12 de septiembre de 2018
12.09.2018
DEBATE DE POLÍTICA GENERAL

Inaugurada la campaña electoral

Puig pide renovar la confianza en el Botànic en un discurso de reelección con más anuncios que nunca y Bonig responde con un programa de gobierno El fantasma de Cataluña y la nueva relación con la Moncloa polarizan el último gran debate

12.09.2018 | 01:21
Ximo Puig y Mónica Oltra, ayer, al inicio del debate de política general.

«Este tiempo (de diálogo, entendimiento y comunicación), estoy seguro, continuará». Fue la frase con la que Ximo Puig, pasadas las 19.00 horas, cerraba ayer el debate de política general iniciado nueve horas antes.

Una frase que resume el tono del último gran debate parlamentario de la legislatura, en cuanto que contiene la voluntad y esperanza de PSPV y Compromís de reeditar su gobierno de coalición (apoyado por Podemos) en unos meses, cuando vuelvan a ponerse las urnas: el 26 de mayo, si no hay sorpresa antes de Puig, que, por lo escuchado ayer, parece que no, pese a las advertencias.

La sombra de la próxima cita electoral fue el factor clave que dominó el debate de ayer, lo que lo diferenció de los dos anteriores con Puig de protagonista y lo dotó de mayor tensión y atractivo político.

En cierta manera, la campaña electoral puede darse por inaugurada tras la jornada de ayer, con un discurso del jefe del Consell y líder del PSPV que sonó a llamada a la reelección y una respuesta de la principal jefa de la oposición, Isabel Bonig (PP), cimentada en presentar un programa de gobierno propio contra la «senda de fracasos» del Botànic.

Ese pacto fue el que reivindicó con más emoción que nunca el portavoz de Compromís, Fran Ferri, al desearle «larga vida» frente a aquellos dirigentes socialistas (en referencia a la líder de València, Sandra Gómez) que han mostrado dudas con una reedición del acuerdo local en la capital. «Lo volveríamos a firmar sin dudarlo y lo haremos. Que conste en acta nuestro compromiso», dijo.

Si un socialista hay sin dudas en el proyecto de coalición es su portavoz parlamentario, Manolo Mata, que destacó el grado de complicidad alcanzado y llamó a que «vengan más botànics».

Del futuro de los pactos no habló el secretario general valenciano de Podemos, Antonio Estañ, pero el tono suave, de socio, de su discurso cargado de críticas no es, como mínimo, el de un aliado que quiere romper antes de tiempo con la situación actual. No hubo advertencia alguna al respecto, por otra parte.

Quien sí hizo un discurso de oposición fue Ciudadanos, grupo que ha apoyado un buen número de leyes del Consell bipartito de Puig y Mónica Oltra, pero que ayer resaltó los «chascos» del Botànic para presentar a su partido como una «alternativa seria y sensata para un gobierno sin sectarismo en educación, que prime la gestión al dogmatismo y adelgace la función pública». Eso dijo su portavoz, Mari Carmen Sánchez. Está claro que la de ayer fue una jornada de resonancias electorales y mitineras.

Puig respondió con una dureza poco habitual en sus visitas a las Corts y que refleja que acudía con las pilas cargadas. «Míreme a los ojos -dijo a Sánchez-. ¿Piensa que la Comunitat Valenciana está peor que hace tres años?» La bancada del PP clamó que sí. «Para ellos, la Generalitat era su chalé», espetó el jefe del Consell.

La mejora en los tres años de gobierno del Botànic fue un mantra que Puig repitió en casi todas sus apariciones en la tribuna. «Todos los indicadores lo dicen», insistió.

Frente al «problema valenciano» de 2015, reiteró el «momento valenciano» actual. La reducción del paro, la mejora de la confianza empresarial, la existencia de 1.800 aulas más y los 70.000 dependientes que ahora cobran ayudas son algunos datos que aportó para ilustrar la mejora.

Puig acabó tras casi hora y media de alocución pidiendo la confianza de la ciudadanía para renovar el acuerdo de gobierno progresista de 2015. «Si en 2015 había que tirar a la corrupción», hoy hay que cerrar la puerta al «populismo conservador» y a la xenofobia, con los que identificó a la derecha valenciana, a la que apeló a observar el ejemplo de McCain y no el de Trump.

La referencia molestó a Bonig. «Nunca he sido xenófoba, me parece un insulto», dijo. Y devolvió la moneda: «Tiene lo peor consigo: populismo y nacionalismo», lanzó a Puig.

No fue una mención pasajera. La «catalanización» de la sociedad valenciana fue uno de los ejes del mensaje de la presidenta del PPCV. También la síndica de Ciudadanos se agarró a este «fantasma», Puig dixit.

«No hay ningún proyecto independentista en esta cámara. No tiene nada que ver con la C. Valenciana de hoy», respondió el jefe del Consell en un tono más agrio de lo habitual.

Junto con Cataluña, la relación del Consell con el Gobierno de España fue otro de los asuntos que recorrió toda la jornada. Puig anunció que la primera semana de octubre se reunirá con Pedro Sánchez y no paró de reiterar que él no ha cambiado de posición, que le dirá lo mismo que a Mariano Rajoy, que su intervención en el Senado, si llega a producirse, será la misma, pero su tono ante la Moncloa sonó menos reivindicativo. «Es obvio que han cambiado las circunstancias en Madrid», argumentó, «hay un trato leal y diálogo, una posición de bilateralidad no excluyente».

Con palabras más o menos gruesas, todos los grupos, incluido Compromís, incidieron en la nueva relación con Madrid. Puig recordó que ayer mismo Sánchez era criticado en el Senado por favorecer a los valencianos. «Sí hay ahora mejor sintonía», alegó.

El jefe del Consell hizo balance de tres años del Botànic, lanzó anuncios y compromisos (más de treinta), como corresponde en este tipo de debates, pero se le vio más a gusto metido en harinas ideológicas. Propuso así un «nuevo contrato social valenciano» que contrapuso a la «involución democrática» que se da en otras partes de Europa. En ese paquete citó al italiano Salvini, la francesa Le Pen, el húngaro Orban, el antiBrexit Farage o los fenómenos independentistas. «Es el nuevo populismo conservador», concluyó.

Frente a él ofreció igualdad, desarrollo y democracia como los pilares del nuevo proyecto del Botànic. En este punto desgranó los más de treinta anuncios (algunos recuperados del pasado) para lo que queda de legislatura y lo que venga.

Entre ellos, mucha innovación tecnológica y menciones frecuentes a proyectos de inteligencia artificial, como dos grandes empresas (Indra y Accenture) que se implantarán en el Distrito Digital de Alicante o la ampliación de Parc Sagunt I y un plan de polígonos industriales digitales en Almussafes.

También realizó anuncios más cercanos a la gente, como la apertura del servicio de metro de València por las noches durante festivos y fines de semana desde final de año, la aceleración de la reversión del hospital de Dénia para que sea 100 % público antes de mayo de 2019 o la recuperación de un plan de choque con apoyo de la sanidad privada (como ya hicieron anteriores gobiernos del PP) para reducir las listas de espera quirúrgicas.

Una tarjeta cultural, otro proyecto en el que los gobiernos del PP ya trabajaron sin resultados, y un banco de ADN público para la identificación de las víctimas de la guerra civil fueron otros anuncios. La reivindicación feminista fue otro de los ejes centrales del discurso. «No se puede ser demócrata sin ser feminista», dijo.

«El Botànic va más allá de las elecciones. Es un proyecto de larga duración, como mínimo de 8 años más», zanjó Puig ante Ferri. Una muestra más del ambiente preelectoral que animó la jornada.

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