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Igualdad

El lenguaje inclusivo es algo más que no usar el masculino

La cuestión que más se debate es el masculino genérico para hacer referencia a grupos mixtos

El lenguaje inclusivo es algo más que no usar el masculino

El lenguaje inclusivo es algo más que no usar el masculino

El lenguaje inclusivo no consiste exclusivamente en enumerar «los» y «las» cada vez que se menciona un sustantivo. Eso solo ocurre en la vida de los políticos y en las intervenciones públicas, donde se cuida muy mucho hablar de «los vecinos y las vecinas»... «los ciudadanos y las ciudadanas»... y de saludar o despedirse con un gracias o un bienvenido a «todos y a todas».

Pero, cuando uno se expresa en otro ámbito, en el privado, no llega a casa y le dice a su pareja que su jefe (o jefa) le ha dicho «a todos y a todas en la oficina que cuando tengan un paquete para el repartidor o la repartidora lo dejen en el lugar correspondiente». Así no funcionan las cosas.

El lenguaje inclusivo es mucho más que un simple «los y las» empleados de forma abusiva, algo que causa hastío y sirve de argumento a los que no creen en la importancia del lenguaje, en el poder de las palabras. Y es que incorporar un enfoque de género al lenguaje, que es de lo que se trata, tiene muchos otros matices.

Entre otros, reformular oraciones evitando el género -por ejemplo, decir «quienes trabajan» en lugar de «los trabajadores y las trabajadoras»-; utilizar sustantivos colectivos que hacen referencia tanto a hombres como a mujeres - alumnado, profesorado, clientela, adolescencia, licenciatura, infancia, niñez, ingeniería, vejez, jefatura, alcaldía, tutoría, ciudadanía...-; emplear términos genéricos -como «persona, individuo o ser humano»-; o desterrar del vocabulario palabras como «cojonudo» o «coñazo» porque mientras el significado del primero es en positivo, el del segundo es, precisamente, todo lo contrario.

Para modificar la sociedad desde el lenguaje, o para reflejar los cambios sociales con el mismo hay que tener voluntad y constancia. Y enterrar el hacha de guerra (o emplearla de otra manera) para sumar, cada día, más adeptos a la causa.

Hace décadas que la mujer goza de igualdad legal, pero son muchos los ámbitos en que continúa sin recibir el mismo trato. Y el lingüístico es uno de ellos. El género femenino se forma de distintas maneras. El masculino no se forma, el masculino existe. Pero ¿es realmente necesario esforzarse en visibilizar a las mujeres mediante el lenguaje? ¿No se sobreentiende que 'niños' hace referencia a niños y niñas en un aula mixta? ¿Es necesario referirse a la médica o a la jueza? Vayamos por partes.

La cuestión que más se debate es el denominado masculino genérico, es decir, apelar al masculino en referencia a grupos mixtos. El masculino genérico es una herencia recibida tras décadas y décadas donde los ámbitos profesionales o relacionados con la vida pública eran casi exclusivamente de este género.

Así, si una persona escucha en la cafetería que un grupo de científicos ha logrado una vacuna contra las caries... ¿alguien se imaginará a alguna mujer en ese hallazgo? Pero si en esa misma cafetería alguien afirma que la asociación vecinal (que no de vecinos, para evitar el masculino genérico) necesita más «miembras»... las risas están aseguradas. No sería la primera vez.

Los criterios de la RAE

La Real Academia de la Lengua Española (RAE) decide en qué se avanza y qué es lo que queda estancado. Así, la propia academia desdobla todas las profesiones y recomienda su uso. Hacerlo es una cuestión personal.

Los académicos también han aceptado algunos cambios como la reciente decisión de modificar en el diccionario una de las acepciones del adjetivo «fácil» que hasta ese momento aparecía como «dicho especialmente de una mujer: que se presta sin problemas a mantener relaciones sexuales».

Se negaron, sin embargo, a aceptar el término «machirulo» propuesto por una de las académicas (Soledad Puértolas) para designar a «un tipo de hombre semichulo, que quiere ser dominante».

La RAE tampoco está dispuesta, de momento, a entender un lenguaje discriminatorio y sexista en el masculino genérico. Así, cuando esta propuesta sale a la luz, la RAE argumenta que «incitar a dejar de usar el masculino como genérico atenta contra el principio de economía del lenguaje» al considerar que «los desdoblamientos son artificiosos e innecesarios».

La RAE dicta la norma, pero el debate está abierto. La profesora titular de Filología española en la Universitat de València y experta en lenguaje inclusivo, Mercedes Quilis, asegura que el lenguaje inclusivo «no se trata de desdoblar términos de forma forzada.. que es lo que ha estado pasando. Hay que compaginar la norma con el uso porque el lenguaje tiene muchos recursos para introducir la perspectiva de género. Estamos en contra del masculino genérico desdoblado.. pero nos hemos acostumbrado a ello y una cosa es un discurso público (donde se cuida mucho hablar de 'todos y todas') y otra muy distinto el ámbito coloquial, donde no lo hace nadie».

Respecto a las profesiones, Quilis opta por «respetar a los propios colectivos y si una mujer se denomina 'la médico' no hay discusión. Otra cosa son términos como 'portavoza' o 'miembra' que crean una polémica social pero que están formado en contra de la regla porque 'portavoz' es una palabra compuesta, como 'sacacorchos'».

Una sociedad más igualitaria

Así, Mercedes Quilis apuesta por «dentro de las posibilidades que ofrece el lenguaje, que son muchas, aplicar las alternativas posibles de forma coherente para visibilizar a las mujeres así como respectar a los colectivos y las designaciones que se hacen de sí mismos. Es importante ofrecer las alternativas para que toda la sociedad se vea representada porque con las palabras podemos contribuir a crear una sociedad más igualitaria». Para las personas con responsabilidades públicas, Quilis considera «imprescindible su formación al respecto».

La directora general del Instituto Valenciano de las Mujeres y por la Igualdad de Género, María Such, asegura que el lenguaje inclusivo es «una prioridad para el Consell». «Creamos las unidades de igualdad para asegurarnos una redacción correcta e inclusiva de los textos porque tenemos herramientas y un lenguaje lo suficientemente rico para suprimir el uso sexista del mismo. El lenguaje influye en la percepción de la realidad. No es lo mismo hablar de 'zorro' que de 'zorra' y hay que intentar trabajar en una línea que tenga un carácter inclusivo y que no genere malestar porque se pueden emplear sin un doble sentido, pero lo tiene. Hay que sensibilizar a la población para que entienda la importancia del lenguaje inclusivo», explica la responsable del mismo en el Consell.

Y puntualiza: «Aparte del formato, o de la manera... es importante también entrar en el contenido. Trabajar en la forma y en el fondo».

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