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Del mito a la Historia

Un Rey Arturo aragonés y con el Grial valenciano

El investigador Sergio Solsona defiende que la leyenda artúrica, que está de vuelta en los cines, se basa en la vida del monarca de Aragón Alfonso I el Batallador y se hace eco del Santo Cáliz de València

El Rey Arturo ha vuelto al cine este fin de semana. Y con él, la Mesa Redonda, la espada de Excalibur y la búsqueda del Santo Grial: una leyenda europea medieval que cuenta con una teoría poco conocida pero defendida con pasión por un puñado de investigadores. La tesis del turolense Sergio Solsona es que el personaje literario del Rey Arturo, que durante siglos ha sido mitificado como monarca medieval ideal, se inspiró en la figura de un rey de Aragón, Alfonso I el Batallador. Este monarca gobernó a principios del siglo XII con una política de conquistas que llevó a sus tropas a internarse en el interior de al-Ándalus hasta penetrar en el Regne de València y llegar al Benicadell. La teoría prosigue con que el Santo Grial de la leyenda artúrica alude en realidad al Santo Cáliz, que los aragoneses custodiaban en el Monasterio de San Juan de la Peña en tiempos de Alfonso el Batallador y que llegó a València en el siglo XV con el rey Alfons el Magnànim.

La hipótesis que sustenta Sergio Solsona -sobre la que también escribió el historiador Philip Coppens- intenta explicar cómo la leyenda artúrica surgida de los romances se basaba en hechos reales. Alfonso el Batallador, igual que el rey Arturo, «estaba fascinado por las Órdenes de Caballería» e incluso formó parte de una de ellas. «Entre los caballeros que le acompañaban estuvo Rotreau II conde de Perche», que se correspondería con «Percheval». También aparecen entre sus aliados el conde Gastón de Bearn, que asimila con el personaje artúrico de «Galbern».

La mítica ciudad de «Camelot», paradigma de urbe donde prevalecía la justicia, es asociada con Chaca (Jaca): la primera población aragonesa en disponer de unos fueros que protegían a sus habitantes de los caprichos de sus reyes. Además, una derivación fonética conectaría «Avalón» con la Abadía de Montearagón, donde recibió sepultura el rey Alfonso I el Batallador.

Juego de correspondencias

Hay más: en un pasaje de su ofensiva expansionista, el monarca aragonés terminaría pescando junto a sus tropas para alimentarse y eso se traduciría en la leyenda del «rey pescador» que aparece en los cantares artúricos, según esboza Sergio Solsona. «Las conquistas del Batallador se extendieron hasta Bayona (1131), en el sur de Francia. En el asedio de esta ciudad portuaria se unió a la comitiva del Batallador un conde castellano. Su nombre era Pedro González de Lara. Unos años antes, este mismo caballero había rescatado a la esposa del Batallador, doña Urraca, del Castillo del Castellar en la provincia de Zaragoza. El propio Alfonso la había mandado apresar. La leyenda de Lanzelot parece también tener así su reflejo» en el espejo aragonés.

Un lugar de honor en este juego de espejos entre la ficción artúrica y la supuesta realidad que la inspiró merece el Grial: el Santo Cáliz custodiado en la catedral de València.

«El Grial aparece por primera vez mencionado en un poema medieval francés compuesto entre 1181 y 1191. Es este texto el que comienza a popularizar la idea de un objeto mágico custodiado en un castillo por unos caballeros. Una versión posterior, la del trovador alemán Wolfran Von Essembach escrita en el siglo XIII, amplía y completa el romance original. Los versos alemanes nos citan un Montsalvage como la montaña bajo la que el joven Perceval observó una ceremonia que tiene el Grial como protagonista», relata Solsona, para quien «San Juan de la Peña es fácilmente identificable como ese misterioso Castillo del Grial». El investigador agrega otro paralelismo: el romance del trovador alemán cita, explícitamente, que en la reliquia había una inscripción. Y fue al limpiar el Santo Cáliz de València cuando se halló en su base una inscripción en letras árabes simplificadas.

Sergio Solsona pone de relieve la «fuerte alianza» entre ingleses y aragoneses en el siglo XII. «Sin duda, estos contactos llevaron a la corte de Londres los relatos de aquel rey Batallador que viajaba con una corte errante, formada por los mejores caballeros venidos de tierras lejanas. Esto, unido a los guerreros que volvían con vida de aquellas campañas al sur de los Pirineos, pudo dar origen a la leyenda», defiende Solsona.

Otros posibles modelos

La hipótesis artúrica con origen aragonés y ramificación valenciana es contestada por otros investigadores. Solsona es consciente de ello. Él mismo enumera otros personajes históricos que pudieron inspirar la creación literaria del Rey Arturo: un militar romano llamado Lucio Artorio Casto que vivió en el sigo II; el rey Rithamus que vivió en el siglo V; el rey galés Athrwys ap Meurig del siglo VII; o el caudillo britano del siglo V Owain Ddantgwin. Otros apasionados defienden que la esencia de la historia no responde a una única base, sino a un compuesto de distintas tradiciones, épocas y culturas. Los mitos y las leyendas nunca se agotan. Quizá por eso funcionan.

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