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El vacío de liderazgo socava el proyecto del PP en València

Los populares están desaparecidos como oposición en la ciudad tras 3 años de debate sobre el candidato

El cartel electoral del PP en la ciudad de València ha dejado de ser un problema de nombres para convertirse en uno de visibilización de un proyecto que, de existir, está enterrado cuando quedan ocho meses para las elecciones. El vacío de liderazgo en una de las plazas más importantes para el PP ha hecho mella en una organización que, a día de hoy, se muestra incapaz de tener voz como oposición al Govern de la Nau y de mostrar el músculo electoral del que ha presumido durante décadas.

Dirigentes destacados admiten que la incógnita sobre quién encabezará la lista se ha trasladado al día a día y que en estos momentos el nivel de zozobra es tal que no hace sino incidir en la parálisis. Quienes tienen expectativas de un papel relevante en el futuro prefieren mantener un perfil bajo en espera de una bendición de Génova que no acaba de llegar.

La consecuencia es que la parálisis es evidente y muchos tienen la sensación de que el debate sobre los nombres no ha hecho sino empeorar las cosas en el polvorín del cap i casal. Ayer, el presidente nacional del PP, Pablo Casado, echó una jarra de agua fría sobre quienes esperaban que la incógnita se resolviera pronto. Como mínimo habrá que esperar, dijo, a las elecciones andaluzas. A partir de ese momento, precisó, y hasta la convención nacional trasladada a enero, se sabrá el nombre.

La legislatura se presentaba ya complicada cuando hace tres años Rita Barberá perdió la vara de mando tras un cuarto de siglo. La sucesión resultaba compleja dado el poder absoluto ejercido por la exalcaldesa. Los populares, con todo, contaban con ciertas ventajas. El resultado electoral les proporcionó un grupo municipal con veteranos que conocían los intestinos del ayuntamiento y que podrían haber hecho sufrir a unos competidores sin experiencia.

La operación Taula, que acabó con la imputación de todos los concejales populares, reventó cualquier expectativa de una oposición sólida, al menos, desde dentro del consistorio. La disolución del aparato del partido en València y la constitución de una gestora con personas «no contaminadas» parecía la solución optima por parte de la presidenta del PPCV, Isabel Bonig, para lanzar un equipo que en la sombra asumiera el liderazgo y lanzara un proyecto de regeneración en el cap i casal. Sin embargo, la hoja de ruta no se cumplió.

El fallecimiento de Barberá, las fricciones y rencillas internas, el retraso a la hora de resolverse la causa judicial y el inmovilismo de Génova que no atendió a la petición de Bonig de expulsar a los concejales imputados ha hecho que la situación haya sido inmanejable. Pero, además, el debate irresoluto sobre el cartel electoral no ha hecho sino incidir en este vacío de poder. Hace unos meses, Bonig, que pretendía influir de forma decisiva en el cartel, quiso tomar las riendas e incluir en su agenda política València.

Durante un tiempo, participó en varias comparecencias junto con el portavoz independiente Eusebio Monzó para hacer oposición al gobierno de Joan Ribó. La pelea por el liderazgo llevó incluso a que varias voces se solaparan y se contraprogramaran. De un lado, el grupo municipal; de otro, el presidente de la gestora, Luis Santamaría, y por último, la regional con Bonig a la cabeza y Eusebio Monzó de candidato oficioso.

Sin embargo, esta pelea por hacerse un hueco tenía los días contados. Antes de la moción de censura, la decisión estaba prácticamente tomada por Mariano Rajoy. Diversas fuentes aseguran que, a pesar de Bonig, Génova se había decantado por la diputada María José Català después de que Esteban González Pons hubiera logrado apartarse de una carrera en la que no desea estar. Otras, sin embargo, mantienen que la lideresa había logrado convencer a Madrid sobre un «independiente».

Sin embargo, la llegada de Casado (candidato al que no apoyó la dirección regional) devolvió el debate a la casilla de salida. Todas las miradas vuelven a González Pons.

El último episodio es una encuesta interna cuyos resultados Génova prefiere esconder. Bonig y el secretario de organización, Javier Maroto, se vieron la semana pasada y hablaron del cartel sin cerrar un nombre que, estatutariamente, depende de Casado. El lunes Bonig dijo que «pronto» se sabrá, pero puede ser tarde para un partido que lleva más de tres años pendiente de regeneración.

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