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Análisis

Desgaste acelerado del pacto a tres

Las infructuosas negociaciones y la imposibilidad del acuerdo suponen un duro golpe para la imagen del tripartito - El deterioro sin empezar a gobernar amenaza la credibilidad futura del Consell

El veterano Ciprià Císcar, uno de los negociadores, conversa con Puig antes de la ejecutiva del PSPV.

El veterano Ciprià Císcar, uno de los negociadores, conversa con Puig antes de la ejecutiva del PSPV. germán caballero

Los anglosajones llaman "branding" en Publicidad al ejercicio de crear una marca, desde sus cimientos hasta su consolidación, dotándola de unos valores y unos conceptos que el público debe asociar indeleblemente.

El Botànic había generado una marca que funcionó sin grandes averías durante cuatro años, hasta la ruptura final entre PSPV y Compromís por el adelanto electoral. Sin embargo, las infructuosas negociaciones y la imposibilidad de alcanzar un acuerdo amenazan con deteriorar seriamente la marca y que la ciudadanía perciba que el pacto a tres es una jaula de grillos antes de empezar a gobernar. La propia credibilidad del futuro Consell está en juego estos días.

Es admitido por partidarios y detractores que a Ximo Puig la jugada del adelanto electoral de las Ximo Puigautonómicas. El Botànic se ha caracterizado por la estabilidad en estos cuatro años y ha logrado tejer un discurso que las urnas, aunque con pérdida global del votos, han avalado su continuidad. Y le han dado una mayoría que permite reeditar el pacto. Pero la imagen que puede producirse hoy de un candidato presidencial dando forma a un discurso en las Corts sin saber si resultará elegido va a suponer inevitablemente un desgaste.

De aquel adelanto electoral, Compromís de los 19 que logró hace cuatro años. Una factura que está pendiente y que puede estar en fondo de lo que podría ocurrir en las próximas horas, que el presidente se enfrente a una sesión de investidura sin saber si su socio le va a dar su apoyo.

El lunes parecía por fin que el acuerdo saldría adelante pero la intervención de Mónica Oltra durante una comida con los negociadores de Compromís provocó un giro de 180 grados. Se retractaron de lo que habían aceptado por la mañana. Las tensiones entre los tres partidos llegaron anoche a su punto más álgido y la situación comienza a dejar en muy mal lugar a los tres partidos. La imposibilidad de llegar a un acuerdo es, por tanto, un deterioro de la marca botánica que empezó a andar hace cuatro años con la firma de PSPV, Compromís y Podemos, pero que en estos días puede haber dilapidado parte de su capital político.

Del «qué» a la lucha por sillones

El mantra que los negociadores botánicos repetían de «primero el qué y luego el quién» ha demostrado que lo segundo es más importante que lo primero.

Más de cuarenta días después desde las elecciones, las negociaciones políticas están estancadas en «el quién» y en la «arquitectura institucional». Las cuotas de poder y los sillones han encallado las negociaciones, que arrancaron el 30 de mayo, con un mes de cuarentena desde el 28 de abril por la espera de los resultados municipales.

Pero desde el jueves los titulares son los mismos. «El Botànic se atasca», «el Botànic encalla», «el Botànic retrasa». Ningún avance sustancial más allá de cerrar un programa que, a falta de revisar las prioridades, se basa en las mismas premisas que en 2015. Un bucle continuo que desconecta a muchos ciudadanos de la política.

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