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Confinados por el mundo

Cinco valencianos, residentes en grandes metrópolis, explican las diferentes formas en que en los estados y las sociedades gestionan la pandemia. Tokio, Bruselas, Chicago, Londres y Buenos Aires: cinco esperanzas o cinco temores contra el Covid19

Confinados por el mundo

Confinados por el mundo

JOSÉ MARCO. Chicago, Estados Unidos . 19.624 infectados, 260 muertos

«Da la sensación de que viendo lo que está pasando en España estamos observando lo que en un futuro muy próximo va a ocurrir aquí». La frase es de José Marco, valenciano asentado en Chicago desde hace años junto a su mujer María, y también su hija de dos años Claudia, autoconfinados en casa por voluntad propia, aprovechando las opciones de teletrabajo que sus oficios les permite. La frase es de Marco, sí, pero podría ser de cualquiera de los valencianos que, desde buena parte del mundo, viven estos días de excepción con incertidumbre, pendientes de su realidad inmediata y también de lo que ocurre en España, tercer país del mundo con más contagiados. Y subiendo.

En Estados Unidos, cuenta este valenciano que trabaja en una organización de políticas públicas para la comunidad latina, la preocupación es doble: «Aumenta el número de positivo y también, aunque tibiamente, el número de muertos». Pero inquieta más la gestión del Gobierno de Trump. «Hubo mensajes contradictorios: al principio parecía que no pasaba nada; luego comenzaron a adoptarse medidas que nos hacían pensar que esto iba más en serio». En Chicago, Illinois, están cerrados colegios, bares y restaurantes; la gente sale a la calle, pero cada vez menos, se evita el contacto social y básicamente acuden a aprovisionarse de víveres, lo cual ha sido costoso los primeros días de afluencia masiva a los supermercados. «La gente está concienciada», opina. No ha hecho falta el estado de alarma. Otros puntos del país, como California, acaban de decretar el cierre total. «Todos vamos al toque de queda», asume resignado.

Periodista de formación, Marco enumera con crudeza algunos detalles que aumentan el desasosiego: «Para empezar, desde hace un año aproximadamente el departamento que tendría que estar encargado de la seguridad sanitaria en coordinación con otros países está cerrado. Por otro lado, el centro de enfermedades infecciosas, el CDC, perdió alrededor del 80% de su financiación hace poco con el Gobierno de Trump. También se ha conocido que el los test para determinar si una persona está infectada o no, no eran concluyentes, y tuvieron que hacer ajustes». En ese contexto, parte de la población teme que el número de infectados no refleje cual es la realidad de la curva de contagios, asegura.

PEPE DÍEZ. Bruselas, Bélgica . 2.815 infectados, 67 muertos

«Bélgica es pequeña y compleja», señala desde Bruselas Pepe Díez, de Riba-roja, que lleva once años trabajando en la Comisión Europea. La amenaza del Covid19 ha acabado con la pertinaz indecisión belga para formar gobierno: «Llevaban meses sin Ejecutivo, algo habitual. Se ha formado un Gobierno de concentración nacional con unos diez partidos. Excepto la extrema derecha flamenca y la extrema izquierda marxista valona, todos han entrado a colaborar, dada la situación». En las medidas tomadas, Bélgica ha ido justo detrás de Francia, y disponían de las referencias de los veloces estragos de la pandemia en Italia y España. «Las medidas son similares. Una acertada diferencia es que se puede salir a pasear, no solo animales. Y pasear con gente que vive en la misma casa. Todo se basa en el civismo, no es necesario un policía en cada esquina. Es sentido común. Si la gente ya vive junta, no hace la diferencia que salgan juntos a pasear o en bici. Si se respeta la distancia social, no hay problema en salir a gozar del excepcional buen tiempo. Son medidas desde el realismo».

Pepe y su esposa, Eva, viven en una zona residencial en pleno campo cerca de Bruselas, con sus dos hijos, Axel, de cinco años y medio, y Diego, de seis meses. No da la impresión, por la cantidad de vecinos que pasean guardando la distancia, que sea una zona confinada. «Al estar en el campo se lleva mejor. Axel solía quedar a jugar con una vecina, ya no lo hará porque somos estrictos con el aislamiento. Eva está de baja de maternidad por Diego, y trabajar es complicado porque Axel no es independiente y está por medio en todo momento, preguntando qué hacemos. El ritmo de trabajo no puede ser el mismo que estando en la oficina. Es un teletrabajo condicionado, hay una comprensión laboral de la situación en todas las empresas, pero no será sostenible a largo plazo», vaticina. De hecho, la Comisión Europea ya tenía preparado el aislamiento y lo ha ejecutado cuando Bélgica ha dado el paso. «Las herramientas de trabajo a distancia están muy desarrolladas, tenemos acceso a todas las carpetas como si estuviéramos en la oficina. Funciona muy bien, aunque la CE tenga 30.000 trabajadores. En las cifras de afectados, estamos a la mitad de la gravedad que España, en términos porcentuales. Tenemos las esperanza de que la evolución sea la de Corea del Sur», se despide.

REBECA MATEOS. Buenos Aires, Argentina . 158 infectados, 3 muertos

En Latinoamérica, Argentina vigila con inquietud el avance europeo de la pandemia. El nuevo Gobierno peronista decretó la cuarentena absoluta este jueves, tras las primeras medidas parciales del lunes. Los contagiados apenas superaban el medio centenar en Buenos Aires, aunque el virus ya se ha diseminado por todas las provincias. Se cerraron museos, lugares turísticos y fronteras aéreas con países con un foco importante de infección. La emergencia sanitaria llega «en un escenario socioeconómico delicado», apunta desde el barrio bonaerense de Núñez, donde vive desde hace cuatro años Rebeca Mateos. La periodista, de Xirivella, recuerda que la inflación en 2019 aumentó en un 50%, la más elevada en veinte años, con las medicinas hasta un 72% más caras. El índice de personas por debajo del umbral de la pobreza está en el 40%. Un marco crítico para afrontar una pandemia con estructuras sociales que han padecido los recortes neoliberales desde la década de los 90, corralito de 2001 mediante, hasta el Gobierno de Macri.

Rebeca regenta junto a su pareja un pequeño negocio de diseño, fabricación y venta de muebles y juguetes infantiles de madera. «Hemos notado la baja de pedidos en la última semana porque la gente está paralizada. Trabajamos siempre desde casa, en un taller que tenemos abajo, y la única diferencia es que nuestra hija pequeña no va al colegio, lo que hace el trabajo un poco más caótico. Si se decreta la cuarentena absoluta y no podemos salir a entregar, hasta final de mes podremos sobrellevar la situación; si se alarga, como autónomos, nos deberían dar una solución porque los pagos y el sustento dependen de este emprendimiento. Con los precedentes de Italia, China o España, debemos frenarlo porque sería devastador». «No hay la suficiente estructura sanitaria pública, hay grandes listas de espera y un gran número de población en condiciones muy precarias, en barrios que no están asfaltados y donde en algunos casos no hay agua corriente y luz a duras penas, en casas de ladrillo y techos de chapa. A toda esa población el virus le va a afectar más porque la sanidad pública está en condiciones muy críticas, ya de por sí saturada. No me lo quiero ni imaginar», teme Rebeca.

NOELIA MARTÍNEZ. Londres, Reino Unido. 3.983 infectados, 177 muertos

«La manera en la que Johnson está gestionando esta pandemia ha sido muy cuestionada. Así como en otros países de la UE se están tomando medidas de prevención desde hace un par de semanas, aquí se ha esperado hasta el último momento. Uno de los primeros discursos que dio fue chocante porque dijo la frase 'Tenemos que asumir que mucha gente se va a morir', y se quedó tan ancho», apunta con cierta preocupación Noelia Martínez, vecina de Xirivella que desde hace cuatro años reside en Londres como profesora en un colegio de niños con necesidades especiales. Pese a que en su día a día no utiliza el transporte público, la valenciana constata que los mensajes confusos que transmite Downing Street han «creado un ambiente de tensión en el país que se nota muchísimo. Se ha esperado hasta el último momento para el cierre de colegios, ha priorizado la economía. Johnson estaba convencido de que países como Italia y España van a sufrir una recesión importante y no quería que pasase eso en Reino Unido, por eso ha tardado en tomar medidas drásticas. Pero ahora el número de contagios se está disparando», lamenta Noelia Martínez. «Lo que todo el mundo piensa es que vamos a llegar a la situación que se está viviendo en España», aventuraba este pasado jueves. En las últimas horas, de hecho, el número de muertes comienza a crecer.

Londres, constata, ha vivido las mismas escenas de pánico que se produjeron primero en Italia y luego en España. Su Tesco (la cadena de supermercados de referencia) aparece arrasado cada tarde, cuando pasa en su camino de cinco minutos a casa desde el colegio. «La gente se ha vuelto loca. Es imposible encontrar papel higiénico a no ser que vayas a las siete de la mañana y estés haciendo cola desde antes. Pasta, huevos, aceite, fruta, carne, pescado, congelados... cero. Hoy solo he podido comprar yogur y leche», relata.

DIEGO NIEVES. Tokio, Japón . 1.054 infectados, 36 muertos

«Japón fue uno de los primeros países afectados, por la proximidad con China, y fue rápido en actuar. Habiendo pocos infectados se cerraron colegios, parques de atracciones, teatros, se canceló la maratón de Tokio. Esta será la tercera semana sin colegio. Se recomendó evitar sitios con mucha gente y teletrabajar». El relato de Diego Nieves, vecino de Tavernes Blanques que lleva varios años en Japón con una constructora que desarrolla proyecto de energía fotovoltaica, habla de una sociedad eficaz. «Nunca ha dejado de haber gente por la calle. No se ha hecho un cierre general. Sí se nota menos afluencia en el metro, tanta como puede haber en València un día normal. Parece que ha descendido el ritmo de infectados. Yo lo veía todo de una manera ajena. Os leía y me parecía todo un poco exagerado. Ahora que aquí está todo más calmado, y que tenemos todo esto montado en España, estoy más concienciado y voy con más cuidado», añade Diego, que está optando por 'autoconfinarse', diciendo a muchos planes que no, pese a que en su entorno la vida sigue igual. Eso sí, prácticamente el 90% de la población va con mascarilla desde el principio, apunta como factor que puede explicar, entre otros, la contención del virus, el de una sociedad muy higiénica.

No es un año cualquier para esta metrópolis que suma casi 40 millones de habitantes. Este verano hay Juegos Olímpicos. «Justo ayer el Gobierno tomó una medida que no tiene que ver con prevención local sino con la gente de fuera. Puedo salir de Japón pero no pueden entrar españoles sin visado. De momento no se ha declarado el estado de emergencia. Sales a la calle y la cosa está normal. La normalidad que hay aquí también me da que pensar. No sabemos la gente que hay infectada porque no todo el mundo se hace la prueba. Lo que sí que está claro es la cifra de muertos aunque si alguien muere y no se le hace la prueba también es relativo. Japón se juega mucho. Los Juegos penden de un hilo. Sería un golpe. No quiero ser conspiranoico pero uno no sabe la certeza de las informaciones. Me asusta un poco la tranquilidad que hay aquí», reflexiona. Y, desde hace unos días, vive más pendiente de España que de Japón: «Es tan contradictorio estar así, viendo cómo está España y aquí los bares abiertos. ¿Tan seguros estamos ya, habiendo cerrado el colegio tres semanas y no ha dejado de haber gente por las calles?», concluye.

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