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«Necesitamos una vivienda ya porque en unos días debemos abandonar el CAR»

Ser cristiano en Pakistán son palabras mayores. Bueno, en realidad son las palabras de una minoría perseguida, maltratada y proscrita. Liaquat y Abida Tanveer son padres de cinco hijos de entre 14 y 26 años. El único chico, Tabish, tiene una discapacidad intelectual y ahora acude a un centro que atiende a jóvenes con necesidades especiales. El padre de familia viajó a València hace cuatro años. Montó un locutorio y esperó con paciencia que el resto pudiera llegar. La familia al completo lleva 8 meses en el CAR. Ahora comienza la cuenta atrás. El 16 de febrero deben abandonar el centro que ha sido su nuevo hogar. Ellos lo entienden. El CAR ni es un hostal ni puede serlo. La búsqueda de una vivienda es constante. «No es fácil porque tenemos muy pocos ingresos y necesitamos una casa grande porque somos muchos y claro, más grande más cara. Aún no tenemos nada», dice. «El negocio va muy flojo porque ahora, con internet y la telefonía movil ya no viene casi nadie», explica el padre de familia. Los hijos no paran. Han aprovechado los 8 meses que llevan en el CAR al máximo. Cursos de español, de maquillaje, de uñas... «La estética puede ser una opción e futuro para nosotras», explican las hijas mayores del matrimonio, Zeresh y Nazish, de 26 y 24 años. No han querido desaprovechar la oportunidad de formarse. «Un curso de español para conseguir el B-1 cuesta ¡500 euros! Agradecemos mucho la oportunidad recibida», añaden. De su vida en Pakistán prefieren no hablar demasiado. «Ahora somos felices, lo demás es pasado». m. r. valència

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