19 de marzo de 2020
19.03.2020

Estrategia militar contra el virus

Dos equipos de la UME muestran en la estación de metro de Mislata cómo desinfectan cada superficie que ha sido tocada por ciudadanos susceptibles de portar el coronavirus | «La gente colabora e incluso se acercan para darnos las gracias», afirma el brigada Pita

19.03.2020 | 01:07
Estrategia militar contra el virus

El olor penetrante y dulzón de la lejía asciende por los escalones de la boca de metro. Es el rastro inconfundible que van dejando a su paso estos días los hombres y mujeres de la Unidad Militar de Emergencias, la UME, en cuyas manos está la desinfección masiva de todo lugar público con alto tránsito de personas o que ha sido foco crítico de contagios del Covid-19.

Son poco más de las cinco de la tarde, y dos equipos del Batallón de la UME de València, con sede en Bétera, acaban de llegar a las puertas de la boca de metro de Mislata. Es solo uno de los muchos puntos que limpiaron ayer de todo rastro de coronavirus, en València y en el área metropolitana, pertrechados de la mejor arma para esta misión: una solución de agua y lejía a baja disolución -entre un 0,5 y un 1 % es suficiente-, que van rociando pacientemente sobre toda superficie tocada por la población.

La UME ha dividido València, pero también Alicante y Castelló, en sectores y tres secciones del batallón, con sus 158 hombres y mujeres divididos en equipos de entre cuatro y seis personas, recorren pacientemente todos los puntos que les ordena la delegada del Gobierno siguiendo las directrices de las autoridades sanitarias.

Este reportaje se hace, a pie de calle, con esos dos equipos que deben limpiar de rastro de coronavirus la estación de metro de Mislata. Los ocho integrantes de los dos equipos, bajo el mando de un brigada, acceden por una de las escalinatas. A su paso, unos rocían la solución desinfectante sobre los pasamanos y los otros los van secando con papel desechable. «Se trata de eliminar el virus, pero secando las superficies para que ningún ciudadano se manche o sufra daños».

Llegan al hall, y mientras unos se ocupan de las máquinas expendedoras de billetes, otros empiezan a limpiar las validadoras. La única empleada de FGV, dentro de su oficina, les mira y les abre los accesos. No pregunta. Desde hace 72 horas son una imagen repetida y ya familiar. «Nos centramos en todos aquellos puntos donde las personas tocan con sus manos. Barandillas, asientos, máquinas, accesos... Obviamente, un cartel no se limpia porque, en principio, no es una superficie que se toque», explica el brigada Pita.

Sobrepasado el acceso, se dividen, con disciplina militar, en dos grupos. Cada uno se ocupa de uno de los andenes. Apenas hay pasajeros. Un par de hombres, con mascarilla, llegan cargados con sendas bolsas. Vienen de comprar. Entran en el convoy, fantasmagóricamente vacío para ser la hora que es, y coinciden en un mismo vagón, pero se sientan uno en cada punta.

Uno de los soldados -todos llevan mascarilla y guantes, pero no el equipo de protección individual EPI (el buzo blanco), que se reserva para espacios con alto tránsito de personas, como la estación del AVE de València, higienizada ya varias veces por la UME en estos dos días- se emplea a fondo con la máquina de vending que ofrece comida y bebida en mitad del andén, mientras suena sin parar la grabación que informa por megafonía de las restricciones.

Es un escenario de guerra. Y el enemigo es extrañamente invisible. Acaban con todas las superficies y emergen en la boca contraria tras frotar cada rincón, incluidos los pasamanos de la sescaleras mecánicas. La misma operación de desinfección militarmente desarrollada en los tornos de salida.

En veinte minutos escasos han concluido. Si el espacio es más grande, les lleva 40. Y así durante jornadas ininterrumpidas de casi doce horas, durante dos días consecutivos, otros dos en la base, en Bétera, de retén, y al tercero, vuelta a la calle, explica el teniente de Arellano, encargado de todos los equipos que trabajan en València y alrededores.

Sin confinamiento no hay solución

Pero, ¿qué pasa cuando vuelven a entrar nuevos usuarios? «Por eso repetimos en los sitios en la medida en que se puede,, porque València es muy grande y nosotros somos pocos», aclara el brigada. Y añade: «De todos modos, no es lo mismo la cantidad de virus que podía haber al principio, que las posibles reinfectaciones posteriores, en superficies ya limpiadas. El riesgo es menor».

Eso sí, hay un problema: ellos mismos han observado que ayer, miércoles, había más gente por la calle y en los transportes públicos que solo un día antes. Mal augurio. Y mala estrategia ciudadana para combatir la expansión, ya que si no se cumple con el obligado confinamiento, la curva de crecimiento de la pandemia no dejará de crecer y la titánica lucha por controlar el alocado crecimiento de contagios y recontagios será estéril.

"Eso sí", señala el brigada Pita, «la colaboración es absoluta. Incluso se acercan para darnos las gracias». Queda esperanza.

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