10 de octubre de 2019
10.10.2019

Ximo Puig sube el tono ante Madrid: "La paciencia tiene un límite"

El jefe del Consell clama contra "la parálisis institucional" en España y lamenta que la Comunitat Valenciana lleva "demasiados años reclamando un sistema de financiación justo" - El mensaje contrasta con los discursos electoralistas de los líderes estatales

10.10.2019 | 04:15
Ximo Puig sube el tono ante Madrid: "La paciencia tiene un límite"

Una España política (la que gira en torno al Palacio de la Moncloa y el Congreso de los Diputados) está en campaña y otra intenta ponerse en marcha después de haber superado unas elecciones (autonómicas o municipales). Dos realidades que con frecuencia chocan. El contraste quedó especialmente claro en la jornada de ayer, con un discurso institucional, de reivindicación del autogobierno valenciano y de las necesidades de una autonomía que sufre un sistema de financiación que lastra sus posibilidades (el del presidente de la Generalitat, Ximo Puig) y el aire de mitin de los parlamentos trufados de promesas y anuncios que realizaron quienes representan al poder del Estado: el ministro valenciano de Fomento, José Luis Ábalos, y el presidente del PP y jefe de la oposición en Madrid, Pablo Casado.

Todo fue en el Palau de la Generalitat, en torno a su salón más emblemático, el de Corts, recuerdo de los años de esplendor del viejo Reino de València y símbolo del autogobierno. Ayer estrenaba iluminación y pocas veces sus paredes, donde están representados los brazos de las Corts medievales, han sido tan mencionadas en los discursos. Lo hizo Puig y lo hizo antes la vicepresidenta, Mónica Oltra. El propio Casado se detuvo antes del acto a observar las pinturas y los artesonados. El líder del PP se llevó al menos a Madrid la letanía del problema valenciano, una lluvia fina que algo ha calado, porque el primer compromiso que Casado lanzó una vez conquistados los micrófonos tras el acto fue el de reformar el sistema de financiación autonómica en cuanto gobierne.

Y Ábalos se movió por su parte en los márgenes que dejó el presidente del Gobierno en funciones, Pedro Sánchez, en su visita de la semana pasada a València: habrá una propuesta de nuevo modelo de financiación el primer año de la nueva legislatura y estará aprobado antes de que se cierre el mandato, dure cuatro años o menos.

Algo es algo. Puede ser interpretado como bastante o como poco. Puig señaló durante su discurso que «el problema valenciano» está ya en la agenda política. «Insuficientemente, pero ha entrado», dijo.

La presidenta del PPCV, Isabel Bonig, no lo ve así, porque a la salida del Palau, y con Casado guardándole la espalda, criticó a Puig por no reivindicar la reforma de la financiación. Cosas de la política, que a veces se convierte en juego de palabras en mundos paralelos. Unos universos tan lejanos que conducen a la polarización de la que alertan encuestas y académicos.

El jefe del Consell habló de financiación. Bastante para unos y poco para otros. Habló de financiación bajo el paraguas de la igualdad, que fue el gran armazón de su discurso institucional. Y no hay equidad si unos territorios están mejor financiados que otros, como sucede ahora, para lamento reiterado de los estamentos valencianos.

«Los valencianos llevamos años, demasiados años, reclamando un sistema de financiación autonómica justo que haga viable el autogobierno y asegure el trabajo y el bienestar que merecemos», dijo. Bastante o poco, lo dicho, según miradas.

Se ha avanzado, señaló, pero «no es suficiente». «Necesitamos que España salga ya de la parálisis institucional», remarcó. «Necesitamos un Gobierno estable y un Parlamento que entienda la diversidad territorial», agregó. ¿Suficiente o poco?

La referencia fue obvia a la situación en Madrid y al bloqueo político que paraliza la reforma de la financiación, impide que haya nuevos Presupuestos del Estado y ha tenido las arcas públicas valencianas bajo mínimos al estar retenidas las entregas a cuenta procedentes de la recaudación de impuestos.

No hay que olvidar tampoco que el asunto de la financiación, pese a declaraciones institucionales y sonadas manifestaciones, continúa como estaba en 2015, cuando la izquierda regresó al poder tras veinte años de gobiernos del PP.

El jefe del Consell enmarcó la cuestión de la financiación autonómica en una empresa de voltaje más alto: la del compromiso con la diversidad territorial de España que representa el actual Estado de las autonomías. Ahí fue especialmente contundente. «La paciencia tiene un límite», clamó.

«España necesita asumir de una vez por todas que las singularidades son una riqueza, y que la igualdad real entre personas constituye el único camino para un proyecto en común». «De ese entendimiento depende nuestro futuro y el de las próximas generaciones», subrayó.
Si fue bastante o poco, depende de puntos de vista. A la ultraderecha de Vox el acto institucional le pareció un «aquelarre marxista» con dinero público, por el compromiso con la memoria histórica y el enaltecimiento de un autogobierno que «genera desigualdades». Cuestión de ópticas.

Igualdad contra populismos

Puig habló de financiación, autogobierno y reforma territorial. Pero alzó la voz también contra los populismos y las injusticias, y clamó por la diversidad y la pluralidad, por el diálogo y el entendimiento, por la confianza en el futuro y contra la recentralización. Así puede resumirse el acto institucional del Día de la Comunitat Valenciana.

«Parlem, no cridem. Parlem, no callem. Parlem, no monologuem». Fue el alegato por la palabra en un discurso siempre con notas emotivas, pero también abierto a la reflexión: «Ordenar el presente, pensar el futuro y olvidar todo lo malo del pasado».

El jefe del Consell habló de reivindicación, pero introdujo la nota este año (cuando los socialistas gobiernan también en funciones en España) de la responsabilidad, en forma de aviso contra el uso partidista de la lucha por una financiación justa.

Llamó así a combatir la demagogia y la competencia desleal en los impuestos que realizan algunas comunidades. Un fenómeno que lleva a la configuración casi de «paraísos fiscales» dentro de España (Madrid era la autonomía señalada).

La referencia no agradó a PP y Ciudadanos. El propio Casado salió en defensa de la Comunidad de Madrid y su rebaja de impuestos e invitó a Puig a seguir el ejemplo.

Por el camino de la reivindicación de la diversidad territorial, el president de la Generalitat llegó también a la condena de las «tendencias recentralizadoras» que «contagian» a un espectro de la política española. Como vacuna insistió en el autogobierno (el valenciano, en este caso) y el Estado de las Autonomías, del que pidió su transformación para hacerlo «más justo».

El fondo del discurso de Puig estuvo también en la alocución, más breve, que pronunció la vicepresidenta del Consell, Mónica Oltra, antes de la entrega de las distinciones autonómicas.

De trato justo, de igualdad legal y real, de bienestar y calidad de vida de los ciudadanos de la Comunitat Valenciana con independencia de su origen, de acuerdos y de afectos, habló también Oltra en sus palabras en un salón tan lleno como en otras ocasiones.

Si el año pasado Pedro Sánchez fue el invitado estelar, ayer estaba el jefe de la oposición. El presidente del Gobierno se acordó de los valencianos vía mensaje en redes sociales: «Bon dia i feliç Nou d'Octubre a tots els valencians i valencianes. Una tierra que acoge y da lo mejor de sí. Un patrimonio natural y cultural inigualable. Una sociedad que se esfuerza por seguir creando oportunidades para todos».

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