16 de febrero de 2020
16.02.2020
Educación

La exención de valenciano en Secundaria cae al 10 % en zonas castellanohablantes

El porcentaje de alumnos que abandona la enseñanza del idioma cooficial se reduce 12 puntos en los últimos cinco años - Los filólogos se convierten en uno de los profesores más cotizados y no se consigue cubrir la demanda de clases particulares

15.02.2020 | 21:24
La exención de valenciano en Secundaria cae al 10 % en zonas castellanohablantes

El interés por cursar la asignatura de valenciano en las zonas castellanohablantes ha aumentado de forma considerable, según los datos de la Conselleria de Educación. En el curso 2014-2015 había 22.472 alumnos matriculados en Secundaria en territorio de habla castellana y optaron por la exención un 22 %, lo que representaba el 3 % del sistema educativo. Cinco años después, en el curso 2018-2019, el número de matrículas ascendió a 24.159, mientras el porcentaje de exentos decreció hasta el 10 %, lo que supone un 1,2 % del total de la Comunidad Valenciana.

También en Primaria se ha producido un ligero descenso de los estudiantes exentos en la lengua cooficial, ya que del curso 2014-2015 a 2018-2019 ha bajado esta opción del 2,3 % al 2,1 %.

Tradicionalmente, los cursos de Bachillerato registran un mayor porcentaje de exención en los municipios que cuentan con ese derecho. Según la valoración del departamento que dirige Vicent Marzà, «Bachillerato es una etapa educativa no obligatoria, donde el alumnado está preparándose para la Prueba de Acceso en la Universidad y son los estudiantes que piden más exenciones en las zonas castellanohablantes».
Para Educación, la elección de aparcar la asignatura en estos casos «no se da porque el alumnado rehuse aprenderla, puesto que la gran mayoría no escoge la exención en Primaria y la ESO, sino porque se ahorra las pruebas de valenciano» en la selectividad. A ese respecto, se defiende que la tarea pedagógica del Servicio de Educación Plurilingüe hace que «baje también la petición de exención del valenciano en Bachillerato», aunque sin concretar porcentajes.

Aprender un idioma para alcanzar metas laborales es el reto al que se enfrentan numerosos valencianos que precisan acreditar determinadas competencias lingüísticas para ingresar, principalmente, en puestos de trabajo ligados a la función pública. La tarea requiere muchas veces un sobresfuerzo en aspirantes que residen en zonas castellanohablantes y, sobre todo, entre quienes hicieron valer su derecho a la exención de la asignatura en el colegio e instituto. La necesidad de fortalecer años después la conexión con esta lengua cooficial obliga, con frecuencia, a buscar formación extra de la mano de un profesorado que cada vez está más cotizado.
La oferta formativa de cursos de valenciano se ha multiplicado en los últimos años en instituciones públicas como las universidades y la Escuela Oficial de Idiomas, que han ampliado la tipología de recursos para facilitar el aprendizaje a través de clases grupales con tarifas muy ajustadas. Ofrecen, también, algunos recursos gratuitos.

Misión imposible

Mientras, encontrar academias y profesores particulares para afianzar el dominio lingüístico y perfeccionar, por ejemplo, las destrezas para la fluidez de la expresión oral se ha convertido casi en una misión imposible en ciertas zonas. «He tenido a profesores desesperados por aprobar la Capacitació en Valencià y dispuestos a pagar lo que fuera por clases particulares. Es raro encontrar profesores de valenciano, porque prácticamente todos trabajamos en institutos», sostiene María Ruiz, que actualmente trabaja en el IES Grisolía de Callosa de Segura.
No es la única que se expresa así. «Casi todos los días recibo llamadas o mensajes de alguien que busca clases. Los profesores de valenciano estamos ahora muy cotizados y hay personas que están dispuestas a pagar casi lo que les pidas por enseñanza personalizada». Son palabras de María Imbernón, graduada en Filología Catalana por la Universidad de Alicante (UA) y profesora en el IES Cap de l'Aljub de Santa Pola.
Desde la academia Miralles de Torrevieja, la directora, María José Miralles, confirma que es «muy complicado» encontrar profesores de esta materia.Prácticamente lo mismo señalan desde la academia Montessori de Orihuela: cuesta encontrar docentes para atender, sobre todo, a estudiantes con perfil de opositores o, directamente, trabajadores de la administración.

En unos casos supone un requisito indispensable para el acceso a las bolsas de trabajo público. En otros, es un mérito que suma en los procesos de concurso-oposición. El profesor del departamento de Filología Catalana de la UA, Vicent Brotons, destaca asimismo que hay «una fuerte demanda de clases de personas que han estudiado Magisterio fuera de la Comunidad Valenciana, pero que aspiran a tener plaza de trabajo aquí. También demandan clases personas que en su día fueron exentas, tienen déficits y necesitan nivel», expresa.

Pruebas comunes

Fue en 2015 cuando los rectores de siete universidades públicas y privadas de la Comunitat Valenciana firmaron un convenio para homologar los certificados de valenciano expedidos por los servicios lingüísticos universitarios. Desde entonces, todos los alumnos se enfrentan a la misma prueba y son examinados por docentes con los que no tienen vinculación. Hasta entonces existía la posibilidad de que las universidades evaluaran a los alumnos que asistían a sus propios cursos, una situación que motivaba, incluso, que grupos de estudiantes de Alicante se desplazaran los sábados a centros privados de València que ofrecían metodologías de estudio más ventajosas para aprender de forma intensiva un idioma que, en muchos casos, habían abandonado años atrás. Por supuesto, todo previo pago de tarifas bastante elevadas.
Mª Àngels Soler, profesora de valenciano en la EOI de Torrevieja, critica que sigan existiendo prácticas con la expedición de ciertos títulos que considera anómalas. Asegura que existen centros privados que ofertan cursos para obtener, por ejemplo, la capacitación en valenciano o el diploma de Mestre -que suman puntos en un concurso oposición- sin que se exija previamente al alumnado el nivel de idioma requerido, como sí se hace en los centros públicos.

Para ello, prosigue, se ofrece hacer el curso y congelar la expedición del título hasta que se acredite haber superado el examen de nivel del idioma necesario. Cursos que, por lo general, cuestan a partir de 1.000 euros. «No sé cómo se expiden títulos así, cuando lo que se requiere es que el alumno sea capaz de impartir una asignatura con un correcto dominio del idioma».

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