Ximo Puig acudía a la Moncloa en un día en el que toda la atención estaba puesta en Cataluña y en la reacción del Gobierno ante la crisis abierta. Mal panorama. No esperaba mucho. Media hora de atención, quizá. Fueron dos finalmente. Por eso declaraba después haber obtenido más de lo que esperaba. No es que sea mucho: un puñado de compromisos verbales. Ni acuerdos firmados ni cifras encima de la mesa. Pero sí la apertura de una vía de diálogo y la presencia en los despachos del ejecutivo central del problema valenciano.

Puig, lo subrayaba él mismo, es el primer presidente autonómico al que Rajoy recibe en esta legislatura, que pronto cumplirá su primer año. El primero al que recibe oficialmente, al menos, porque Carles Puigdemont estuvo el 11 de enero en un almuerzo secreto con pocos resultados.

Habrá que ver si Puig obtiene más que este trofeo simbólico. Ayer, de momento, lo que hizo el jefe del Consell fue aprovechar la tesitura catalana para enmarcar el problema valenciano (digamos así a la infrafinanciación y la falta de inversiones) en la «crisis» territorial de España.

Esta, dijo, no se solucionará si no se arregla el entuerto de la financiación de las autonomías, condenadas (especialmente algunas, la valenciana la que más, según el informe de la comisión oficial de expertos) a una insuficiencia de recursos para los servicios básicos: sanidad, educación y dependencia. La financiación autonómica es «clave» para superar esa crisis que, dijo, «no es solo la de Cataluña».

En todo caso, después de que el propio Rajoy (en modo mitin) animara el pasado fin de semana en València a sus correligionarios a dar «la batalla» a quienes quieren «expandir el secesionismo», Puig enfatizó ayer que el caso valenciano no se mira en el espejo del norte. «La vía valenciana es la reforma, no la ruptura», subrayó. No obstante, el malestar en la sociedad es «profundo». Es lo que le transmitió a Rajoy, afirmó.

Compromisos, no cifras

Sin acuerdos palpables en un papel, la labor de zapa, la estrategia de «gota malaya» que tan a menudo comenta Puig, empieza a ofrecer al menos algún resultado. Ahí se puede situar el compromiso de Rajoy de «intentar» cerrar la reforma del modelo de financiación este mismo 2017. Es lo que se pactó en enero, durante la conferencia de presidentes autonómicos, pero en las últimas semanas el Gobierno había lanzado globos sonda sobre un retraso hasta 2018.

Ahí se puede situar también la disposición de Rajoy (está abierto, dijo Puig) a que la deuda histórica valenciana se aborde dentro del marco de la financiación. Un logro, a juicio de Presidencia, porque hasta ahora el presidente del Gobierno se había mostrado inflexible en un punto que no pone de acuerdo a los propios expertos autores del informe de la financiación. Para el Consell es fundamental. La no mutualización de una parte de la deuda (más de 15.000 millones), entiende, supone «prolongar al futuro la discriminación del pasado».

Y ahí se pueden situar las reuniones (aún sin fecha) cerradas con los ministros de Hacienda y Fomento. Con Cristóbal Montoro (sí, el que dice que los líderes valencianos no hacen más que llorar) hablará en Madrid en las próximas semanas de modelo de financiación (el comité técnico, que es el siguiente paso en la hoja de ruta, debe reunirse en días) y de conseguir más funcionarios («somos la autonomía que menos tiene», remarcó) y más capacidad de gasto para los municipios.

Con Íñigo de la Serna tratará del corredor mediterráneo (Rajoy es «sensible» a este proyecto, afirmó), y de inversiones que espera que estén en los presupuestos de 2018, que «deben cambiar» la tendencia hacia la C. Valenciana.

Puig se llevó de Madrid algún intangible más sobre la relevancia de la C. Valenciana, como es el compromiso de Rajoy de una visita institucional a València. Sin fecha, también.

De la manifestación en preparación en València por la financiación no hablaron. Puig mostró un cierto distanciamiento. «Es un instrumento más, no un fin en sí misma», dijo.

El encuentro coincidió con el día en que Hacienda hace públicas las balanzas fiscales. Estas corroboran el contenido del decálogo que Puig dejó sobre la mesa de Rajoy. La Comunitat Valenciana está entre las cuatro autonomías que aportan al Estado más de lo que perciben. Es la tercera después de Madrid y Cataluña. Su déficit fiscal es de 1.735 millones, según datos de 2014. La cifra ofrecida el año pasado era de 1.416 millones. Un dato más que quizás puede sensibilizar a Rajoy. Como le dijo a Puig, «todo se puede hablar».