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El «show» de las calles franquistas en Alicante

La inexcusable aplicación de la Ley de Memoria Histórica, que empezó con la negativa del tripartito a llevar el acuerdo a pleno, avanza hacia el final

Para los políticos, los vecinos son como las encuestas electorales, se agarran a ellos sólo cuando les interesa. Y así ha sido en Alicante, desde el primer momento, en el intento de aplicar la Ley de Memoria Histórica con la retirada de nombres franquistas del callejero.

Todo empezó con el gobierno municipal del tripartito, liderado en este asunto por Compromís, que pese a abogar en general por la participación ciudadana arrinconaron en esta ocasión a los vecinos del proceso en un medido intento de tener más libertad para implantar denominaciones que, una vez conocidas, fueron más que polémicas, como Clara Zetkin, Jardín del Feminario o Víctimas alicantinas del Holocausto. Y no sólo eso, sino que también se negaron a elevar el acuerdo al pleno ante el temor a perder la votación, ya que por entonces el tripartito ya estaba en minoría frente a la oposición.

Esa negativa abrió el camino al PP a llevar el proceso a los juzgados, dilatando la aplicación de una ley con una década de vida y que ignoraron durante sus dos últimos mandatos al frente del gobierno local, y al final obligando por orden judicial a que el acuerdo se aprobase en el pleno municipal.

Pero entre la denuncia inicial y la sentencia final, Alicante vivió momentos nada edificantes, como la retirada de placas franquistas a toda prisa en un intento baldío, ya que la juez, en un inesperado auto de medidas provisionales, obligó a reponer las calles a su estado original. Un mandato sobre el que el tripartito hizo oídos sordos durante un tiempo tan prudencial como para forzar a la justicia a dictar una providencia con un plazo máximo para acatar el auto bajo la sombra de un posible apercibimiento. Al final, hace ya un año, en una imagen bochornosa para Alicante, los nombres franquistas volvían a lucir en las calles gracias a la obcecación del tripartito por mantener una hoja de ruta innecesaria para aplicar la Ley de Memoria Histórica. Innecesaria porque resulta difícil de creer que, en una supuesta votación a finales de 2016, toda la oposición (PP, Ciudadanos y los dos concejales tránsfugas) hubiera avalado con su voto la continuidad de las calles franquistas en Alicante. Y de haber sucedido, que todo es posible, el dedo acusatorio les habría señalado. Sin embargo, al tripartito, al que le bastaba con una abstención entre los quince votos de la oposición, le dio igual, siguió empecinado y se negó a llevar el acuerdo al pleno municipal.

Y de todos esos polvos, estos lodos. Esta semana, ya con los vecinos participando en el proceso de selección de nuevos nombres a exigencia de PP y Ciudadanos, se han conocido algunas de las alternativas para denominar a las vías con connotaciones franquistas. La más sorprendente, sin duda, ha sido la petición de los residentes del todavía barrio José Antonio, que prefieren como sustituto al cantaor gaditano Camarón de la Isla antes que al poeta alicantino Miguel Hernández. Esta petición se incluye en un listado en el que los vecinos del distrito 3 (zona sur) sólo aceptan tres de las propuestas del Ayuntamiento para sustituir las trece calles franquistas de sus barrios. El PP, una vez desveladas las primeras propuestas vecinales (aún quedan los distritos 1 y 2), ha insistido en que «los alicantinos no quieren las propuestas politizadas» de la izquierda. Siendo precisos, el PP también debió apuntar que tampoco se quieren (visto el listado redactado por los dirigentes vecinales, que no sometido a un proceso abierto de participación para los vecinos de los barrios afectados) propuestas como las del poeta Miguel Hernández, el arquitecto Juan Antonio García Solera, la cineasta Cecilia Bartolomé o la escritora Carmen Conde. Lo que sabía de sobra el PP, porque para eso ha estado veinte años gobernando esta ciudad y «conoce» como nadie a los representantes de las asociaciones vecinales, es que las propuestas, «per se», iban a ser rechazadas en su mayoría y, por tanto, que la participación ciudadana se volvería en contra de la izquierda en general y del gobierno local en particular, ya que se pondrían sobre la mesa alternativas polémicas, difíciles de incluir en la propuesta que, finalmente, debe aprobar la Junta de Gobierno, ahora integrada en solitario por el PSOE.

Y a tal grado ha llegado el espectáculo de las calles franquistas de Alicante, que la asociación Alicante Vivo, miembro de la Comisión municipal de la Memoria Histórica y referente en el asociacionismo cultural en la ciudad, ha pedido «perdón» públicamente a las personas «que esperaban que se recuperase la memoria histórica de tantos alicantinos que dieron su vida por la libertad y la democracia y que permanecieron bajo una losa de olvido durante cuarenta años». Como empezaba el mensaje que publicaron esta semana en sus perfiles sociales, «es hora de reconocer» que este proceso se le ha ido «de las manos al Ayuntamiento». Y si Alicante Vivo se ha disculpado pese a no tener ninguna responsabilidad política, otros muchos deberían seguir ese mismo cambio. La recuperación de la memoria no merece el «show» vivido en Alicante.

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