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Entrevista

Vicente Bellver: "Internet nos oprime haciéndonos sentir libres, ¡ese es el gran engaño!"

«Tras la borrachera llegará la resaca y tomaremos conciencia de que nos hemos dejado nuestra identidad en el camino», afirma el catedrático de Filosofía del Derecho - «No soy un ludita, pero la red debe ser reformulada»

El filósofo del Derecho Vicente Bellver, en el Ateneo Mercantil de Valencia.

El filósofo del Derecho Vicente Bellver, en el Ateneo Mercantil de Valencia. miguel ángel montesinos

­­Dice que no todo es gratis en la red aunque lo parezca. ¿Qué peajes pagamos?

El más importante es que la gratuidad va a costa de nuestra intimidad. Estamos vendiendo nuestra intimidad. Hubo un tiempo en que oír la expresión «lo saben todo sobre ti» producía pánico. Hoy en día, como nunca antes había pasado, hay alguien que realmente lo sabe todo sobre ti. Y, en cambio, ¡estamos tan tranquilos!

Incluso entusiasmados.

¡Exacto! Me parece gravísimo la facilidad con la que hemos vendido nuestra intimidad.

Habla de exhibicionismo.

Sí, porque estamos encantados de conocernos y de darnos a conocer. También estamos dando pistas sobre nosotros continuamente a través del móvil, la tableta o el ordenador. Es nuestro ayudante de compras, nuestro orientador en los viajes, el consuelo para nuestras penas, el confidente de nuestros más secretos pensamientos, la segunda opinión de nuestras consultas médicas€ Así nos van succionando la intimidad para tener nuestros datos y, por consiguiente, el poder sobre nosotros y sobre la sociedad. No solo es que hayamos vendido barato, es que hemos entregado nuestros bienes más preciados de manera gratuita. Y quienes los reciben se están haciendo de oro.

¿Alguna contrapropuesta?

Jaron Lanier, que empezó en Silicon Valley y luego se descolgó al ver que esto era un despropósito, ha escrito el libro ¿Quién controla el futuro? Su tesis es muy sencilla: cuando un individuo aporta un dato suyo a la red, debería recibir una retribución, por minúscula que fuera, por ella. Si fuera así, internet sería un instrumento para la igualación. Pero es justo lo contrario. Y aun así, vivimos convencidos de que internet nos hace más libres, nos emancipa y nos da más posibilidades de realización personal. ¡Ese es el gran engaño!

Explíquese.

Hasta ahora, todos los intentos de control social se basaban en la represión. La tanatopolítica de los tiempos premodernos decía: cuidado, que como te muevas, te mato. Yo mando sobre ti. Luego llegó la biopolítica, denunciada por Foucault, que caracterizaba los tiempos modernos: yo no te mato, yo utilizo tu vida. En la fábrica harás lo que yo quiero que hagas; en la ciudad, te desenvolverás como yo quiero. Yo configuraré todos los aspectos de tu vida. Es el Panóptico de Bentham, que lo controla todo. Pero ahora estamos en otro estadio.

¿En cuál?

En el de la psicopolítica. El Estado ya no necesita ser fuerte. Primero, porque hace tiempo que dejó de serlo al ser sustituido por una entidad mucho más poderosa: el mercado. Y el mercado no necesita recurrir a la fuerza ni a la intimidación. Ha creado el sistema perfecto para que sean los propios individuos los que se sometan a él voluntariamente y con enorme gusto. Y en eso estamos. Uno, psicológicamente, se controla a sí mismo para ser competitivo, para ser productivo, para estar en lo políticamente correcto, para ajustarse a lo que conviene al mercado global.

¿Y la corriente es muy fuerte como para resistirse?

La corriente siempre ha sido fuerte. Pero internet tiene un impacto enorme, constante, en nuestra vida cotidiana, y permea hasta los entresijos más profundos de nuestra existencia con la lógica del mercado: nos hace sentir libres pero orienta nuestras conductas, como cualquier forma de opresión en tiempos pasados. Con todo, me siento esperanzado: el ser humano es capaz de tomar conciencia de la situación y rebelarse contra ella para crear algo nuevo.

Usted pide una redefinición de internet.

Eso es: no soy ni un ludita ni un tecnófobo. Yo creo que internet tiene mucho que aportar a la humanidad, pero debe ser reformulado por completo: en su ideología, en el diseño de la tecnología, y en la regulación de su uso para garantizar la seguridad.

¿Cómo ha cambiado internet nuestra forma de pensar?

Fundamentalmente, disminuyéndola.

¿Y la forma de sentir?

Le doy la razón a Nicholas Carr: internet nos ha hecho más narcisistas y superficiales. Nuestro pensamiento es menos denso. Nuestros sentimientos son efímeros: somos muy emotivos, pero es una emotividad que se evapora a gran velocidad. ¿Cuántos amigos de verdad tenemos hoy?

Puede ser muy atrevido, incluso exagerado, pero ¿puede que hoy no seamos conscientes de los peligros de internet igual que en los ochenta no se era consciente de los peligros de la droga, como después se ha revelado?

Internet es un descubrimiento ante el cual nos hemos rendido de forma incondicional. Pero después de la borrachera llegará la resaca. Tomaremos conciencia de que nos hemos dejado nuestra identidad en el camino. Y estaremos en condiciones de darle un orden y diseño a la red conforme a lo que contribuya a nuestro desarrollo, libertad e igualdad. Quizá la analogía no es desacertada. No lo había pensado€ Lo que me preocupa es si los cárteles de esta droga se pueden vencer.

¿Cómo?

Tras la droga de los ochenta, después se pudo abrir los ojos a las nuevas generaciones. El dataísmo se ha convertido en una religión, en una ideología promovida por gente muy poderosa convencida de que nos está trayendo la liberación total. Y cuando más metidos en la red estamos, más realizados nos sentimos. La droga tenía un efecto limitado y luego te dejaba triturado. Pero con internet uno no siente rápidamente los efectos colaterales de la adicción. No se atisban las amenazas. Solo se ven las oportunidades. Y estos discursos tan utopistas deben generarnos recelo. La utopía no existe. Ni tiene sentido volver a un tiempo pasado, ni tiene sentido pensar que vamos a alcanzar la completa liberación gracias a internet.

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