El estado de alarma y la paralización de la actividad en buena parte de la economía para tratar de frenar la expansión del coronavirus está provocando una progresiva presentación de expedientes de regulación temporal de empleo, los ya conocidos ERTE, que en estos momentos alcanzan la cifra de 500 a nivel estatal. La gran mayoría de mercantiles tienen en cuenta que la situación económica es temporal y cuentan con el componente de «ética y moral». Es decir, son honestas en los motivos que les arrastran a una decisión tan difícil. Pero no es así en todos los casos. Hay empresas que los están planteando «a mucho más tiempo», aseguró ayer el vicepresidente de la patronal española CEOE y presidente de la Confederación Empresarial de la Comunitat Valenciana (CEV), Salvador Navarro, quien avanzó que esas firmas «no deben sentirse representadas ni por la CEV ni por su presidente».

Otras fuentes empresariales confirmaron a este diario que, en efecto, la tentación de la picaresca está presente en una parte del empresariado. De hecho, hay patronales sectoriales que están recibiendo consultas de empresarios que buscan aprovecharse de la situación. Un dirigente que pidió anonimato aseguró indignado cómo un industrial cuya empresa tiene pocas actividad le ha llegado a preguntar si era posible decir que «ha tenido un caso de coronavirus falso para echar a la gente a casa con un ERTE y, en consecuencia, no tener que hacerse cargo de las nóminas».

En relación con esto, el vicepresidente de la patronal española del metal Confemetal, Vicente Lafuente, considera necesario hacer un llamamiento a los empresarios para cortar de raíz estas prácticas. En su opinión, «la picaresca es muy mala. Hay gente que intenta aprovecharse de la situación para hacer cosas que no debe y de lo que se trata ahora es de ser solidarios para salir cuanto antes de esta situación». Lafuente cree razonable que un hotel, un bar, un restaurante o una empresa auxiliar del automóvil, que han tenido que cerrar dada la situación, presenten ERTE, pero «hay subsectores que no deben reducir plantillas porque tienen actividad».

El dirigente del metal indicó que, en esta actividad, el subsector más damnificado es el automóvil en su doble vertiente de industria y comercio, que están ambas paralizadas, también las tiendas minoristas como las ferreterías. Los instaladores eléctricos, de gas y de climatización continúan trabajando aunque algunas obras han echado el cierre. El comercio mayorista, como las grandes ferreterías, el material ortopédico, las telecomunicaciones o el recambio de automóviles y talleres, también, al igual que la industria, que funciona con algunas dificultades por falta de suministros y para enviar productos al exterior.