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Radiografía de las sociedades musicales

Las bandas de música cumplen 50 años en clave de BIC

El esfuerzo de las sociedades musicales ha dado sus frutos con el reconocimiento e impulso que supone la reciente declaración como Bien de Interés Cultural

Dicen que la música amansa a las fieras, que «quien canta su mal espanta». Que la música es, al fin y al cabo, un lenguaje universal capaz de unir a las personas sin importar cultura, raza, sexo o religión. La música ha sido (y es) el elemento asociativo y de integración en el que, ante períodos de inestabilidad y crisis, la sociedad ha buscado cobijo. Para muestra un botón: el número de sociedades musicales no dejó de crecer prácticamente desde finales del siglo XIX, quizás con el único intervalo del período de la Guerra Civil y años posteriores.

Incluso durante los períodos más crudos de la crisis económica el número de sociedades musicales siguió en alza. Se incrementó un 4 %, pasando de las 527 de 2009 a las 550 de hoy. También el número de matriculas anuales subió, aumentado un 20 % el número de alumnos en sus escuelas. Para analizar el alcance de estos datos es necesario tener en consideración que la crisis económica afectó de lleno a los sectores culturales. Más concretamente, a los recursos destinados a los mismos, que cayeron un 25 %. Resulta sorprendente, por tanto, que las sociedades musicales no solo no cayesen en banca rota, sino que ampliasen su presencia.

Pero el período de mayor eclosión corresponde a los años setenta, justo cuando la Federación de Sociedades Musicales de la Comunitat Valenciana (Fsmcv) fue fundada (en el 1968) por Antonio Andrés Juan y Vicente Ruiz Monrabal. Este 2018 la federación brinda por los logros obtenidos en sus bodas de oro. El primero de los éxitos de la Fsmcv, presidida por Pedro Rodríguez, se materializó con la declaración de la tradición musical popular valenciana como Bien de Interés Cultural inmaterial (BIC) aprobado por el Consell el 25 de mayo y reconocido en el BOE la pasada semana. Un reconocimiento histórico que contribuirá a la protección e impulso de la música popular.

Que las sociedades musicales sean el principal agente de contacto entre los diferentes estratos de la ciudadanía, y que supongan uno de los principales agentes de conservación y potenciación del patrimonio cultural valenciano fueron alguno de los motivos por los que la Fsmcv alcanzó un título que lleva intentando atrapar desde el 2008.

Un objetivo casi imposible teniendo en cuenta que la ley de patrimonio inmaterial española llegó hace apenas tres años. Su empeño, sin embargo, permitió que las sociedades musicales fuesen reconocidas como merecen. Una unión compuesta por socios y músicos formados en las escuelas musicales de las sedes de cada sociedad musical (que continúan su formación profesional en los conservatorios). Y es que las bandas de música aparecieron integradas por aficionados dedicados a la agricultura y a la artesanía. Amateurs que, con la caída del sol, dedicaban su tiempo de recreo a ensayos con los que organizar para el fin de semana los conciertos en la plaza del pueblo.

Patrimonio

Su segundo logro se celebró por todo lo alto hace ya más de un mes, cuando la Fsmcv consiguió que València se coronase con el título honorífico de capital mundial de la música popular, tras superar trece records Guiness en toda la Comunitat Valenciana como el mayor desfile de bandas de música de la historia, o el mayor ensemble de percusión corporal.

Logros que hicieron vibrar a los 400.427 músicos federados en la Fsmcv como a uno solo y que permitieron aniquilar el cliché que pesa sobre las Sociedades Musicales. Aquellas vinculadas tradicionalmente a modelos socioeconómicos de origen rural que olvida el impacto económico que genera (aportan unos 40 millones de euros anuales al PIB de la C. Valenciana) en muchas poblaciones del territorio valenciano. Empezando por l´Horta Sur (que el pasado año generó casi cuatro millones de euros) hasta llegar al propio Cap i Casal, que supuso 2.165.487 euros.

Y es que el tejido asociativo de las sociedades musicales supone la producción de 60 millones de euros cada año. Sus instrumento están valorados en 27 millones de euros, las partituras en 13 y posee más de 250.000 metros cuadrados en inmuebles (destinados al uso educativo y cultural) valorados en 80 millones de euros.

Su mayor gasto, no obstante, corresponde a los sueldos de los 4.200 profesores, para el que destinan un 38,8 % de ingresos. Estos proceden en mayor medida de ingresos propios (como el pago de las matriculas de sus 60.000 alumnos, las actuaciones de las bandas, las cuotas de los 200.000 socios, la venta de lotería y los pasacalles populares) y solo un 22,2 % de subvenciones de carácter público. Una financiación que permite 3.600 conciertos de bandas de música y orquesta, 1.700 conciertos de grupos instrumentales y 11.000 pasacalles anuales.

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