01 de marzo de 2020
01.03.2020
Análisis

"Vivimos fuera de la realidad. Es fácil creer cualquier alarma"

Expertos en Psicología y Sociología analizan el impacto de fenómenos económicos o sociales sobre el comportamiento ciudadano y colectivo

29.02.2020 | 22:08
"Vivimos fuera de la realidad. Es fácil creer cualquier alarma"

Además de una cuestión de orden sanitario, la crisis del Covid-19 ha puesto en jaque a sectores y economías con un problema de fondo: el miedo. Tres académicos reflexionan sobre la conducta individual y colectiva detrás de una alerta que ha obligado a cancelar ferias mundiales, clausurado estadios y paralizado el turismo en varios países

Unas décimas de fiebre han provocado la mayor caída de la bolsa en una década. Eso solo en España. Lo del mundo es mucho peor. La centralidad de China en la crisis del coronavirus ha cerrado puertos, retenido mercancías, puesto en peligro cadenas globales de valor. Unas décimas de fiebre han vaciado plazas que son una colmena de turistas y han puesto de los nervios a la industria aeronáutica europea. Unas décimas de fiebre y algunas muertes, por lo general ancianos con enfermedades crónicas de base (frente a los 42 fallecidos que, este 2020 solo en España, ha causado la gripe), ha llevado a la cancelación de ferias, al cierre de estadios, a la suspensión de festivales urbanos de eco mundial.

Si médicos y epidemiólogos llaman a la calma sobre el riesgo del virus, otro campo de la ciencia, el de la psicología y la sociología, se encuentra un caso de estudio de alcance global. «El coronavirus nos ha enseñado la fragilidad del orden social. ¡Es tan fácil volver a la barbarie! Los efectos del miedo, la histeria colectiva, son muy rápidos; es una emoción básica muy intensa, se ha de tener fortaleza de carácter para no dejarse atrapar por esa emoción primaria», diagnostica Rafa Xambó, profesor de Sociología de la UV, en referencia a episodios como el robo de mascarillas o la compra compulsiva de algunos productos.

La racionalidad y la histeria libran estos días una batalla en los procesos cognitivos de cada ciudadano, en la balanza de cada decisión sobre si acudir a una mascletà o si aprovechar los festivos para hacer una escapada a Italia. «Esto es el resultado de las dos grandes vertientes del miedo. La racional, la prudencia, valorar lo que nos pasa con la razón; y la otra, la más inconsciente, neurótica, en la que lo que ocurre es que toda la componente emocional del miedo se impone sobre cualquier elemento racional, de ahí al pánico, la histeria. Esto se agrava porque el comportamiento colectivo en esta sociedad es casi gregario, hipnótico... Llegan las fiestas o cualquier episodio y todos nos comportamos igual. En una situación de este tipo ocurre lo que los psicólogos clásicos llamaban el comportamiento hipnótico, conducta por imitación. No hay componente racional», explica Ismael Quintanilla, profesor honorario de Psicología Social de la UV.

Hay algo fisiológico en esto. «Tenemos unas estructuras a nivel neuroanatómico, sobre todo la amígdala, que detecta estímulos nuevos amenazantes y genera una respuesta de miedo. Se activa, pero se reconduce y se desactiva», explica Marta Aliño, directora del máster en Neuropsicología clínica de la VIU y doctora en Neurociencia.

La razón no siempre se impone. Hay una parte fisiológica, pero el ambiente moldea el comportamiento. «El miedo es necesario, es conducta adaptativa; si no tuviésemos esa reacción o la capacidad de detectar una amenaza no avanzaríamos como especie», aclara la experta. Y añade: «Una respuesta de estrés aguda es óptimo en un momento dado. Lo que ocurre es que cuando es crónico, no es adaptativo. Hay personas que la procesan mejor. Otros generan una situación de miedo. Y lo contagian a personas que puedan ser vulnerables».

Globalización y orden mundial

El sociólogo de la UV apunta una clave geoestratégica que aumentaría el alcance de la crisis: «Que se haya producido en China, donde se fabrica casi todo, también ha hecho que sea más alarmante. Es curioso que algunas epidemias tan letales nacidas en África no hayan tenido ni el interés ni la difusión que ha tenido este coronavirus. Es un factor geoestratégico y económico a tener en cuenta. La cantidad de interacciones y contactos con China, la de contenedores que salen a todos los puertos del mundo, han incrementado esa sensación de peligro».

La sociedad de la ficción

Asumiendo todas las salvedades, ¿de dónde viene esa fragilidad, cómo esa vulnerabilidad cuando se vive en la era con la formación e información más extendida de la historia de la humanidad? «Vivimos en un mundo de ficción. La mayoría de las personas pasan parte de su día consumiendo ficción. Ahí está el éxito de series, plataformas? Cuando no es esa ficción, es la contemplación de la vida de otros, personajes de programas de cotilleo que ficcionan su vida, construyen relatos de su propia existencia. Vivimos como si estuviéramos desarraigados, fuera de la realidad. En esas circunstancias es fácil creerse cualquier alarma. Toda la gente que se creyó la Guerra de los mundos de Welles en la radio tenía una estructura cognitiva propensa a la creencia. Había sufrido la crisis del 29, se acogió a la fe, gente religiosa, dados a creer en cosas mágicas? Comenzaron a escuchar la radio y la mayoría de los que se lo creyeron no se molestaron ni en mirar por la ventana ni cambiar el dial. Querían creer. Hay una especie de atavismo, de mecanismo del temor de la especie humana».

El profesor Quintanilla desliza otro enfoque para explicar esta especie de sociedad infantilizada: «Vivimos en una sociedad en que parece que la felicidad es la ausencia de miedo, tenerlo todo asegurado. Saber que el sitio al que voy a ir es maravilloso, y que lo sea. Y hacerlo sin esfuerzo ni compromiso. Ese concepto de la felicidad deja mucho que desear porque buena parte de la felicidad viene del sufrimiento. Esto es malo. Estamos en una sociedad que vive sistemáticamente con miedo», concluye el experto en conducta.

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