21 de marzo de 2020
21.03.2020
Levante-emv

Decenas de controles policiales para evitar escapadas de fin de semana

La Policía Nacional y la Local en València, y la Guardia Civil en las principales vías, sancionan a un elevado número de personas por intentar huir ayer a segundas residencias saltándose el confinamiento

20.03.2020 | 23:54
Decenas de controles policiales para evitar escapadas de fin de semana

«Buenas tardes, caballero. ¿Adónde se dirige?». «A mi casa, es que vengo de trabajar». «Muy bien. ¿Y dónde vive usted? Muéstreme el DNI y el certificado de que está trabajando, por favor». Es el diálogo más repetido en las decenas de controles que la Policía Nacional, pero también la Local y la Guardia Civil montaron ayer en las principales salidas de València y en las vías de acceso a la ciudad en un intento por evitar que se reprodujera el éxodo de fin de semana que protagonizaron los madrileños cuando la pandemia de coronavirus ya había hecho estragos en la capital y trataban de escapar hacia las playas valencianas o hacia segundas residencias.

Ahora, la situación es muy distinta. Desde las 0.00 horas del pasado domingo, 15 de marzo, el país está en un excepcional estado de alarma y toda la ciudadanía debe permanecer confinada en sus casas, a buen recaudo, para tratar de frenar la vertiginosa curva de ascenso de contagios y evitar el colapso de la Sanidad que han sufrido otros países, como China, Italia o Irán. Y quedarse en casa significa literalmente eso, quedarse en casa.

Aún así, muchos madrileños volvieron a intentar escaparse ayer de la ciudad, a pesar de los controles constantes e intensivos de todo el día. Así lo aseguró ayer la Dirección General de Tráfico (DGT), que advirtió de tráfico intenso a última hora de la tarde en Madrid y también en otras grandes ciudades, entre ellas València, en este caso en la V-31 (pista de Silla), a la altura de Beniparrell.

Algo similar había ocurrido a primera hora de la tarde, entre las 12.30 y las 15.00 horas, pero en un punto muy concreto: la salida hacia la CV-35 (pista de Ademuz). Allí se produjeron considerables retenciones, que inicialmente fueron atribuidas al éxodo masivo de valencianos hacia sus segundas residencias. Y hubo casos. Decenas de denunciados que posiblemente encajan en ese perfil insolidario (la mayoría no lo admitieron, sino que trataron de esgrimir excusas no válidas, por lo que acabaron igualmente sancionados), pero la «inmensa mayoría de los conductores eran trabajadores que regresaban a sus viviendas tras concluir la jornada laboral. Al ser viernes, acabaron a esa hora y no por la tarde, como es habitual», explica un portavoz de la Policía Nacional, quien admite que el propio control provocó el atasco.

Pero, a estas alturas del confinamiento, es necesario, precisamente para evitar la insolidaridad de quienes inventan excusas para salir del domicilio a sabiendas de que no deben hacerlo.

«Más del 90 por ciento de la gente lo ha entendido y obedece. La inmensa mayoría van solos en el coche, y los que no, o bien son compañeros de trabajo o es un miembro de la pareja que lleva al otro porque no tiene carné. Y van uno conduciendo, y el otro detrás», explica el subinspector Calvo, al mando de los diez agentes encargados de uno de los controles en el que se lleva a cabo este reportaje a pie de calle.

Testigos en primea fila


Somos testigos de que es así: el tráfico, que lo hay, no sólo es bastante bajo, sino que ningún conductor o conductora del medio centenar que acabó pasando por este primer control, montado en el Pont de les Arts entre las cinco y las cinco y media largas, se llevó consigo una multa al cerrar la ventanilla: todos cumplían con las restricciones.

El objetivo era comprobar si quien estaba circulando por la ciudad lo hacía por alguna de las excepciones que contempla el decreto de alarma: ir o regresar del trabajo, acudir a un centro sanitario o a comprar alimentos, fármacos, tabaco o repostar, siempre y cuando sea para llenar de carburante el vehículo que se necesita para ir al trabajo. Y muy pocas excepciones más.

En esta ocasión, los coches y furgonetas, y algún ciclista, exhiben todos su justificación. «Casi todos llevan el certificado que le han expedido en su empresa para seguir trabajando», comenta Calvo ante el décimo coche en el que se repite la escena al entrar en el único carril que deja libre el despliegue de los agentes, todos ellos pertrechados con mascarilla y guantes y estratégicamente colocados entre los furgones y el pasillo de conos que indica por dónde circular.

Otra cosa es el DNI. Portar siempre el documento de identidad es obligatorio. Al igual que lo es tenerlo con el domicilio actualizado -trámite gratuito, por cierto- y mostrarlo a cualquier agente de la autoridad que lo solicite. Eso, sin estado de alarma. Con él, y con una elevadísima probabilidad de que cualquier ciudadano acabe dando explicaciones al policía de turno, resulte inconcebible que la mayoría ni siquiera lo lleve a mano. Y ocurre ante nosotros: varios conductores provocan el atasco al demorarse buscando aquí y allá un DNI que, cuando, aparece, recoge un domicilio «de hace tiempo. Es que no he tenido tiempo de ir a cambiarlo». De nuevo, paciencia ante los esques: «Caballero, es obligatorio llevar la documentación actualizada. ¿Tiene otro documento para acreditar su domicilio? ¿Contrato de alquiler, recibo del seguro, del agua?».

Otro tres minutos de búsqueda atolondrada por el interior del vehículo, los nervios empiezan a aflorar en la cola, alguno saca la cabeza por la ventanilla, la multa parece inminente. En el último momento, rescata un recibo y lo exhibe triunfal. En tiempo de descuento, pero salva la sanción.

Hace un rato, el mismo equipo impuso cinco de golpe: a otros tantos ciudadanos albaneses, sin documento de trabajo ni domicilio conocido, circulando juntos en el mismo coche por la ciudad. Increíble, pero cierto.

El subinspector alza la voz para hacerse oir: «¡Nos vamos. Recoged. Cambiamos ya!». En menos de tres minutos no queda ni huella del filtro policial y el tráfico vuelve a fluir.

Recorremos toda la ciudad. Hay controles en la avenida del Cid, en la salda hacia Ademuz... En todos reina la calma. Apenas hay tráfico. Son ya las seis pasadas. A estas horas, más de un centenar de ciudadanos han sido denunciados por la Policía Nacional, la Local y la Guardia Civil por tratar de escapar de la ciudad.

Segundo control, en la salida hacia Picanya y Torrent, donde muchos valencianos tienen su segunda residencia a tiro de piedra. Cincuenta coches más tarde, cuando el atasco amenaza con colapsar la rotonda de Archiduque Carlos, el subinspector decide levantarlo y buscar otro punto de la ciudad, al constatar que no había ciudadanos fuguistas en este punto. Solo trabajadores que volvían a casa y algún ciudadano que buscaba la entrada al supermercado alemán sita nada más rebasar el control policial. Son ya casi las siete.

Antes de darlo por concluido, llegan dos autobuses de la EMT. Los paran. Los conductores ni se inmutan, saben que esto es lo que hay. Dos agentes se asoman al interior y comprueban que se cumple más que sobradamente el aforo: cero pasajeros en ambos, de hecho. Cinco minutos después, ya no queda ni rastro de los policías.

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