escuelas dels Poblats Marítims que dan vida al proyecto educativo «Singa».

La palabra que en lengua «caló» designa a la música da nombre al «sueño compartido» que viven desde hace siete cursos el Santiago Apóstol y los colegios públicos El Carmen del barrio de Beteró, Cavite de la Malva-rosa y San José de Calasanz, en el Grau. Los dos primeros son Centros de Acción Educativa Singular (CAES) al atender a más de un 30 % de niños inmigrantes, pertenecientes a una minoría étnica o a un contexto social desfavorecido.

Sierra y las otras tres maestras que laten en el corazón de «Singa», Ana Lara (Cavite), Isabel Cepeda (El Carmen) y Elisa Serra (San José de Calasanz), han encontrado en la Música un camino para promover la inclusión social. Porque esta es la razón que da sentido a este proyecto, «el unir a niños de diferentes realidades sociales para que convivan, compartan, aprendan y disfruten juntos»

«Red de hacer barrio»

«Lo más importante de todo, lo que le da sentido al proyecto, es la convivencia, el crear una red de hacer barrio», añade Sierra. Así, la música es la escusa para que los niños «se conozcan, se relacionen y rompan los estereotipos que les rodean, porque tocando de igual a igual y estando todos al mismo nivel es cuando se derriban las barreras que frenan la inclusión».

Esta pequeña gran piedra que los cuatro colegios aportan a la construcción de un barrio mejor se plasma en los conciertos que hacen en el Teatre El Musical (TEM), donde siempre han tenido las puertas abiertas de par en par.

Cada ensayo en el TEM es una oportunidad para que los niños «convivan», dice Ana Lara. «Nos llevamos bocadillos y almorzamos o comemos en la playa, donde bailamos, cantamos y jugamos al fútbol».

Y, además de la convivencia, está el vivir la música tocando todos juntos. La semilla la plantó la banda de música del Santiago Apóstol. Esta comunidad de aprendizaje cuenta con una formación compuesta por 50 alumnos (desde 4º de Primaria hasta el primer ciclo de ESO) en la que también participan maestros, exalumnos y padres.

Fusión de flautas y flamenco

El proyecto «Singa» ha abierto este espacio heterogéneo de aprendizaje al barrio y a la implicación de músicos profesionales. El primer fruto de esta experiencia pedagógica fue un concierto de rock en inglés y el último el espectáculo, «Flaumenco», de la fusión de flautas y flamenco, que tras estrenarlo en el TEM y grabar un CD dará el salto al Palau de la Música el próximo miércoles 25 de mayo en un concierto benéfico.

La filosofía de «Singa» es que todos hagan música «La condición para participar en el concierto no es tocar bien, sino ser educado y respetuoso con los demás», explica Sierra. «La música es muy motivadora desde el punto de vista educativo para atraer a los niños con menos interés o más dificultades para aprender», apunta Lara.

La experiencia de tocar música delante del público, actuar junto a músicos profesionales e incluso grabar en un estudio añade riqueza al proyecto «al hacer que los niños se sientan importantes», concluye Vicente Sierra.

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