La música tiene la extraordinaria habilidad de evadir a las personas de su realidad y sumergirlas en un mundo platónico, en el que poder liberar sus sentimientos. Ayer, los músicos valencianos volvieron a demostrar el enorme valor que suponen para la Comunitat Valenciana. En uno de los momentos más tristes de la historia reciente, con cientos de millones de personas confinadas en sus casas, los músicos volvieron a dar una lección de unión, fuerza y solidaridad.

A las 12 horas, miles de valencianos salieron a sus balcones para poner un toque musical al día de Sant Josep, tan especial para muchos valencianos y valencianas. La suspensión de las Fallas también supuso la cancelación de cientos de pasacalles que ponen la música cada año a la fiesta a lo largo de toda la Comunitat. Sin embargo, los músicos quisieron darle ayer a la sociedad valenciana una pequeña parte de todo aquello que aportan cada día a la cultura valenciana.

La iniciativa, impulsada por la Federación de Sociedades Musicales de la Comunitat Valenciana (Fsmcv) y con la colaboración de influencers como Eugeni Alemany o Raúl Antón, convocó a todos los músicos valencianos para interpretar dos de los pasodobles más reconocidos de nuestra música, bajo la dirección de Pere Vicalet, quien dio la entrada a través de las redes sociales de la Fsmcv. Durante poco más de cinco minutos, todos los rincones de la Comunitat Valenciana se impregnaron de la música de Paquito el Chocolatero y de Amparito Roca.

Individualmente, en pequeños grupos dentro de una misma casa o con agrupaciones improvisadas entre balcones, todos los vecinos y vecinas de la Comunitat Valenciana pudieron evadirse durante unos minutos de la cruda realidad que golpea al sistema sanitario mundial y disfrutar del mejor patrimonio cultural que tiene nuestra sociedad: la música.

En las tres capitales de provincia, sus áreas metropolitanas y los 542 pueblos que conforman sus 34 comarcas se pudo escuchar algún músico interpretar parte del repertorio musical valenciano.

Referente de la música valenciana

Si existe un municipio que pueda considerarse como el referente de la música valenciana, sin lugar a dudas, es Llíria. La localidad del Camp de Túria, con casi 23.000 habitantes, el municipio español con el mayor porcentaje de ciudadanos con estudios musicales y aficionados a la música que forman parte de sus dos sociedades musicales: la Banda Primitiva y la Unió. Además, recientemente fue declarada Ciudad Creativa de la Música por la Unesco.

Ayer, cientos de músicos salieron a sus balcones en Llíria para mostrar su apoyo y solidaridad en estos momentos: «Hemos demostrado la implicación de los músicos en combatir esto que estamos sufriendo», aseguró el presidente de la Primitiva de Llíria, José Luis Pérez.

Muchos de los 400 músicos federados por esta sociedad salieron ayer a la calle y «vivieron intensamente el acto», señaló el propio presidente. «En casi todas las casas hay algún músico y con esto pretendemos ayudar a llevar mejor esta situación», confirmó el propio José Luis Pérez, quien espera «retomar pronto la actividad en las calles, aunque «lo principal es preservar la salud».

Por su parte, representantes de La Unió de Llíria destacaron el éxito del evento en la localidad: «Estamos muy contentos porque la música ha ganado mucho protagonismo y nos hemos dado cuenta que da vida», afirmaron.

El presidente de la sociedad, Josep Vicent Pedrola, recordó que «la música es comunicación y muy importante en estos momentos» y adelantó que la entidad tiene otros planes preparados para sorprender próximamente a los vecinos de la localidad.

Los músicos de ambas entidades se volcaron con la iniciativa e incluso tocaron más piezas de las que, inicialmente estaban programadas. En algunas calles céntricas, como la de Sant Vicent, se llegaron a congregar hasta casi veinte músicos.

Por último, pese a la rivalidad existente entre ambas asociaciones, aunque «buena», se dejó de un lado para atender el bien común: «Esto estaba por encima y todos han apostado por ello», remarcaron.

Pasodobles desde el extranjero

Otra de las cosas que demuestra la música es que no existen fronteras. La música no entiende de colores, banderas ni políticas y ayer, cientos de valencianos demostraron que tampoco entiende de distancia.

La lluvia que arreciaba ayer en Oviedo no impidió a Noelia Graciá para abrir su ventana e interpretar los pasodobles valencianos con su bombardino. A pesar que, al principio, provocó algunas risas entre sus compañeros de piso, la joven músico de la Unió Musical Santa Cecilia de Onda confesó haberse quedado «más ancha que larga».

Un caso similar vivieron Juan Sempere y Silverio Duato, dos valencianos que comparten barrio en Palma de Mallorca y que ayer no dudaron en sacar su clarinete y su oboe a los balcones para entonar Paquito el Chocolatero, a pesar de «algún problema técnico» con la conexión.

Fuera de nuestras fronteras también se pudo escuchar nuestra música, gracias a valencianas como Elena Biosca, quien improvisó un traje con el escudo artesanal de la Banda Primitiva de Rafelbunyol y, junto con su novio austriaco, entonó con su clarinete el famoso pasodoble en Viena: «Ahora el vecindario ya conoce Amparito Roca». O Sergio Camarasa, quien tuvo que subirse a una mesa con su cello para presentarle a Varsovia los pasodobles de su tierra: «Quería contribuir con mi granito de arena».

Por último, aunque con un poco de desfase horario, Lourdes Chuliá salió a su balcón en Míchigan para participar en el evento: «La música puede ser un medio para dar alegría», aseguró la joven oboe de la Lírica de Silla y la Unió Musical de Torrent.

Todos ellos quisieron evidenciar su vinculación con la Comunitat Valenciana y, a la vez, ayudaron a traspasar la filosofía del evento a otras ciudades.