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El cambio de hora llega en el peor momento

Los psicólogos advierten de que el incremento de horas de luz a partir del domingo puede provocar frustración y ansiedad durante el confinamiento

Una mujer lee en un balcón de València durante el confinamiento.

Una mujer lee en un balcón de València durante el confinamiento. l-emv

La próxima madrugada del sábado 28 al domingo 29 de marzo se producirá un nuevo cambio de hora. Las dos de la madrugada pasarán a ser las tres y así entrará en vigor el horario de verano. Pese a las molestias que suele provocar esta modificación, el paso que supone para empezar a disfrutar de cada vez más horas de luz al día suele provocar más alegría que enfado... Excepto, quizá, este año, cuando tendremos que observar este cambio desde las casas en las que estamos confinados por el coronavirus.

«Este cambio de hora en primavera siempre apetece porque empezamos a tener más horas de luz a lo largo del día, pero por esta misma razón, ese cambio ahora pueda provocar ansiedad -explica María José Jorques, doctora en Psicología y profesora de la Universidad Católica de València-. Vamos a tener más horas de luz y no vamos a poder salir para disfrutarlas».

El vicedecano del Colegio Oficial de Psicología de la Comunitat Valenciana, Óscar Cortijo, está de acuerdo con Jorques. «La percepción de más horas de luz probablemente provoque que la hora de acostarse se alargue en todas las edades y la sensación de enclaustramiento se magnifique», advierte.

Además de psicólogo, Cortijo es coordinador para la Comunitat Valenciana de la Comisión Nacional para la Racionalización de Horarios Españoles (ARHOE), que considera «inadecuado» este cambio de hora ya que, a su juicio, «agrava la irracionalidad de los horarios españoles» y «dificulta la conciliación y la productividad». Cortijo subraya que las medidas impuestas por la alarma del coronavirus «están exigiendo una madurez de los españoles para quedarse en casa y, a pesar de la dificultad del hacinamiento, miedos y cambio de hábitos, manejar la situación de la mejor forma posible». Pero a este esfuerzo hay que añadir ahora el del incremento de la luz solar, un elemento que estimula a salir y no quedarse en casa en situaciones cotidianas. «Ante el estado de alarma que ya por sí es un elemento que activa la frustración al coartar la libertad de movimientos y aunque racionalmente comprendamos la necesidad y responsabilidad que tenemos de no salir, va a ser otro elemento más a introducir a ese 'tsunami' emocional -subraya Cortijo-. Aquellas personas con una baja tolerancia a la frustración o que no estén tomando medidas para amortiguar el impacto del confinamiento, unido al paso del tiempo, es un elemento crítico que puede agravar la salud mental del país».

Adaptar las rutinas

¿Y qué medidas tomar? Jorques recomienda mantener las rutinas que se han seguido hasta ahora, aunque adaptándolas al nuevo horario. «Para los niños es mejor retrasar la hora de los juegos, del baño o de la cena, porque puede ser muy difícil llevarles a la cama cuando todavía no es de noche», explica la doctora, quien también sugiere «trasladar» las actividades familiares a las zonas de la casa en las que haya más luz.

«Hay que mantener rutinas y planificar correctamente el día -añade Óscar Cortijo-, mantener hábitos de higiene, estudio y ocio dentro del hogar, evitar la sobreinformación, no fijar una fecha del final del confinamiento (es un dato que desconocemos y puede variar en función de la evolución de la curva de contagios y muertes en España), ya que incrementa la ansiedad y puede amplificar aún más los síntomas del confinamiento si las expectativas de plazo no se cumplen».

Para los más mayores, el también responsable de Personas de la Universidad CEU Cardenal Herrera recomienda «reducir el aislamiento a través de los medios que dispongamos siendo solidarios, ya no solo con los familiares sino con personas dependientes cercanas donde su vulnerabilidad nos exige como ciudadanos ayudar y preservar a este colectivo».

Para los menores,el vicedecano de los psicólogos valencianos indica que es importante explicarles la situación de forma adaptada, es decir, «ni banalizando ni magnificando». «También -añade- crear hábitos preventivos (lavado de manos), trasmitirles la importancia de ayudar a los demás quedándonos en casa, permitir que expresen sus emociones y como adultos atenderles tanto en sus quehaceres diarios como en sus juegos». «Es una oportunidad, a pesar de la dificultad, de potenciar los lazos de unión entre todos e intentar que esta ruptura de la cotidianidad afecte lo menos posible a su educación», concluye.

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