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Denuncia

Una oficina de empleo intenta expulsar a una madre porque su bebé no paraba de llorar

Mónica M. P. ha presentado una queja en el SEPE de Catarroja porque un funcionario le conminó a marcharse de allí cuando le daba el pecho al niño

Una oficina de empleo intenta expulsar a una madre porque su bebé no paraba de llorar

Una oficina de empleo intenta expulsar a una madre porque su bebé no paraba de llorar

Mónica M. P. acudió ayer a la oficina del Servicio de Empleo y Seguridad Social (SEPE) para renovar su prestación por desempleo. Un paro parcial que dejó de cobrar hace cuatro meses cuando nació su hijo y cuya prestación había acudido a renovar en las dependencias de Catarroja, su pueblo.

Era mediodía, la temperatura rozaba los 30 grados y no estaba siendo el mejor día para Mónica. Entre otras cosas, minutos antes de entrar en la oficina, cuando bajaba del coche, se le había roto una de las ruedecitas del carrito con el pequeño, por lo que tuvo que coger al bebé en brazos. El niño tampoco lo estaba poniendo fácil: lloraba mucho, seguramente tenía calor, y seguramente también, hambre y sueño. Menos mal que en la oficina seguro que hay aire acondicionado y se tranquiliza, pensó Mónica.

Pero la cosa no mejoró. Algo más de media hora después, Mónica salía de la oficina del SEPE de Catarroja muy enfadada y con una copia de la queja que acababa de interponer por la actitud mostrada supuestamente por un funcionario que le había invitado a marcharse de allí porque los lloros del nene «estaban molestando». «Yo estaba dándole de mamar y fuera estábamos a casi 40 grados al sol», subraya Mónica en su escrito.

Mónica reconoce que los lloros de su hijo, como los de cualquier bebé del mundo, pueden ser muy molestos en un lugar cerrado y de trabajo como es una oficina de Empleo. Pero también señala que antes de que viniese el empleado del SEPE a llamarle la atención y pedirle que se marchara con el niño, ella había hecho «todo lo posible» para que el pequeño se tranquilizara.

«Al niño le doy el pecho a demanda, así que me senté y empecé a darle de mamar -explicaba ayer la joven-. Ya casi me tocaba y llevaba un rato intentando dormirlo, saliendo y entrando y meciéndolo en brazos porque encima se me había roto una rueda del carrito bajándolo del coche. Mi madre estaba conmigo y también lo había sacado para dormirlo, pero hacía tanto calor que se tuvo que volver a meter».

«Me dijo que molestaba»

Fue justo cuando, al no poder tranquilizarle, Mónica decidió darle el pecho a su hijo, cuando un trabajador «ha salido de su mesa y me ha dicho que me fuera que estaba molestando. Le he dicho que no podía salirme a darle de mamar porque estábamos casi a 40 grados al sol».

En la queja interpuesta en la misma oficina del SEPE Mónica no lo cuenta, pero ayer sí aseguró en declaraciones a Levante-EMV que el mismo funcionario le dijo que «ése no era su problema» y que «por qué no me dejaba al niño en otro sitio». «Después -añadió ayer la mujer en su relato-, vino un empleado de seguridad, pero no me dijo nada. Le dije que si quería echarme de allí llamara a la Guardia Civil pero él me dijo que si quería, llamase yo a la Guardia Civil».

La situación, y siempre según el relato de Mónica, no pasó desapercibida al resto de personas que esperaba también a ser atendidas por los funcionarios. Uno de ellos, según cuenta, «se encaró con el trabajador que había reprendido a la joven, y otra que trabajaba en una guardería cogió al niño en brazos porque mi madre y yo estábamos tan nerviosas que no parábamos de temblar». Finalmente, otra mujer, la que iba justo delante de ella para ser atendida, decidió cederle su turno para que Mónica pudiera renovar su prestación cuanto antes.

Eso no impidió que, cuando Mónica se disponía ya a salir y después de haber interpuesto una queja por el trato que presuntamente había recibido por el funcionario, una compañera de éste se le acercara y «me dijera que no tenía razón, que si mi hijo lloraba era porque lo tenía mal atendido, que tenía que habérselo dejado a alguien para ir allí».

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