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Investigación

Los bandoleros no eran Robin Hood

Una tesis de Sergio Urzainqui reinterpreta el papel del bandidaje valenciano y revela que sus malhechores, 1.583 documentados en el siglo XVII, no eran solo pobres, sino que la mayoría tenía oficio y robaba en connivencia con los más poderosos de la sociedad

Grabado de contrabandistas en España, de Davillier y Doré. levante-emv

Hubo una visión romántica del bandolerismo valenciano que a todos hacía sentirse bien: la miseria y la superpoblación crecientes desde mediados del siglo XVI disparó un fenómeno envuelto por un halo de justicia social. Era la visión difundida por el historiador Fernand Braudel en los años setenta; es la visión que había configurado el imaginario colectivo de estos salteadores de caminos. Sin embargo, una profunda investigación del historiador Sergio Urzainqui cambia ahora por completo el enfoque de la cuestión.

En su tesis doctoral, titulada «Bandidos y bandolerismo en la València del siglo XVII: nuevas fuentes, nuevas perspectivas», ha recopilado numerosos casos y ejemplos del bandidaje valenciano del barroco hasta documentar un total de 1.583 bandoleros. Su conclusión es rotunda: «Lejos de la imagen de Hobsbawm del bandido social que roba al rico para dárselo al pobre, el bandolero valenciano del XVII golpeó tanto a los pudientes como a los menesterosos. La sociedad en su conjunto, de arriba abajo, padeció los golpes de un bandolerismo que, de modo generalizado, en vez de proteger los intereses de los más pobres y desfavorecidos, se condujo por los suyos propios y, en ocasiones, cuando coincidían, de los grupos dominantes».

A lo largo de casi 700 páginas, la investigación confirma la «enorme difusión del bandolerismo» en tierras valencianas. No se limitaba a zonas escarpadas y montañosas, como quiere el tópico. El fenómeno abarcó de la costa al interior; de las tierras de frontera a la capital; de las zonas pobres a las más fecundas. Es más: donde más golpearon las cuadrillas armadas fue en los caminos, encrucijadas, pasos, quebradas, puentes y vados más transitados de las comarcas más densamente pobladas y ricas: l´Horta, la Ribera, el Camp de Túria, el Camp de Morvedre o la Plana de Castelló, destaca el autor.

Los bandoleros, añade, constituyeron «un reto mayúsculo» para las autoridades de la época. Menoscaban la convivencia, dañaban la economía valenciana, sembraban de inseguridad el territorio. No solo eran robos. Los asaltos a viajeros y mercaderes y los saqueos a alquerías, monasterios o iglesias se combinaban con extorsiones, homicidios y agresiones. Eran forajidos. Y la simpatía hacia ellos no puede sostenerse tras leer los casos que Sergio Urzainqui rescata en esta investigación.

La reinterpretación del fenómeno que ofrece el historiador pone fin a la imagen de Robin Hood: robar a los ricos para alimentar a los pobres, al lumpen de la sociedad. Dice el investigador que el bandolerismo valenciano del Seiscientos no solo se nutrió de campesinos pobres y desesperados. «Implicados en las redes criminales de las bandas hubo también no pocos propietarios agrícolas, artesanos urbanos, individuos procedentes del mundo eclesiástico, del militar e incluso miembros de la nobleza, ya como receptadores, ya como instigadores, ya como jefes de filas, sirviendo a intereses dispares y diversos», escribe el historiador.

Arrimados a buena sombra

Sergio Urzainqui va todavía más lejos y concluye que el bandolerismo valenciano actuó y creció en ocasiones a la sombra de los poderosos: de los señores, del clero, de las oligarquías municipales. «Tanto los nobles como los prohombres locales se apoyaron en bandas de delincuentes armados para hacer valer o imponer sus intereses económicos y políticos, para solucionar sus enfrentamientos y venganzas de carácter personal, familiar o faccional», relata el autor de esta tesis en Historia Moderna, dirigida por el profesor Jorge Antonio Catalá Sanz y defendida con éxito en la Universitat de València.

Fueron muchos los bandoleros que participaron en las rivalidades entre linajes y grupos de poder. Eran el eslabón que mediaba en la pugna entre poderosos «por el control del territorio, los recursos económicos, los cargos de gobierno o por desavenencias motivadas por cuestiones de prestigio, honor o fama», recoge la investigación. El estudio se completa con la descripción de cientos de individuos sospechosos, denunciados, acusados o castigados por ser bandoleros. Una especie de enciclopedia del crimen. Sin romanticismos.

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